Rangers empata en su debut bajo McInnes
El telón de la Premiership escocesa se levantó con más dudas que certezas para Rangers. En Tannadice, el equipo de Derek McInnes apenas rescató un 1-1 ante un Dundee United valiente y bien armado, en un debut liguero que dejó al nuevo proyecto de Ibrox con un sabor claramente amargo.
Lachlan Rose, en plena racha, adelantó a los locales con su cuarto gol de la temporada antes del descanso. Thelo Aasgaard respondió con un zurdazo magnífico en la segunda parte. Y ahí se quedó Rangers: en el intento.
Dundee United manda, Rangers observa
Durante media hora larga, el partido pareció escrito para Jim Goodwin. Rangers arrancó con cierta intención, sí, y Lawrence Shankland obligó pronto a Jack Walton a una gran intervención tras un taconazo ingenioso. Pero ese fogonazo fue engañoso.
Poco a poco, Dundee United se adueñó del ritmo, ganó los duelos, encontró espacios por bandas y empezó a olfatear el gol. La recompensa llegó con una acción tan sencilla como bien ejecutada.
Jesse Randall atacó desde la derecha y puso un centro tenso. Zac Sapsford la dejó pasar con un amago perfecto y, a su espalda, Rose apareció con frialdad: zurdazo suave, ajustado al palo, imposible para el debutante Ivor Pandur. Un gol de pizarra en plena transición, que reflejaba mejor lo que estaba ocurriendo sobre el césped.
Rangers, mientras tanto, se desdibujaba. El equipo no conectaba líneas, perdía el balón con una facilidad alarmante y apenas generaba peligro real. La versión de Djeidi Gassama en ese primer acto, impreciso y poco incisivo, terminó por condenarle al cambio. Para un club que busca extremos en el mercado, fue una actuación que no ayuda a su causa.
El golpe de Aasgaard y un punto que sabe a poco
McInnes reaccionó en el descanso. Entraron Dan Neil y Youssef Chermiti y el partido cambió de tono. Rangers empezó, por fin, a jugar en campo contrario, a juntar pases, a probar a Walton. El guardameta local respondió con dos paradas de mérito que sostuvieron a Dundee United en el tramo más delicado.
La resistencia, sin embargo, se quebró con un gesto de clase. Aasgaard recibió al borde del área, controló orientado y, en el mismo movimiento, se abrió el ángulo para soltar un zurdazo seco, violento, que superó el vuelo desesperado de Walton. Un golazo. Un destello aislado de la calidad que se le supone a este nuevo Rangers.
Parecía el momento para que el equipo de McInnes se lanzara a por el triunfo. No ocurrió. El empate no liberó, sino que encalló al conjunto visitante, incapaz de transformar la inercia en ocasiones claras y de imponer su peso teórico sobre el partido.
La frustración se hizo visible en una acción que lo resume todo: Chermiti, con opción clara de pase hacia Shankland, eligió el disparo forzado. El delantero escocés explotó, airado, reclamando un balón que nunca llegó. Una imagen que retrata un ataque todavía sin química ni automatismos.
La ocasión perdida de Randall y el orgullo de Goodwin
Con el encuentro roto, los espacios aparecieron para ambos. Dundee United no se limitó a aguantar; siguió mordiendo en las transiciones y terminó generando la oportunidad más clara para llevarse los tres puntos.
Daniel Bennie filtró un pase delicioso que dejó a Randall solo ante Pandur. Tiempo, metros y portería. El escenario soñado. El neozelandés, sin embargo, optó por la vaselina, un toque sutil que acabó en las manos del guardameta. Una decisión vistosa, pero errónea. El estadio contuvo la respiración… y enseguida soltó un lamento. Ese era “el” momento.
Goodwin, pese a ese fallo y a la sensación de haber dejado escapar la victoria, pudo rescatar muchas cosas positivas. Su equipo fue sólido atrás, trabajó sin descanso y supo castigar en transición. El tridente ofensivo de Oceanía funcionó en el gol y amenazó cada vez que encontró campo abierto. Para un conjunto que aspira a meterse en la parte alta de la tabla y que venía de una Copa de la Liga irregular, el punto tiene valor, aunque deje un regusto de oportunidad perdida.
La única sombra para los locales llegó con Rose, sustituido y visto después con la parte alta de la pierna fuertemente vendada. Un detalle a seguir en los próximos días.
Un Rangers en construcción… con prisas
En el otro banquillo, McInnes no maquilló el diagnóstico. Admitió el esfuerzo para remontar, pero también que su equipo no hizo méritos suficientes para ganar. El propio entrenador habló de una primera parte “desperdiciada”, demasiado caótica, con un gol encajado evitable desde su perspectiva.
Sus cambios al descanso funcionaron a medias. Chermiti ofreció más profundidad que Ryan Naderi, atacó mejor la espalda de la defensa y dio algo de aire al frente de ataque. Neil, por su parte, reclamó balón y trató de ordenar la circulación. El problema es que el impulso duró poco y nunca se tradujo en un dominio sostenido.
En el contexto de un verano de transición, el mensaje es evidente: a Rangers le faltan piezas. El club sigue rastreando extremos en el mercado y actuaciones como la de Tannadice no harán más que acelerar esa búsqueda. Aasgaard dejó una obra de arte con su gol, pero el resto del partido expuso carencias en creatividad, en pausa y en colmillo.
El estreno de McInnes en la liga no es un desastre, pero tampoco la declaración de intenciones que muchos en Ibrox esperaban. Un punto fuera de casa, sí, aunque con la sensación de que el camino hacia el título exigirá mucho más que chispazos aislados.
La temporada apenas comienza. La pregunta es clara: cuánto tiempo tiene este nuevo Rangers para dejar de parecer un equipo en obras y empezar a comportarse como un aspirante real.
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