Pochettino se marcha tras la derrota, pero recuerda: “Ganamos el grupo”
En Inglewood, la noche terminó con un portazo. Mauricio Pochettino se levantó de la silla, lanzó su última frase, pidió disculpas a medias y abandonó la sala de prensa con la misma determinación con la que defiende a su vestuario. Su selección acababa de perder 3-2 ante Turquía en el SoFi Stadium, pero seguía siendo primera de grupo. Y el técnico argentino no estaba dispuesto a que eso se olvidara tan rápido.
Estados Unidos cerró la fase de grupos del Mundial con su primera derrota, un golpe encajado en el minuto 98, con la última patada del partido. Un desenlace cruel en lo inmediato, irrelevante en la tabla: el liderato del Grupo D estaba asegurado desde la segunda jornada. Ese contexto marcó todo. El once, el tono del encuentro… y la tensión posterior ante los micrófonos.
Rotaciones masivas y un mensaje claro
Pochettino decidió rotar casi por completo. Solo Ricardo Pepi y Weston McKennie repitieron en el once respecto a la victoria frente a Australia. Pepi volvió a ocupar el lugar de un Christian Pulisic que aún se manejaba con cautela tras su problema en la pantorrilla ante Paraguay. McKennie aguantó 86 minutos antes de dejar su sitio a Malik Tillman.
Los cuatro titulares clave apercibidos de sanción —Tyler Adams, Folarin Balogun, Chris Richards y Antonee Robinson— ni siquiera pisaron el césped. Tarjetas borradas después de la fase de grupos, octavos a la vista y una idea fija: llegar con todos limpios y sanos al cruce de eliminación directa.
Ese plan, lógico desde el prisma competitivo, chocó con la lectura más emocional de la derrota. En la sala de prensa, las preguntas sobre la actuación, el impulso del equipo y las sensaciones de cara a la fase final encendieron al técnico.
“Explíquenme qué quieren decir con impulso, no lo entiendo”, lanzó Pochettino. “¿Jugar con el mismo equipo que contra Australia para arriesgar? ¿Recibir una amarilla? ¿Arriesgar jugadores que quizá tienen problemas? No lo entiendo”.
El argentino fue más allá y se apoyó en otro gigante herido: “Alemania perdió el impulso también y jugó (casi) con el mismo equipo en su derrota contra Ecuador”.
Un partido loco y un protagonista llamado Arda Guler
Sobre el césped, el encuentro tuvo ritmo de ensayo general con picos de intensidad de partido grande. Auston Trusty abrió el marcador para Estados Unidos, pero Turquía reaccionó y encontró en Arda Guler a su faro. El talentoso zurdo firmó gol y exhibición, manejando los mejores ataques turcos y castigando cada desajuste estadounidense.
Tras el 1-1 y la remontada otomana, Sebastian Berhalter apareció temprano en la segunda parte para devolver el empate y dar aire a una selección que, pese a las rotaciones, no renunció a competir. El 2-2 parecía cerrar una noche funcional: minutos repartidos, carga física controlada y el liderato intacto.
Hasta que llegó el minuto 98. Última jugada, último balón, último disparo. Turquía encontró el 3-2 y dejó a Estados Unidos con una derrota que no cambia el cuadro, pero sí el sabor de boca.
El regreso de Pulisic, la mejor noticia
Entre el ruido del resultado y la polémica posterior, una certeza importante para Estados Unidos: Christian Pulisic está de vuelta. El capitán entró en el minuto 58, sustituyendo a Tim Weah en la banda izquierda, y en cuanto pisó el campo cambió la temperatura del ataque estadounidense.
Se movió con normalidad, buscó el uno contra uno, pidió el balón y se convirtió de inmediato en el jugador más peligroso de su equipo. Justo lo que Pochettino quería ver.
“El objetivo no era solo ganar, sino darle a Christian 30-40 minutos”, explicó el técnico. “Terminó bien e hizo impacto en el campo”.
La única mancha en su regreso llegó en el momento más cruel: Pulisic fue superado con un caño por Arda Guler en la jugada que derivó en el gol definitivo de Turquía. Un detalle incómodo para el orgullo del líder, pero insignificante comparado con lo esencial: físicamente está listo para los cruces.
“Ganamos el grupo, perdón, ganamos”
Pochettino no dejó pasar la oportunidad de recordar, una y otra vez, el contexto general. Estados Unidos suma seis puntos y firma así su mejor fase de grupos en la historia del Mundial en términos modernos. Solo el equipo de 1930 iguala ese registro, aunque entonces la victoria valía dos puntos.
Para el técnico, el foco mediático estaba desviado.
“No puede ser posible que Turquía celebre tres puntos, Australia celebre pasar, Paraguay celebre pasar… y que ustedes no digan ‘felicidades’ por ganar el grupo, es un poco triste”, lanzó, molesto.
“Necesito recordar a todos que ganamos el grupo, perdón chicos, ganamos”, remató, antes de levantarse y abandonar la sala con paso decidido.
En otra respuesta, cuando le preguntaron qué lecciones dejaba el partido, aprovechó para girar el espejo hacia la prensa: “Nadie nos felicitó por terminar primeros en un grupo muy difícil. Yo felicito a los jugadores, al staff y a los aficionados. Ahora respondo a su pregunta. Siempre se aprende cuando estás en un Mundial”.
Bosnia y Herzegovina en el horizonte
El cuadro ya está definido. Bosnia y Herzegovina espera en los octavos de final, el próximo miércoles en Santa Clara, California. Un cruce incómodo, físico, de esos que exigen madurez y concentración desde el primer minuto.
Pochettino, pese al ruido de la derrota, se mostró firme en su diagnóstico del proceso.
“Somos un equipo mucho mejor ahora que antes”, afirmó. “Eso se pondrá a prueba en el próximo partido”.
La fase de grupos deja a Estados Unidos tocado en el orgullo por la forma del último gol, pero reforzado en lo esencial: líder de grupo, estrellas protegidas, Pulisic de vuelta y una idea de equipo que el técnico considera en crecimiento.
La siguiente pregunta ya no será si ganan impulso o no. Será si este equipo está preparado para vivir —o morir— en el territorio donde el error ya no se corrige al partido siguiente.
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