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Luka Modric y su salida del Tottenham: una herida abierta

Luka Modric ocupa un lugar incómodo en la memoria del Tottenham. Ídolo moderno, fichaje brillante, cerebro de un equipo que jugaba un fútbol seductor… y, al mismo tiempo, protagonista de una salida que muchos en el norte de Londres aún consideran una traición.

En 2012, el croata estaba en la cúspide. Venía de deslumbrar con Croacia en la Eurocopa y de consolidarse como uno de los líderes silenciosos del vestuario de los Spurs. Desde Madrid, José Mourinho y el Real Madrid lo habían señalado como objetivo prioritario. En Londres, lo sabían: retenerlo iba a ser una batalla.

No era la primera vez que Modric miraba hacia la puerta. Un año antes ya había intentado forzar un traspaso al Chelsea. No lo consiguió. Pero aquella negativa no apagó su deseo de dar el salto definitivo a la élite europea.

En el verano de 2012 decidió ir más lejos. El episodio quedó grabado en la memoria del club: Modric se negó a viajar con el equipo para la gira de pretemporada en Estados Unidos. No fue un despiste, fue un mensaje. Un pulso directo a la directiva para forzar el movimiento hacia el Bernabéu.

El Tottenham reaccionó como pudo. Le impuso una multa equivalente a dos semanas de salario y trató de mantenerlo a toda costa. El club sabía que tenía la sartén por el mango: Modric aún tenía cuatro años de contrato de un acuerdo de seis. Pese a ello, la presión del jugador y el peso del Real Madrid terminaron inclinando la balanza.

La operación se cerró a finales de agosto de 2012 por 33 millones de libras. Una cifra importante para la época, pero que con el tiempo se vería corta, sobre todo cuando un año después Gareth Bale salió hacia el mismo destino por 89 millones para reencontrarse con su antiguo socio en España.

André Villas-Boas, entonces entrenador del Tottenham, no escondió su decepción por cómo se desarrolló todo. Admitió que Modric se había disculpado por su comportamiento. Pero las disculpas no cambiaron el final de la historia. El croata hizo las maletas y el club perdió a su director de orquesta.

Años después, el propio Modric miró atrás con cierta amargura por la forma, no por el fondo. En 2018 reconoció que aquel capítulo fue uno de sus grandes arrepentimientos profesionales. Lamentó no haber ganado un título con el Tottenham, pese a pertenecer a un equipo fuerte, atractivo, capaz de competir con cualquiera. Y lamentó, sobre todo, la manera en que se produjo la despedida. Quiso dejar claro que solo seguía sus sueños. Algunos aficionados lo entendieron. Otros no lo harán nunca.

Resulta difícil reprocharle la elección viendo lo que vino después. En el Real Madrid, Modric lo ganó prácticamente todo: seis Champions League, cuatro Ligas, cinco Mundiales de Clubes, dos Copas del Rey. Una colección de trofeos que confirma que su ambición estaba a la altura de su talento.

Hoy, ya con 40 años y defendiendo los colores del AC Milan, el antiguo maestro de la Premier sigue resistiendo al tiempo. Ha renovado por un año más en San Siro y se prepara para celebrar su 41 cumpleaños todavía en la élite, un testimonio viviente de longevidad y profesionalismo.

En el norte de Londres, sin embargo, la sensación es más amarga. Para una parte de la afición del Tottenham, la negativa a subirse a aquel avión rumbo a Estados Unidos fue una línea que no se debía cruzar. Un gesto que, para ellos, manchó de forma irreversible el legado de uno de los mejores futbolistas que han vestido la camiseta del club en la era moderna.

Otros seguidores, quizá más pragmáticos, ven la historia desde otro ángulo. Entienden que un jugador de ese nivel difícilmente podía conformarse con un proyecto incapaz de colmar sus aspiraciones más altas. Y se quedan con el recuerdo del futbolista, no con la polémica de su marcha.

Para el Tottenham, el arrepentimiento va por otro camino: la sensación de no haber maximizado el valor de un activo único. Con cuatro años de contrato por delante, el club terminó aceptando una cifra que, a la luz de lo que Modric llegó a ser en Madrid, parece modesta. Sobre todo al compararla con el traspaso récord de Bale un año después.

El escenario actual es muy distinto. Hoy son los Spurs quienes aprietan a otros clubes después de invertir cerca de 250 millones de libras en fichajes este verano. El poder de negociación ha cambiado de manos, la ambición también. Pero la lección que dejó el caso Modric sigue ahí, latente.

Porque, en el fondo, la historia de Luka Modric y el Tottenham no es solo la de una estrella que se marcha. Es la de un club que aprendió, a golpe de talento perdido, lo caro que puede salir no anticiparse a los deseos de un futbolista que se sabe destinado a la cima.