Mikel Arteta y el reto en Anfield: un viejo fantasma
Mikel Arteta conoció el significado de “bajar” mucho antes de sentarse en un banquillo de la Premier League. Lo explicó él mismo en el documental de Amazon All or Nothing: ese instante en el que el ciclista parece volar cuesta arriba y, de repente, en un kilómetro se desploma. “El partido iba bien y, de pronto, solo veía camisetas rojas volando a mi alrededor. El juego pasaba por encima de mí y no podía reaccionar. Solo tuve esa sensación una vez en mi carrera, y fue en Anfield”.
Ese recuerdo vuelve ahora, inevitable, en la víspera de otro examen en Liverpool, esta vez frente al equipo de su amigo de la infancia, Andoni Iraola, y apenas cinco días después de que Arsenal fuera eliminado de la Carabao Cup por Fleetwood. Un golpe duro. Y en el peor momento para visitar el estadio que más le ha marcado.
Anfield, el viejo fantasma
Como jugador, Arteta tardó en arrancar allí. No ganó en Anfield con Everton, tampoco en los derbis de Merseyside. Su primera victoria llegó ya con la camiseta de Arsenal, en septiembre de 2012. El alivio duró poco: esa noche terminó en el hospital, con una conmoción cerebral tras un choque con Jordan Henderson que él mismo ha descrito como “el mayor miedo” de su vida.
Seis meses más tarde, volvió a saborear el triunfo en el mismo escenario, esta vez con los goles de dos recién llegados, Lukas Podolski y Santi Cazorla. Aquella victoria sigue siendo la última de Arsenal en Anfield en la Premier League. Desde entonces, 13 partidos de liga sin ganar allí, una racha que iguala la peor del club en campo de Liverpool. El único respiro llegó en la League Cup de 2020, cuando el equipo londinense se impuso en los penaltis en la segunda visita de Arteta como técnico.
La obsesión por cambiar la historia le ha llevado a soluciones tan llamativas como arriesgadas. En noviembre de 2021, Arteta decidió ambientar el entrenamiento previo a Anfield con You’ll Never Walk Alone sonando a todo volumen por los altavoces del campo de entrenamiento. La respuesta del césped fue contundente: 4-0 para Liverpool.
La temporada pasada, la crítica fue distinta pero igual de afilada. Tras la derrota de finales de agosto, con un golpe franco tardío de Dominik Szoboszlai que cortó una serie de tres empates seguidos de Arsenal en Anfield, se le acusó de no quitar el freno de mano. La elección de Mikel Merino como mediapunta alimentó el debate. Gary Neville llegó a decir que a Arsenal le faltaba “la mentalidad para ir a ganar grandes partidos en grandes estadios”. Doloroso para Arteta, pero con un punto de realidad: el club no gana a Manchester City en liga en el Etihad desde 2015, con Arsène Wenger aún en el banquillo.
Golpe en Fleetwood y un plan más frío
El contexto no ayuda. Arsenal viene de sufrir ante un rival 84 puestos por debajo en la pirámide del fútbol inglés, en un estadio con menos de 6.000 espectadores. Una noche que deja cicatriz. Kai Havertz y Viktor Gyökeres arrancaron juntos como titulares en Fleetwood, una apuesta inesperada, seguramente para descargar a Martin Ødegaard. No funcionó. Ambos delanteros se mostraron lejos de su mejor nivel.
Las noticias médicas aprietan aún más el margen de maniobra. Bukayo Saka está fuera por una lesión en el muslo. Hay dudas sobre el tobillo de Noni Madueke. Y el recurso fallido contra la tarjeta roja de Max Dowman deja al joven sancionado para los próximos tres partidos.
En ese escenario, la vía más lógica para asaltar Anfield parece la que mejor ha manejado Arteta: cautela, estructura y un equipo corto. La misma receta que sostuvo el título de Premier League de la temporada pasada. No sería la primera vez que Arsenal se aferra al orden para sobrevivir en Liverpool. Hace 37 años, el equipo de George Graham llegó al viejo estadio necesitado de un 2-0 para proclamarse campeón. Lo consiguió en una de las noches más icónicas de la historia del club.
“Les dije a mis jugadores que mantuviéramos todo muy ajustado en la primera parte; era imperativo no encajar”, recordaba Graham en una entrevista por el 20º aniversario de aquel desenlace de la temporada 1988-89, resuelto con el gol de Michael Thomas en el descuento que puso fin a 18 años de espera por el título. “Los periódicos decían que tendríamos que atacar desde el principio, pero yo estaba convencido de que era un error. Si Liverpool marcaba pronto, se acababa. Ellos atacaron muy poco y jugaron a nuestro favor”.
Antes de ese partido, los jugadores de Arsenal recorrieron las cuatro esquinas de Anfield para entregar flores a los aficionados de Liverpool, un gesto de duelo y respeto tras la tragedia de Hillsborough un mes antes. La idea fue de Ken Friar, histórico directivo del club, fallecido este mes. Otro hilo que une generaciones.
Graham, Arteta y el peso del 1-0
Las similitudes entre Graham y Arteta no se quedan en la edad a la que levantaron su primera liga, 44 años. El escocés, centrocampista goleador en su etapa de jugador —cerca de 80 tantos y pieza clave en el doblete de 1971—, construyó como técnico una identidad basada en el rigor defensivo. “1-0 to the Arsenal” se convirtió en su sello, sobre todo en el tramo final de su mandato.
Arteta ha rescatado ese ADN desde su llegada en diciembre de 2019. Bajo su mando, Arsenal ha ganado 32 veces por 1-0 en la Premier League, más que ningún otro equipo salvo Everton. Una estadística que define un estilo: primero el candado, luego el resto.
El último fin de semana, el equipo dio un pequeño paso en otra faceta clave. Logró su primer gol a balón parado de la temporada en un 2-0 rutinario en casa ante Everton. No es un detalle menor. Liverpool ha mostrado grietas en la defensa de jugadas de estrategia, y explotar esa debilidad mientras se protege el propio arco puede ser la vía más eficaz ante un conjunto que, con Iraola, empieza a encontrar su tono competitivo.
“Colectivamente, reconocemos la importancia de defender”, dijo Arteta el año pasado, al ser preguntado por las comparaciones con el Arsenal de Graham. “Sabemos que si destacamos en esa parte del juego, las opciones y las probabilidades de ganar más partidos van a ser muy, muy altas”.
De la tanda de Fleetwood a otra noche decisiva
Tras caer en los penaltis en Fleetwood, el vuelo de regreso a Londres tuvo más de reflexión que de rutina. La tanda reabrió heridas recientes: la derrota en los penaltis de la final de la Champions League de mayo ante Paris Saint-Germain. Otra vez la lotería, otra vez la caída.
La Carabao Cup ha exprimido a la plantilla de Arteta en las dos últimas campañas, con un recorrido hasta semifinales primero y hasta la final después. Desde el punto de vista físico, la eliminación puede aliviar el calendario. Menos viajes, menos minutos, menos riesgo. Pero el técnico no piensa así. No es su naturaleza. Para él, cada torneo es una oportunidad, y cada derrota, una mancha.
Por eso, el único modo de responder a la noche más incómoda de su carrera en los banquillos pasa por mirar hacia el mismo lugar donde Graham construyó su leyenda: Anfield. Allí donde Arteta sintió por primera vez lo que era “bajar”, vuelve ahora con la obligación de demostrar que su Arsenal ya no se desploma en las cuestas más duras, sino que las convierte en el tramo decisivo de la carrera por el título.
Podría interesarte

Endrick y su futuro incierto en el Real Madrid

Mikel Arteta y el reto en Anfield: un viejo fantasma

Aston Villa busca redención ante Fulham en Villa Park

Marc Guéhi y el dilema entre fe y poder

Tielemans defiende a Carrick: el vestuario del United se une en la crisis

Yannick Carrasco brilla en el mini Clásico con hat-trick