Jim McGuinness sigue al frente de Donegal: un año más para ajustar cuentas
¿Seguiría o no seguiría? Esta semana llegó la respuesta: sí, sigue.
Jim McGuinness ha activado la opción de un cuarto año al frente de Donegal en su segunda etapa como seleccionador senior. Una decisión que encaja con el modo en que terminó 2026: con una espina clavada.
El día más largo… y la caída más extraña
El 21 de junio, el sol estaba en lo más alto sobre Croke Park. Donegal, no. Llevaron a Dublin a la prórroga, sí, pero lo hicieron a tirones, casi a base de pura inercia. Michael Murphy forzó el tiempo extra con un “two-pointer” tardío y por un instante pareció que el viejo colmillo de Tír Chonaill seguía afilado. En realidad, solo alargaron la agonía. Los Dubs acabaron ganando con margen y con sensación de inevitabilidad.
La cámara buscó a Murphy. Primer plano del capitán, 37 años, y una pregunta flotando: ¿volverá a pisar el césped de Jones’ Road? A día de hoy, silencio sobre su futuro con el condado.
Lo que hizo Donegal durante seis meses convierte su salida del campeonato en algo cercano a lo inverosímil. No hace falta exagerar para decir que el final no encajó con el resto de la historia.
De Ulster al trono de favoritos
La derrota en Ulster ante Down se pudo archivar como “uno de esos días”. Los de Mourne salieron a Letterkenny con aire de “tenemos más tradición que estos” y se llevaron la eliminatoria. Para algunos seguidores, aquella caída tuvo hasta un lado práctico: evitaba más escollos provinciales y dejaba la energía para lo que realmente contaba. Porque lo serio venía después. Donegal era, como poco, segundo favorito para levantar la Sam Maguire.
Pocos discutieron esa etiqueta. A finales de marzo, el equipo de McGuinness se llevó la liga con autoridad. En Croke Park, Kerry —con bajas, sí, pero Kerry al fin y al cabo— fue arrastrado por el ritmo de Donegal. David Clifford se quedó en solo dos anotaciones, un gol tardío cuando Donegal ya había subido la escalera y retirado el puente.
El mensaje era claro: “Jimmy’s men” querían reescribir el guion. Dejar atrás la final de 2025, cuando Donegal fue casi un espectador desconcertado mientras Paudie Clifford dirigía la sinfonía que llevó a Kerry al título. Aquella noche muchos se preguntaron cómo McGuinness, el estratega, había sido superado de forma tan clara.
Él no lo olvidó. A comienzos de año respondió con dureza, marcando territorio: solo “un entrenador campeón de All-Ireland o un técnico de primer nivel” tenía, a su juicio, autoridad para cuestionar su capacidad. Jimmy salió a pelear.
Killarney, agujas clavadas y un aviso
Mayo llevó a Donegal a Killarney. Y allí no solo ganaron el partido, ganaron la guerra. El encuentro contra el equipo de Jack O’Connor tuvo de todo menos cordialidad: McGuinness pareció empujar a Diarmuid O’Connor, Micheál Burns vio la roja y un hombrazo contundente de David Clifford encendió la mecha.
El triunfo contundente de Donegal casi quedó en segundo plano. Lo que acaparó los titulares fue la entrevista tensa de McGuinness con Tommy Rooney en Newstalk y la posibilidad de una sanción por su conducta en la banda. Al final, el CCCC entendió que el árbitro había gestionado la situación sobre el césped. Jimmy no siguió el camino de Ger Brennan hacia la “sala de no participación”.
Antes del fin de semana de Pentecostés, Donegal ya cargaba con la etiqueta más pesada de todas: favorito número uno al All-Ireland. Y nadie encontraba un buen motivo para dudar.
Junio, el mes en que todo se deshizo
Y entonces llegó junio. Dos fines de semana. Y las expectativas saltaron por los aires.
En Ballybofey, Cork apareció con la convicción de que podía hacer daño. Tardó en carburar, pero cuando lo hizo dejó a los locales sin chispa. Nada de la velocidad, el brío y la agresividad que habían tumbado a Kerry. Donegal se fue apagando. Cork, en cambio, tenía más gasolina en el depósito.
Parafraseando a Lady Bracknell: perder ante Down puede ser una desgracia; perder después en tu propia casa empieza a parecer descuido. La realidad, claro, es más compleja. Pero el efecto fue devastador. Cuando Donegal llegó de nuevo a Croke Park, ya no tenía el empuje necesario para dar el siguiente paso.
“Nuetros jugadores se estaban quedando sin gasolina y, visto desde fuera, es un misterio”, dijo Brian McEniff, tratando de descifrar la campaña desde aquella final de liga. El “Mr Donegal football” tan perplejo como cualquiera.
¿Se obsesionó el equipo con frenar a Kerry? ¿Les drenó demasiada adrenalina aquella batalla en Killarney, energía que habría hecho más falta después? El sorteo los cruzó pronto, y ahora se puede maldecir aquella bolita.
Desde la final de All-Ireland de 2025, la columna del debe crece más rápido que la del haber. Eso escuece a McGuinness, incluso con el título de Division 1 en el bolsillo. Donegal estuvo brillante ese día, como en Killarney. Pero el desplome en otros momentos fue alarmante. En un campeonato en el que el nivel de fútbol fue aplaudido con justicia, Donegal quedó como un invitado que no dejó huella.
Un año más para ajustar cuentas
Y aquí está Jimmy, de vuelta. Con algo que demostrar.
En 2027, su mirada apuntará sobre todo a lo que pase después de mayo. La liga ya está ganada, varios Ulster también. Lo que ocurra antes servirá para pulir y empujar a nombres como Shea Malone, Max Campbell, Turlough Carr o Conor MacCahill. El caso Michael Murphy se resolverá con el tiempo, de una forma u otra.
Las casas de apuestas lo tienen claro: Donegal aparece como segundo favorito para levantar la Sam Maguire en julio. Mayo ya enseñó la ruta este año: todo depende de cuándo alcanzas el pico. Está bien tumbar a un gigante en primavera; lo que cuenta es quién está de pie cuando entregan el trofeo. Lección dura. Pero lección al fin y al cabo.
Si este acaba siendo su último año como técnico intercondal, McGuinness sabe lo que persigue: más crédito que cargos en el balance, frenar los desplomes y presentar un equipo que no se quede sin energía justo en los partidos que definen una era.
La presión va incluida en el paquete. Pero Jimmy lleva demasiado tiempo en esto como para asustarse ahora.
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