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Rayan Cherki brilla en la victoria del City ante Crystal Palace

El espectáculo de Rayan Cherki ya tiene dueño. Y entrada garantizada: diversión asegurada. Enzo Maresca, obsesivo del control posicional, ha encontrado en el francés la excepción a todas sus normas. A Cherki no se le encorseta. Se le suelta. Y ante Crystal Palace, con libertad total, destrozó un partido que hasta el descanso aún respiraba.

El ex del Lyon firma un arranque de segunda temporada en Inglaterra de auténtico lujo. La semana pasada, ante Bournemouth, salió desde el banquillo, cambió el ritmo del encuentro y lideró la remontada con dos asistencias. Esta vez fue todavía más lejos. Dos goles, un recital de regates y una acción, la del 2-0, que obliga a preguntarse cuántas veces se ve algo así en una temporada.

Crystal Palace, aún a cero puntos pese a algunos destellos en los dos primeros partidos de la era Pierre Sage, no encontró antídoto. Cherki les desordenó la defensa, el plan y la cabeza. Es un talento irreprimible, un futbolista que piensa rápido y ejecuta aún más deprisa. Al escuchar los elogios tras el choque, sonrió, se encogió de hombros y soltó que su primera parte había sido “tan mierda”. Maresca no estaba de acuerdo.

“Su partido para mí fue muy bueno, no por los dos goles, sino por cómo trabajó sin balón”, explicó el técnico de City. “Tiene que presionar. Su partido fue completo. Ama el fútbol. Sabemos lo bueno que es. Sabemos la calidad que tiene”.

Cherki no brilló solo. Phil Foden manejó los hilos con personalidad y Erling Haaland, ya en marcha esta temporada, firmó un doblete contundente. Una actuación lo bastante sólida como para que Maresca empiece a ver lejos el tropiezo de la Community Shield. “Sufrimos los primeros cinco, diez minutos, porque presionábamos de forma incorrecta”, admitió el italiano. “Después controlamos”.

City se recompone sin Rodri ni Bernardo

El reto de Maresca sigue en el centro del campo, aún en construcción tras las salidas de Rodri y Bernardo Silva. Ha llegado Ayyoub Bouaddi desde Lille, 86 millones de libras por un chico de 18 años que deslumbró con Marruecos en el Mundial. Y todavía hay hueco para otro. Enzo Fernández, decidido a salir de Chelsea, es el gran objetivo antes del cierre del mercado el martes.

Eso no significa que falten opciones. Maresca, fiel a su gusto por el experimento, volvió a tocar la pizarra. La prueba de Marc Guéhi como mediocentro se dio por cerrada y el inglés regresó al eje de la zaga ante su exequipo. El fichaje de 116 millones, Elliot Anderson, actuó como único pivote; Nico O’Reilly se situó muy arriba en un 4-1-4-1 agresivo y Josko Gvardiol se metió por dentro desde el lateral izquierdo, un rol que recuerda al de Marc Cucurella en el Chelsea de Maresca.

Hay matices al molde de Guardiola, pero algunas cosas no cambian. El gol inicial llegó por un camino familiar en el minuto 17: Antoine Semenyo apareció por la izquierda y Haaland encontró un resquicio para cabecear bombeado por encima de Dean Henderson. Letal en el área, otra vez.

La defensa de Palace quedó retratada. El verano ha sido inestable. Sage mantuvo el 3-4-2-1 de Oliver Glasner, pero varias piezas clave han salido y otras están en el aire. Jørgen Strand Larsen lideró el ataque ante la ausencia del inquieto Jean-Philippe Mateta, que podría estar cuatro semanas fuera. Ismaïla Sarr, decidido a marcharse a Galatasaray, no entró en la convocatoria y Daniel Muñoz se quedó en el banquillo entre rumores de interés de Nottingham Forest. Con ese contexto, las grietas eran inevitables. Además, la zaga ya no cuenta con Maxence Lacroix, vendido a Chelsea.

City olió la debilidad. Anderson, Semenyo y Foden dispusieron de ocasiones claras antes del descanso. Aun así, Sage se aferró a su idea: “Visteis cómo queremos jugar hasta el minuto 65. Confiamos en nuestro proceso”, defendió.

Wharton avisa, Cherki sentencia

El plan de Sage no era timorato. Adam Wharton, objetivo reciente de un intento fallido de City, mandó un aviso serio en el minuto 2 con un pase filtrado para Eddie Nketiah, que obligó a intervenir a Gianluigi Donnarumma. Daichi Kamada rozó el gol y Tyrick Mitchell desperdició un buen cabezazo tras otra acción incisiva de Wharton. Palace se plantó arriba, pero le faltó colmillo. Nketiah volvió a fallar ya en la segunda parte.

Ahí se rompió todo. City ajustó la presión. O’Reilly y Foden acosaron a Kamada, Foden condujo y Cherki pidió la pelota. Y cuando Cherki pide la pelota en carrera, algo pasa.

El francés arrancó desde la izquierda, se metió hacia dentro con pasos cortos y balón cosido al pie. Cada recorte subía el nivel de amenaza. Los defensas de Palace iban cayendo, uno a uno, desbordados por su cambio de ritmo y su control en espacios mínimos. Se espera lo inesperado con él. Superó a Jaydee Canvot, aguantó el cuerpo a cuerpo con Chris Richards y, cuando el balón pareció quedar atrapado bajo sus botas, utilizó a Takehiro Tomiyasu como pantalla. El toque final, más caricia que punterazo, dejó a Henderson clavado mientras la pelota cruzaba la línea con una lentitud cruel.

Palace reaccionó al instante. Yéremy Pino lanzó una falta al palo y el balón rebotó en Donnarumma para convertirse en un autogol que devolvía algo de vida al equipo de Sage. Pero Cherki ya estaba desatado.

En el minuto 59 volvió a golpear. Esta vez desde la frontal, con un disparo seco desde unos 20 metros que tocó en Richards y descolocó a Henderson. El 3-1 cerró el debate. El resto fue gestión… y un poco más de castigo.

Maresca dio entrada a Bouaddi para su debut, sustituyendo a Anderson. City no levantó el pie. Foden, muy observado desde la grada por Thomas Tuchel, filtró un pase perfecto al espacio. Haaland, que ha marcado en sus seis partidos de liga ante Palace, encaró y resolvió con la frialdad habitual. Nunca pareció que fuera a fallar.

City sale del encuentro con un mensaje claro: sin Rodri ni Bernardo, pero con Cherki en modo líder, Foden mandando y Haaland ya en modo máquina, el proyecto post-Pep empieza a coger forma real. Y si el francés mantiene este nivel, la gran pregunta no es cuántos goles más va a marcar, sino quién se atreverá a intentar atarlo.