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La relación entre Gianni Infantino y Donald Trump bajo la lupa del Congreso

La relación entre Gianni Infantino y Donald Trump entra en el punto de mira del Congreso

La alianza entre la Casa Blanca de Donald Trump y la FIFA de Gianni Infantino ha dejado de ser un simple rumor de pasillos. Ahora entra en terreno formal y explosivo: el presidente de la FIFA ha sido requerido para comparecer ante el Comité Judicial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

No se trata de una invitación de cortesía. Es un aviso político y jurídico.

Una relación demasiado cercana

Infantino y Trump han cultivado durante años una relación estrecha, visible y, para muchos, incómoda. El dirigente suizo no solo otorgó a Trump el primer FIFA Peace Prize, un gesto simbólico de enorme carga política, sino que llegó a instalar una oficina en Trump Tower, en Nueva York.

El poder del entonces presidente estadounidense se dejó sentir también en la escenografía del fútbol mundial: el sorteo del Mundial fue trasladado al John F. Kennedy Center, en Washington, un recinto que había sido tomado por el equipo de Trump para sus propios fines. El fútbol, cada vez más, pisaba territorio político.

El punto de ebullición llegó en el último Mundial. Trump contactó directamente con Infantino para intentar levantar la sanción impuesta al delantero de la USMNT, Folarin Balogun. La petición prosperó. La sanción se levantó. Y el gesto encendió las alarmas: la Federación Noruega de Fútbol, muy crítica con la gestión de Infantino, presentó una queja formal.

La ofensiva de Jamie Raskin

En este contexto irrumpe Jamie Raskin, uno de los rostros más reconocibles del Partido Demócrata en la Cámara. El congresista ha remitido una carta a Infantino solicitando una entrevista formal ante el Comité Judicial para desgranar la naturaleza real de su relación con Trump, dentro y fuera del terreno de juego.

“El más reciente quid pro quo que la FIFA y el presidente Trump orquestaron no es un crimen sin víctimas. Perjudica a los estadounidenses”, escribió Raskin. El tono no deja lugar a interpretaciones: acusa a la FIFA de haber leído su “estatus privilegiado” dentro de la Administración Trump como una licencia para exprimir a los aficionados.

Raskin señala directamente prácticas como la supuesta especulación ilegal de precios y tácticas de venta fraudulentas en torno al Mundial, presentadas como parte de un esquema que habría perjudicado a los consumidores estadounidenses.

Ecos del caso Blatter y acusaciones de soborno

El ataque va más allá de la coyuntura política actual. En su carta, Raskin compara las maniobras de Infantino con los escándalos de corrupción que derribaron a su predecesor, Sepp Blatter.

Habla de “soborno descarado”. Asegura que los estadounidenses han sido “defraudados y manipulados” por la FIFA en relación con las finanzas desorbitadas del Mundial, un asunto que sigue bajo investigación de la fiscal general interina de Nueva Jersey, Jennifer Davenport.

La misiva “sirve como notificación” formal: Raskin exige que Infantino preserve y presente pruebas de toda la comunicación “entre personal de la FIFA e individuos vinculados con la Administración Trump o su comité inaugural”. No es solo un gesto político; es un movimiento para blindar documentación de cara a posibles pasos legales futuros.

Infantino, además, es requerido para acudir a una entrevista transcrita, donde tendría que defender, punto por punto, su relación con Trump.

Poder limitado… por ahora

El alcance real de esta ofensiva, sin embargo, depende del tablero político. Los demócratas son minoría en la Cámara de Representantes. Eso limita la capacidad de Raskin para obligar a Infantino, a la propia FIFA o al expresidente Trump a cumplir cualquier citación a corto plazo.

Para dar el siguiente paso necesitaría una mayoría en la Cámara. Esa llave se llama elecciones de mitad de mandato de noviembre. Si los demócratas ganan terreno, la presión sobre Infantino podría pasar de política a judicial.

Mientras tanto, otro frente se abre en el horizonte: el proceso de adjudicación de la sede del Mundial Femenino 2031. Se espera que el torneo sea coorganizado por Estados Unidos, México, Costa Rica y Jamaica. Con el clima actual, cada decisión, cada voto y cada contrato en ese proceso será examinado con lupa.

La respuesta de la Casa Blanca de Trump

El entorno de Trump no tardó en contraatacar. Consultado por The Athletic, el portavoz de la Casa Blanca, Davis Ingle, lanzó un dardo directo contra Raskin, al que calificó de “lightweight” y “la idea que tiene una persona estúpida de alguien inteligente”.

La defensa de Trump se apoyó en el legado del Mundial 2026. Ingle sostuvo que, gracias a la “visión audaz” y el “liderazgo decisivo” del entonces presidente, el torneo generó miles de millones de dólares en ingresos, impulsó la economía de las ciudades anfitrionas y ofreció una experiencia “segura y fluida” para millones de aficionados y deportistas.

En su relato, ese Mundial pasará a la historia como “uno de los eventos deportivos más grandes y exitosos de la historia”.

Mientras la política estadounidense convierte el fútbol en campo de batalla, la FIFA vuelve a verse rodeada por viejos fantasmas: acusaciones de soborno, sospechas sobre adjudicaciones de sedes y un presidente, Gianni Infantino, obligado ahora a explicar, con detalle y bajo juramento, hasta dónde llegó realmente su alianza con Donald Trump.

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