Logotipo completo Juego Final

Ruben Amorim reflexiona sobre su paso por el Manchester United

Ruben Amorim ya no mira atrás con rabia, pero tampoco con indulgencia. Su etapa en el Manchester United, corta y áspera, terminó en enero con un despido que nadie en Old Trafford discutió demasiado. Hoy, desde el banquillo del AC Milan y en plena gira de pretemporada por Australia, el técnico portugués ha puesto palabras claras a aquel fracaso: “Cometí muchos errores”.

Los números explican parte de la historia. En la Premier League, Amorim firmó el peor porcentaje de victorias de cualquier entrenador del United (32%), el peor registro de goles encajados por partido (1,53) y el porcentaje más bajo de porterías a cero (15%) en la historia del club. Demasiado castigo para un equipo que se sigue midiendo a sí mismo con el espejo de sus años dorados.

Pero el propio entrenador se ha encargado de subrayar que no fue solo cuestión de estadísticas ni de contexto hostil. Hubo autocrítica. Y mucha.

Del naufragio en Old Trafford al reto en San Siro

El despido llegó en enero, en medio de tensiones crecientes con la directiva del United. El punto de ruptura se hizo visible tras un partido en Elland Road ante el Leeds, cuando Amorim, ante los micrófonos, cuestionó públicamente a los responsables del club y les pidió centrarse en sus propias tareas. Aquella frase marcó un antes y un después en una relación ya erosionada.

El club tuvo que asumir una compensación de 15,9 millones de libras por su salida y la de su cuerpo técnico —Carlos Fernandes, Adelio Candido, Emanuel Ferro y Jorge Vital—, una factura que se aligeró cuando el AC Milan decidió apostar por él el mes pasado.

En Italia le recibieron con otra mirada. En declaraciones a Sky Italia, Amorim explicó por qué el club rossonero decidió jugársela con él: “Me contrataron porque sintieron que yo era la persona adecuada para la forma en que quiero jugar. Quieren jugar del mismo modo, pero creo que me ficharon no solo por mi éxito, sino también por mi experiencia en un club top como el Manchester United y por las reflexiones que compartí en nuestras reuniones con el señor Cardinale”, señaló, en referencia al propietario del Milan.

Ahí, en esas “reflexiones”, está el giro de guion de su carrera. El fracaso como valor añadido.

“Entendieron que estaba preparado para este trabajo, no solo por mis éxitos pasados, sino también por mis fracasos. Creo que eso ayudó mucho en esas reuniones”, añadió el técnico.

“No solo fue culpa de ellos, también fue culpa mía”

Cuando le preguntaron directamente qué salió mal en el United, Amorim evitó recrearse en viejas heridas, pero no esquivó su parte de responsabilidad.

“Lo primero es que ya no importa. Esa es la sensación. Hay una historia, luego pasa algo, el contexto cambia y te centras en el siguiente desafío”, dijo.

La frase suena a tópico hasta que llega el matiz: “He aprendido mucho. Sería difícil señalar una sola cosa, pero lo importante, lo que sé claramente, es que cometí muchos errores. Cuando haces este tipo de reflexión y entiendes que no fue solo culpa de ellos, sino también culpa mía, creo que puedes ser un mejor entrenador y un mejor hombre”.

No hay coartadas. Ni referencias a lesiones, ni a fichajes fallidos, ni a despachos divididos. Amorim asume la parte que le toca en una etapa que, deportiva y políticamente, le devoró.

Un milanista en el banquillo del Milan

Ahora el portugués se mueve en un entorno que siente mucho más propio. Lo ha dicho sin rodeos: este reto es distinto porque, desde niño, fue seguidor del Milan.

“Estuve muy honrado de ser entrenador del Manchester United en su momento, pero ahora estoy en el Milan”, subrayó. “Hablé con gente del club, como Massaro y Baresi, y hemos intercambiado mensajes. Eso es lo más importante: entender qué tipo de club es y cuál es su historia”.

En San Siro, esa historia pesa toneladas. Para Amorim, sin embargo, la identificación es inmediata: “Para mí ha sido más fácil esta vez, porque he sido aficionado del Milan desde que era un niño. Entiendo la cultura del club y su historia”.

El pasado, eso sí, no le sirve como escudo. Lo usa como punto de partida.

“Pero eso es el pasado. Nuestro objetivo es ser el nuevo futuro. Me eligieron por una razón, y una de las razones es que me gusta mirar a equipos que están sufriendo”, explicó.

Reconstruir desde las cicatrices

La frase encaja con el momento del Milan: un gigante que compite, pero que quiere volver a mandar. Amorim ve potencial en lo que se va a encontrar puertas adentro.

“Sé que es duro, pero queremos reconstruir algo. Tenemos muchas cosas en un buen lugar. El staff está en un buen lugar; la organización es fantástica”, detalló.

El portugués no se esconde ante la dimensión del desafío. Tampoco lo maquilla con promesas vacías. Lo define, casi, como un destino personal.

“Si este es mi destino final, estaré encantado, porque es un sueño entrenar a este club”.

De Manchester se lleva cicatrices y una factura deportiva que quedará en las estadísticas. De Milan, aspira a salir con algo muy distinto: un proyecto que confirme si aquel “fracaso útil” en Old Trafford fue solo una caída o el punto de inflexión de un entrenador que ha decidido mirarse al espejo antes de volver a mirar al banquillo.

Ruben Amorim reflexiona sobre su paso por el Manchester United