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Maxence Lacroix se une a Chelsea: el nuevo pilar de Xabi Alonso

Maxence Lacroix ya viste de azul y no se esconde: para él, Chelsea es “el mejor club del mundo”. El central francés ha completado su traspaso desde Crystal Palace en una operación cercana a las 52 millones de libras, firmando un contrato de seis años que lo ata a Stamford Bridge en plena reconstrucción del proyecto.

El defensa, de 26 años, se convierte en el tercer fichaje de la era Xabi Alonso en el banquillo de Chelsea, después de las llegadas de Marco Palestra y Morgan Rogers. A ellos se suman las incorporaciones ya pactadas de Emmanuel Emegha, Geovany Quenda y Dastan Satpayev, que terminan de dibujar un verano de cambios profundos en la plantilla.

“El mejor club del mundo”

Lacroix no tardó en explicar por qué eligió Londres. Y lo hizo con una convicción que encaja con la ambición del club.

“Creo que es el mejor paso para mí porque es el mejor club del mundo”, afirmó en los medios oficiales de Chelsea. No fue una frase lanzada al aire. El central llegó a su decisión tras una ronda de llamadas con varios compatriotas y compañeros de vestuario.

“Hablaron conmigo Malo [Gusto], Trev [Chalobah], Benoît [Badiashile]. Es fácil que la gente hable bien de este club porque tiene mucha historia y estoy muy orgulloso de formar parte de él ahora”, explicó.

La conversación clave, sin embargo, llegó con el entrenador. Lacroix detalló que mantuvo una charla telefónica con Xabi Alonso en la que el fútbol fue el único tema.

“Hablamos de táctica, de cómo ve el juego. Primero, me hizo feliz simplemente hablar de fútbol con él, y vi que tenemos la misma dirección y el mismo deseo para este club”, contó. El diálogo con el técnico y los mensajes que recibió desde la selección, donde comparte vestuario con jugadores de Chelsea como Malo Gusto, terminaron por despejar cualquier duda.

“Me dijeron que era el mejor club al que podía ir. Así que ya estaba diciendo: ‘O.K., no necesito pensar demasiado’. Después de hablar con la gente me dije: ‘Este es el mejor paso adelante para mí’”.

Una respuesta directa a un problema viejo

El fichaje de Lacroix no es un capricho. Es una corrección de rumbo tras una temporada en la que el puesto de central se convirtió en un foco de tensión interna.

La grave lesión de ligamento cruzado de Levi Colwill en verano pasado dejó al equipo expuesto. Enzo Maresca, entonces entrenador, pidió públicamente un sustituto. La directiva no se lo concedió. Esa negativa alimentó un desgaste que terminó con la salida del técnico en enero. El vacío en el eje de la zaga quedó marcado en la planificación de este verano.

Con Colwill de vuelta, el club decidió no volver a caminar sobre el mismo alambre. Quería un central contrastado, acostumbrado al ritmo alto y a la exigencia física de las grandes ligas. Y el nombre de Lacroix apareció pronto en lo más alto de la lista.

Sus cuatro años en la Bundesliga con Wolfsburg lo consolidaron como un defensa fiable y dominante. Su salto a la Premier League con Crystal Palace hace dos temporadas confirmó el perfil que buscaba Chelsea: un central que no necesitara periodo de adaptación, capaz de asumir mando en la línea defensiva desde el primer día. En Selhurst Park, Lacroix se convirtió rápidamente en uno de los líderes de la zaga.

Ese tipo de “Premier League-ready”, futbolista ya hecho para la competición, se ha convertido en prioridad en este mercado para el club de Stamford Bridge. No es casual que, en paralelo, la directiva esté cerca de cerrar la llegada del delantero Danny Welbeck, de 35 años, y del centrocampista Jordan Henderson, de 36. Un giro brusco respecto a la política reciente, marcada por apuestas jóvenes y a largo plazo que generaron debate y división.

Pieza central, no simple refuerzo

Lacroix no llega solo para sumar experiencia en el vestuario. Llega para jugar. Y mucho.

Xabi Alonso lo ve como un pilar inmediato en su nuevo Chelsea, en un contexto en el que varios centrales actuales están en la rampa de salida. El club escucha ofertas por Trevoh Chalobah, que la temporada pasada fue el defensa central con más minutos del equipo en la Premier League. También Benoît Badiashile y Axel Disasi están considerados transferibles si aparece la propuesta adecuada.

La limpieza no termina ahí. Mamadou Sarr y Aarón Anselmino podrían salir cedidos para ganar minutos lejos de Londres, mientras incluso los nombres de Wesley Fofana y Josh Acheampong han aparecido en conversaciones sobre el futuro de la plantilla. Señal clara: nadie tiene el puesto garantizado.

En ese escenario, Lacroix aterriza con la etiqueta de titular potencial y con el respaldo directo del nuevo entrenador. Un central en plenitud física, con bagaje en Bundesliga y Premier, que llega a un club que ha decidido mezclar juventud y experiencia tras comprobar que el talento sin jerarquía no basta para sostener una temporada larga.

La apuesta es evidente. El club que hace no tanto miraba casi exclusivamente al futuro inmediato con fichajes sub-23, ahora se inclina por futbolistas que puedan competir desde ya y marcar un estándar en el vestuario. Lacroix encaja en esa nueva línea: todavía con años por delante, pero con las cicatrices necesarias para mandar atrás.

La pregunta, a partir de ahora, es otra: ¿será este francés el central que por fin le dé estabilidad a una defensa que lleva demasiado tiempo viviendo al límite? Chelsea ha tomado su decisión. El balón, desde hoy, es de Maxence Lacroix.