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Mundial 2026: Canadá desafía a Marruecos y Paraguay se enfrenta a Francia

El 4 de julio no será solo fuegos artificiales y aniversarios en Estados Unidos. El Mundial 2026 entra en su fase de eliminación directa y el torneo empieza a separar candidatos de soñadores. Houston abre el telón con un Canadá–Marruecos cargado de historia reciente y contraste de trayectorias. Filadelfia lo baja con un Francia–Paraguay que mide al gran favorito con el matagigantes del torneo.

Canadá – Marruecos: la rebelión contra el favorito

Canadá y Marruecos se vuelven a mirar a los ojos cuatro años después de aquel 2-1 marroquí en la fase de grupos de Qatar 2022. Entonces, la selección norteamericana todavía era un proyecto en construcción. Hoy llega a Houston con algo que nunca había tenido en un Mundial: victorias en rondas de eliminación directa y la sensación de que puede competir con cualquiera si el partido se ensucia y se vuelve emocional.

La transformación lleva la firma de Jesse Marsch. Bajo el técnico estadounidense, Canadá dejó de ser un invitado simpático para convertirse en un equipo incómodo, agresivo, capaz de sostener el pulso en grandes escenarios. La semifinal de la Copa América 2024 fue el primer aviso. Este pase a octavos, el siguiente.

El camino en esta fase de grupos no fue lineal. Empate gris ante Bosnia y Herzegovina. Goleada catártica 6-0 sobre Qatar para sellar el boleto. Tropiezo frente a Suiza en el cierre. Y un partido de nervios contra Sudáfrica resuelto en el tramo final con el gol de Stephen Eustáquio, símbolo de una selección que no se rinde cuando el torneo parece escaparse.

Arriba, los nombres impresionan, pero no han terminado de encajar. Jonathan David, Cyle Larin y Tajon Buchanan alternan ráfagas brillantes con tramos de desconexión. Ante un rival del calibre de Marruecos, Canadá necesita que los tres aparezcan a la vez, no por turnos.

Y luego está el gran interrogante: Alphonso Davies. El lateral de Bayern Munich volvió a tener minutos ante Sudáfrica, entrando en el 75’ tras su lesión muscular. Su velocidad y su capacidad para romper líneas pueden cambiar un partido, pero su estado físico sigue en duda. Marsch deberá decidir si arriesga de inicio o reserva a su estrella para un tramo final que podría ser de vida o muerte.

Enfrente espera un Marruecos que ya no sorprende a nadie. Compite para ganar el Mundial, no para decorarlo. El equipo que maravilló en Qatar 2022 ha dado un paso más, con una generación todavía más profunda y madura.

El 1-1 ante Brasil fue una declaración de intenciones: Marruecos no se limitó a resistir, dominó largos tramos del partido. Luego llegaron el 1-0 contra Escocia y el 4-2 ante Haití para cerrar una fase de grupos sólida. El verdadero salto de calidad, sin embargo, se vio en el duelo de treintaidosavos ante Países Bajos, uno de los partidos del torneo.

Los neerlandeses golpearon primero, contra la lógica del juego. Marruecos respondió como lo hacen los equipos grandes: sin perder el hilo, sin precipitarse. El premio llegó en el descuento, con el gol del central Issa Diop, que hace apenas unas semanas cambió su bandera de Francia a Marruecos justo antes del cierre de listas. Después de dominar el encuentro, el conjunto africano selló su pase en la tanda de penaltis, confirmando una personalidad de equipo grande.

La nómina marroquí impresiona. Ismael Saibari, tres goles en la fase de grupos, acaba de cerrar su traspaso de PSV Eindhoven a Bayern Munich en plena ebullición mundialista. Achraf Hakimi, de Paris Saint-Germain, es uno de los mejores laterales derechos del planeta, un puñal que vive en campo contrario. Brahim Díaz, de Real Madrid, aporta desequilibrio y último pase desde la banda. Y en el centro del campo, el adolescente Ayyoub Bouaddi se ha instalado como uno de los grandes talentos jóvenes del torneo, manejando ritmos con una madurez impropia de su edad.

Marruecos llega como claro favorito. Canadá, sin el colchón del factor campo que habría tenido de haber ganado su grupo, necesitará un partido casi perfecto. Eso sí, en Houston se espera una buena presencia de aficionados canadienses, dispuestos a convertir el calor texano en combustible emocional.

Jugador a seguir: Achraf Hakimi. Si Davies no está al cien por cien o no puede arrancar como titular, el lateral marroquí tendrá autopista por la derecha. Su lectura para elegir cuándo atacar y cuándo castigar los espacios le ha permitido jugar todos los minutos del torneo a un nivel altísimo. Un duelo que puede inclinar por sí solo el partido.

Francia – Paraguay: el gigante contra el muro

Horas después, en Filadelfia, el ambiente será abrasador. No solo por la ola de calor que azota la Costa Este. También por el choque de estilos: la Francia más demoledora de los últimos tiempos frente a una Paraguay que ha hecho de la resistencia su marca registrada.

Paraguay llegó a este Mundial sin focos, pero se ha ganado el respeto a base de golpes sobre la mesa. Primero, un 1-0 contra Türkiye en la fase de grupos, defendiendo con diez hombres durante toda la segunda parte. Más tarde, el bombazo: eliminación de Alemania en los treintaidosavos, tras un 1-1 en 120 minutos y una tanda de penaltis perfecta.

Gustavo Alfaro ha construido un equipo con piel de roca. La goleada inicial 4-1 ante Estados Unidos pudo haberlo derrumbado. En cambio, sirvió de punto de inflexión. Desde entonces, Paraguay se ha blindado. Orden, solidaridad, líneas juntas y una disciplina férrea sin balón. Ante Alemania, Die Mannschaft monopolizó la posesión, pero apenas encontró grietas para generar ocasiones claras.

El corazón de esta estructura late en el centro del campo y en la zaga. Matías Galarza se ha convertido en uno de los nombres propios del torneo. El mediocampista, que terminó su cesión en Atlanta United justo antes del Mundial, asistió a Julio Enciso en el gol ante Alemania, marcó en la tanda de penaltis y también firmó el tanto decisivo contra Türkiye. Llegada, carácter y personalidad en momentos calientes.

No está solo. La línea defensiva formada por José Canale, Gustavo Gómez, Juan Cáceres y Júnior Alonso, junto al portero Orlando Gil, ha sostenido al equipo en los tramos de mayor sufrimiento. Cada despeje, cada cruce, cada mano de Gil ha alimentado la idea de que esta Paraguay puede tumbar a cualquiera si logra arrastrarlo a su tipo de partido.

Ahora bien, lo que se viene es otra dimensión. Francia no es solo favorita al título. Está actuando como tal. Once de estrellas, recambios de lujo y una facilidad insultante para convertir cualquier error rival en castigo.

Kylian Mbappé llega desatado: seis goles, tres dobletes en este Mundial. En el único encuentro en el que no marcó, ante Noruega, repartió dos asistencias. Su persecución del récord goleador mundialista de Lionel Messi monopoliza debates y portadas, pero no explica por sí sola la sensación de inevitabilidad que desprende esta selección.

La llave, en realidad, se llama Ousmane Dembélé. Hasta el segundo partido de la fase de grupos, frente a Irak, nunca había marcado en un Mundial. Ese día cambió el guion: gol y asistencia. Después, hat-trick ante Noruega. Y otra asistencia en el 3-0 contra Suecia en los treintaidosavos. Con espacio, Dembélé destroza. Sin él, su regate y su cambio de ritmo abren puertas donde no parece haberlas.

A su alrededor, el talento se multiplica. Michael Olise ha sido, probablemente, el mejor organizador del torneo. Cinco asistencias, siempre entre líneas, siempre ofreciendo una solución. Desde la banda, Bradley Barcola estira defensas, encara, desordena. Francia ataca con una variedad de recursos que asusta.

Paraguay lo sabe: para repetir milagro, tendrá que defender aún mejor de lo que lo hizo ante Alemania. Bloque compacto, ayudas constantes, concentración absoluta. Y algo más intangible: fortuna. Un rechace que caiga del lado correcto, un poste amigo, una tanda de penaltis en la que los nervios cambien de camiseta.

La ola de calor añade un elemento de incertidumbre. ¿A quién castigará más el clima extremo? ¿A una Francia que quiere ritmo alto y movimientos constantes o a una Paraguay que se verá obligada a correr detrás del balón durante muchos minutos?

Jugador a seguir: Michael Olise. Frente a un bloque bajo, disciplinado y estrecho como el paraguayo, la diferencia la marcan los pasadores de élite. El mediocampista de Bayern Munich ha sido el gran socio de Mbappé y Dembélé, el que encuentra el pase que nadie más ve. Si Olise consigue filtrar balones entre líneas, Paraguay tendrá que rozar la perfección para seguir en pie.

El 4 de julio suele ser día de celebraciones en Estados Unidos. Este año, el ruido de los fuegos artificiales competirá con otro estruendo: el de dos partidos que pueden empezar a dibujar el verdadero mapa del Mundial. ¿Se impondrá la lógica de los gigantes o seguirá viva la rebeldía de los que llegaron sin invitación al club de los favoritos?