Liverpool y Brentford cierran la temporada 2025 con empate 1-1
En Anfield, en la última tarde de la temporada 2025 de Premier League, Liverpool y Brentford cerraron curso con un empate 1-1 que explicó, en 90 minutos, buena parte del ADN competitivo que han mostrado a lo largo del año. Fue un duelo de 4-2-3-1 contra 4-2-3-1, espejo táctico y pulso de matices, entre un Liverpool que acaba 5.º con 60 puntos y un Brentford que firma un notable 9.º con 53.
El contexto de la campaña ya marcaba el guion. Heading into this game, Liverpool llegaba con un balance total de 17 victorias, 9 empates y 12 derrotas en 38 partidos, 63 goles a favor y 53 en contra: una diferencia de goles total de +10, reflejo de un equipo ofensivo pero vulnerable atrás. En casa, los de Arne Slot habían sido más fiables: 10 triunfos, 6 empates y solo 3 derrotas, con 34 goles a favor y 20 en contra, promediando 1.8 goles a favor y 1.1 en contra por partido en Anfield. Brentford, por su parte, había construido una temporada sólida desde el orden: 14 victorias, 11 empates y 13 derrotas, 55 goles marcados y 52 encajados, para una diferencia total de +3. En sus viajes, 6 victorias, 3 empates y 10 derrotas, con 22 goles a favor y 31 en contra, medias de 1.2 goles anotados y 1.6 recibidos lejos de casa.
La fotografía de los onces iniciales reforzó esa narrativa. Liverpool salió con su estructura fetiche de la temporada, el 4-2-3-1 que ha utilizado en 34 partidos de liga. Alisson bajo palos, una línea de cuatro con C. Jones como lateral derecho, I. Konate y V. van Dijk en el eje, y A. Robertson por la izquierda. Por delante, doble pivote con R. Gravenberch y A. Mac Allister, y una línea de tres mediapuntas formada por M. Salah, D. Szoboszlai y el joven R. Ngumoha, con C. Gakpo como referencia. Un once que mezclaba jerarquía, volumen creativo y una apuesta por el talento emergente.
Brentford respondió con el mismo dibujo, también su estructura más repetida en la campaña (29 partidos con 4-2-3-1). C. Kelleher en portería, defensa con M. Kayode, S. van den Berg, N. Collins y K. Lewis-Potter; en la sala de máquinas, J. Henderson y V. Janelt; por delante, trío dinámico con D. Ouattara, M. Jensen y K. Schade, y en punta I. Thiago, uno de los grandes goleadores del curso con 22 tantos y 8 penaltis anotados. Un bloque diseñado para resistir y castigar cada transición.
Las ausencias también dibujaron vacíos tácticos. Liverpool no pudo contar con S. Bajcetic (lesión de isquiotibiales), C. Bradley y G. Leoni (ambos con problemas de rodilla) ni con H. Ekitike (tendón de Aquiles), uno de sus mejores finalizadores de la temporada con 11 goles y 4 asistencias. La baja de Ekitike obligó a Slot a confiar el área a Gakpo, más asociativo, y a cargar responsabilidad goleadora sobre Salah y Szoboszlai. En Brentford, F. Carvalho, R. Henry y A. Milambo se quedaron fuera por lesión, restando profundidad en banda y alternativas en el lateral.
Batalla en el Centro del Campo
En el centro del campo se libró la batalla clave. El doble pivote Gravenberch–Mac Allister ofreció a Liverpool salida limpia y capacidad para sostener la presión tras pérdida. Mac Allister, como eje del primer pase, fue el metrónomo que conectó con la línea de tres mediapuntas; Gravenberch aportó conducción y ruptura. Enfrente, la pareja J. Henderson–V. Janelt actuó como “cortafuegos”: Henderson, con su lectura táctica, se orientó a tapar líneas hacia Szoboszlai y Salah; Janelt equilibró, barriendo espacios laterales y cerrando el carril interior ante las diagonales de Gakpo.
El “Engine Room” del partido se encarnó en el duelo Szoboszlai vs Henderson. El húngaro llegaba como uno de los grandes organizadores de la liga: 2.184 pases totales, 78 pases clave, un 87% de acierto, además de 6 goles y 7 asistencias. También, un futbolista que vive al límite en lo disciplinario: 8 amarillas y 1 roja en la temporada, además de un penalti fallado. Su radio de acción entre líneas obligó a Brentford a bascular constantemente, con Henderson saltando a la presión y los centrales acortando metros a la espalda. Cada vez que Szoboszlai encontraba tiempo para girarse, la estructura de Brentford sufría.
En el otro lado del tablero, el “Hunter vs Shield” tuvo nombre propio: I. Thiago contra el sistema defensivo de Liverpool. El brasileño, con 22 goles y 8 penaltis convertidos (y 1 fallado, que rompe cualquier idea de perfección desde los once metros), se midió a un bloque que, aunque fuerte en casa, había encajado 20 goles en Anfield. La pareja Van Dijk–Konate fue el “escudo”: dominante en duelos aéreos, clave para contener a un delantero de 191 cm y mucho peso en el juego directo. La tarea de los centrales fue doble: ganar el duelo físico con Thiago y, al mismo tiempo, vigilar las llegadas de segunda línea de Schade y Jensen.
Schade, precisamente, representó el filo de Brentford entre líneas. Ocho goles, 3 asistencias, 75 intentos de regate y 6 amarillas con 1 roja hablan de un atacante que vive en el riesgo: encara, pierde y recupera, comete 50 faltas y provoca 43. Su duelo con C. Jones en el costado y con los retornos de Salah fue una de las claves defensivas para Liverpool, que debía contener su uno contra uno sin conceder faltas peligrosas cerca del área.
Disciplina y Estructura
En términos disciplinarios, ambos equipos llegaban con un patrón claro. Liverpool concentra el 31.58% de sus amarillas en el tramo 76-90’, una auténtica “zona roja” de tensión en los minutos finales; Brentford también se endurece al final, con un 26.09% de sus tarjetas en ese mismo periodo. El reparto de rojas de la temporada subrayaba el riesgo: Szoboszlai había visto una roja, Schade otra, y Brentford ya sabía lo que era quedarse con diez antes del descanso (una expulsión en el rango 31-45’). En un partido igualado, cada entrada a destiempo en el último cuarto de hora amenazaba con romper el equilibrio.
Desde el punto de vista estructural, Liverpool se apoyó en su fortaleza ofensiva en casa: 34 goles en 19 partidos, con una media total de 1.7 tantos por encuentro en la temporada. Salah, con 7 goles y 7 asistencias, siguió siendo el gran generador de ventajas, acumulando 49 pases clave y 72 intentos de regate. Gakpo, con 7 goles y 5 asistencias y 53 pases clave, ofreció un perfil mixto: capaz de fijar centrales, caer a banda y asistir. Entre ambos y Szoboszlai, el volumen creativo fue altísimo.
Brentford, en cambio, se apoyó en su solidez estructural y su eficacia en las áreas. Pese a encajar 31 goles fuera (media de 1.6 por partido), el equipo de Keith Andrews ha firmado 10 porterías a cero en la temporada (5 en casa y 5 fuera), síntoma de que, cuando el plan defensivo funciona, es muy difícil hacerles daño. Su ataque, con 55 goles totales y 1.4 de media, se sostiene no solo en Thiago, sino en la segunda línea: Jensen, Schade y Ouattara ofrecen remate, llegada y amenaza en transición.
Desde la óptica de los datos de toda la campaña, el pronóstico estadístico para un duelo así apuntaba a un partido cerrado pero con goles: la media total de goles a favor de Liverpool (1.7) y la de Brentford (1.4), combinadas con unos promedios de goles en contra de 1.4 para ambos, sugerían un escenario de intercambios controlados más que una goleada. La diferencia de goles total de +10 para Liverpool y +3 para Brentford se tradujo sobre el césped en lo que terminó siendo: un combate equilibrado, con un Hunter que encontró su gol y un Shield que, pese a sus grietas, mantuvo el tipo hasta el final.
Following this result, el empate deja a Liverpool consolidando su plaza de Champions League (fase de liga) y a Brentford firmando una temporada de crecimiento. Más allá del 1-1, el encuentro fue un compendio de lo que ambos han sido: un Liverpool de alta producción ofensiva y nervio defensivo, y un Brentford pragmático, sólido y letal cuando su nueve estrella entra en contacto con el área.
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