Gary Lineker critica el plan de Tuchel contra Messi
Inglaterra estuvo a 20 minutos de una final de Copa del Mundo. Terminó en el suelo, remontada en contra, Lionel Messi dueño del balón y un país entero preguntándose qué intentó exactamente Thomas Tuchel en Atlanta.
Gary Lineker no necesitó muchas palabras para resumirlo. Una, en realidad: “inconcebible”. O, como él mismo dijo, “unfathomable”.
De mandar en el marcador a perder el control
El gol de Anthony Gordon parecía encajar con el libreto de Tuchel: ventaja temprana, bloque ordenado, control emocional del partido ante la Argentina campeona del mundo. Durante buena parte del encuentro, Inglaterra dio la impresión de tener la semifinal donde quería.
Pero el plan cambió. Y con él, el partido.
Tuchel decidió blindarse. Tres defensas entraron desde el banquillo en la segunda parte. La intención: proteger el 1-0, cerrar espacios, aguantar el empuje final de Argentina. El resultado fue el contrario. Inglaterra se hundió demasiado cerca de su propia área, perdió cualquier salida y entregó la iniciativa a Messi.
Argentina olió la sangre. Dos disparos al palo avisaron de lo que venía. El dominio ya era total cuando Enzo Fernández cazó un balón a 25 metros y lo mandó a la red con un derechazo que igualó el marcador. El estadio cambió de ruido. El partido, de dueño.
Y todavía faltaba Messi.
Messi, libre en la zona prohibida
Lineker, que vivió muchas noches grandes con Inglaterra, no podía creer lo que veía. No por el talento del argentino, sino por cómo se lo facilitaron.
“Me pareció absolutamente incomprensible que, si tu táctica es meter a todos atrás, lo hagas contra el mejor jugador que ha jugado al fútbol”, dijo en el programa The Rest Is Football, refiriéndose a Messi.
El capitán argentino, con los números ya de leyenda —máximo goleador y máximo asistente en la historia de los Mundiales—, encontró exactamente lo que necesitaba: tiempo y espacio en la banda derecha. Inglaterra pasó a línea de cinco, pero nadie salió a morderle. Nadie fue agresivo en la marca. Nadie le negó el centro.
“Se mueve a la derecha, juegas con una defensa de cinco y aun así no vas y te pegas a él”, lamentó Lineker. “Pon a alguien encima suyo. Tenía muchísimo espacio. Metió un balón tras otro, tras otro, al área”.
Uno de esos centros decidió la semifinal. En el tiempo añadido, Messi clavó un envío teledirigido al corazón del área. Lautaro Martínez atacó el espacio, se adelantó a todos y completó la remontada: 2-1. Inglaterra, fuera. Argentina, de nuevo, a una final de Copa del Mundo, esta vez contra España.
Tuchel bajo el microscopio
La derrota no sólo dolió por el resultado, sino por la forma. Inglaterra había competido, había golpeado primero y había obligado a Argentina a sufrir. Pero los cambios defensivos de Tuchel alteraron el paisaje del encuentro y abrieron la puerta a la reacción del campeón.
La Federación (FA) mantiene su confianza en el técnico alemán, cuyo contrato se extiende hasta la Eurocopa 2028. No hay, por ahora, señales de ruptura. Sí hay, en cambio, un ruido creciente alrededor de sus decisiones en Atlanta.
Micah Richards, otro exinternacional inglés, fue directo al grano. “Hoy se equivocó”, afirmó. “Y tiene que aceptarlo. Estuvieron demasiado atrás. En cuanto marcamos el gol, nos quedamos sin salida”.
Inglaterra no sólo defendió bajo, se resignó a hacerlo. Cada despeje volvía una y otra vez a los pies de Argentina. Cada recuperación se perdía en segundos. Cada metro que retrocedía el bloque acercaba a Messi a la frontal del área.
La “mentalidad de campeón” de Argentina hizo el resto. Pero la sensación que queda es que Inglaterra colaboró en su propia caída.
Una semifinal que deja cicatriz
Las críticas no apuntan al carácter ni al esfuerzo, sino al plan. A cómo un equipo que ganaba 1-0 terminó convertido en espectador del show de Messi. A cómo un seleccionador de élite permitió que el mejor futbolista del planeta manejara la semifinal sin una presión asfixiante, sin una marca pegajosa, sin una respuesta táctica clara.
Lineker lo resumió con frustración y admiración a la vez: Messi “sigue cimentando” su condición de mejor de la historia “partido tras partido”. Inglaterra, esta vez, le puso la alfombra roja.
La FA sostiene a Tuchel. El contrato dice que el proyecto mira a 2028. Pero el eco de Atlanta va a durar mucho más que una noche. Porque la pregunta ya no es sólo cómo frenar a Messi.
La pregunta, para Inglaterra, es otra: ¿puede aspirar a ganar un gran torneo si en los momentos decisivos se equivoca en el plan más básico de todos, el de proteger una ventaja?
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