Logotipo completo Juego Final

Odegaard brilla y lidera al Arsenal en la Champions

El Arsenal se quedó a un partido del doblete soñado de Premier League y Champions League la temporada pasada. Lo logró sin la mejor versión de Martin Odegaard, lastrado por lesiones y por un rendimiento irregular. Ahora, el escenario ha cambiado por completo.

El capitán noruego ha arrancado el nuevo curso como un futbolista desatado, con 27 años y la sensación de estar, por fin, en el punto más alto de su carrera. Si el equipo de Mikel Arteta fue capaz de conquistar su primera Premier League en 24 años y perder la final de la Champions solo en los penaltis ante Paris Saint-Germain con un Odegaard disminuido, la pregunta es inevitable: ¿hasta dónde puede llegar este Arsenal con su líder jugando así?

Un golpe de clase en Nápoles

En Nápoles, el Arsenal mandó de principio a fin en su estreno de Champions. Aun así, necesitó que apareciera su capitán para romper el candado. A falta de 15 minutos, Odegaard soltó un zurdazo espectacular para firmar el 1-0 y silenciar el estadio. Una acción aislada, pero que resumió el partido: insistencia colectiva, resolución individual.

El equipo londinense se estrelló una y otra vez contra el muro italiano, armado con un plan defensivo propio del manual más conservador de Max Allegri. Paciencia, circulación, cambios de ritmo. Y, cuando las ocasiones claras ya se contaban por varias, llegó el detalle que separa a los buenos de los decisivos.

El dato explica la superioridad: 26 disparos del Arsenal, su cifra más alta en un partido de Champions desde que existen registros detallados en 2003-04. Nunca antes el Napoli había recibido tanto en ese periodo. Pero hizo falta el golpe de genio de Odegaard para que todo ese dominio tuviera premio.

Arteta lo resumió sin rodeos: “Necesitamos jugadores con esa mentalidad para decidir partidos, para jugar con esa personalidad y seguir asumiendo riesgos. Está llegando mucho más a esas zonas en los últimos partidos. Fue un gol increíble”. Y no solo fue el gol. En Nápoles, Odegaard marcó el ritmo, apretó sin balón y dio un ejemplo de liderazgo que fue más allá del brazalete.

De la duda física al modo dominante

La temporada pasada, el noruego convivió con problemas de rodilla y hombro. Se quedó en 36 partidos entre todas las competiciones, con apenas un gol y siete asistencias. Solo disputó 24 encuentros de Premier League en el curso del ansiado título. El equipo tocó el cielo; él, en cambio, se quedó lejos de sus propios estándares.

El verano le cambió el gesto. Con Noruega alcanzó los cuartos de final del Mundial, donde cayó ante Inglaterra, y ahí ya se intuyó una versión más cercana a la que ahora deslumbra. Pero lo que está mostrando en este arranque de campaña pertenece a otra dimensión.

La Community Shield en Cardiff fue el primer aviso serio. En el 3-0 ante Manchester City, Odegaard firmó un gol final de puro descaro: sentó a Gianluigi Donnarumma y empujó la pelota a puerta vacía, como si estuviera en un rondo de entrenamiento. Un gesto de superioridad, casi de desafío.

Después mantuvo el pulso. Marcó en el 3-0 frente a Coventry City y volvió a aparecer en el momento caliente contra Chelsea en el Emirates Stadium. El Arsenal perdía, el ritmo se espesaba, y el capitán irrumpió con una carrera al área medida al milímetro. Se coló tras un ingenioso amago de Kai Havertz y fusiló a Emiliano Martínez con un remate seco, imparable. Remontada, 2-1 y pleno de victorias intacto.

Lo de Nápoles y lo de Londres no son chispazos aislados. Son la firma de un futbolista exuberante, completamente sano, rodeado por un equipo que ha interiorizado la confianza que dan los títulos. Un jugador que, como insinuó Arteta, está actuando como si tuviera algo que demostrar, consciente de que su contribución personal en la temporada del éxito no estuvo a la altura de su talento.

El motor de un Arsenal que ya piensa en más

El calendario no da tregua. En el horizonte de la fase de grupos asoman un duelo en casa ante Real Madrid y una visita al Bayern Munich. Son las noches que definen la jerarquía en Europa. Y este Arsenal ya no se comporta como un aspirante nervioso, sino como un campeón que quiere más.

La forma en que el equipo desmontó la resistencia del Napoli, sin precipitarse pese a las ocasiones falladas, refleja una madurez distinta a la de otros años. Cada ataque parecía un ensayo más para el golpe definitivo. Ese golpe llegó desde la zurda del capitán.

Nedum Onuoha, exdefensa de la Premier League y analista en Match of the Day, lo ve claro: Odegaard “querrá tener un impacto mayor en el equipo esta temporada”. No se queda ahí. Recuerda que el Arsenal tiene “asuntos pendientes en la Champions” y apunta al objetivo máximo: ser el primer capitán en levantar el trofeo con el club del norte de Londres.

Onuoha no duda al valorar la influencia del noruego: cuando está en forma, “lleva al Arsenal a otro nivel”. Y añade una idea que se repite en el vestuario: la mejor versión del equipo aparece cuando Odegaard “tira de los hilos”, porque su manera de conectar con los compañeros cambia por completo la forma de atacar.

Su creatividad, especialmente desde el costado derecho, se ha convertido en una plataforma de lanzamiento constante. Protege el balón con una calma insultante, siempre con la cabeza levantada, siempre buscando el pase que abre una rendija. Y no se borra cuando hay que trabajar atrás: también ahí se nota su jerarquía.

La obsesión que falta: la Champions

El Arsenal ha vivido dos finales de Champions y las dos terminaron en decepción: derrota ante Barcelona en 2006 y caída por penaltis frente a PSG el curso pasado. El título continental sigue siendo su gran obsesión, el trofeo que falta en la vitrina y que condiciona la forma en que se mide a este proyecto.

Arteta lo sabe. El vestuario también. Y el propio Odegaard parece haber asumido que su legado en el club pasa, en buena medida, por lo que ocurra en esta competición.

El entrenador lo dejó claro tras el triunfo en Nápoles: el noruego ya no solo participa, ahora “contribuye con goles que impactan directamente en los resultados”, justo lo que se exige a los jugadores ofensivos de élite. De cara a lo que viene, esa diferencia es enorme.

Si el Arsenal fue capaz de rozar la gloria europea con un Odegaard a medio gas, ¿qué techo tiene este equipo con su capitán en plenitud, marcando, asistiendo y mandando? La Champions sigue siendo su Santo Grial. Y, con el noruego jugando “suave como la seda”, como se comenta en Inglaterra, cada noche grande empieza a parecer menos una quimera y más una cita aplazada.