Jake O'Brien: ¿El adiós de la conexión irlandesa en Everton?
La conexión irlandesa de Everton se deshilacha, y Jake O’Brien parece ser el siguiente en salir por la puerta.
El internacional irlandés, fichado en el verano de 2024 desde Lyon por 17 millones de libras tras una temporada imponente como central —32 partidos, cinco goles y un premio a jugador del mes por delante de nombres como Vitinha, Pierre-Emerick Aubameyang, Alexandre Lacazette o Kylian Mbappé—, se ha cansado de vivir pegado a la banda derecha. Él se ve, y se reclama, como lo que siempre fue: un central.
Un gigante fuera de sitio
En Goodison Park, sin embargo, la historia tomó otro rumbo. Su primer año fue de adaptación lenta, de ir entrando poco a poco en el once. Y cuando encontró hueco, lo hizo donde menos lo esperaba: lateral derecho, en el lugar que durante más de una década perteneció a Seamus Coleman, cada vez más castigado por la edad y las lesiones.
La pasada temporada, David Moyes dobló la apuesta. Volvió a utilizarlo casi siempre como lateral. No por capricho: con su 1,98 de altura, su dominio aéreo y su mentalidad de defensa puro, O’Brien ofrecía seguridad extra en el sector derecho. Sus 40 apariciones dejaron claro su nivel atrás: fuerte en el cuerpo a cuerpo, agresivo en los duelos, rápido para corregir.
Pero también dejaron algo igual de evidente. Ese perfil encaja de manera natural en el centro de la zaga. Como lateral, su aporte ofensivo quedó lejos del estándar actual de la élite, donde los laterales viven en campo contrario, pisan área y producen cifras. Para un defensa formado como central, el sacrificio táctico empieza a pesar. Y para el Corkman, ya pesa demasiado.
Señales desde el banquillo
El arranque de la nueva Premier League fue otra pista. En la victoria de Everton ante Crystal Palace, O’Brien se quedó en el banquillo. En el eje de la defensa, el nuevo capitán James Tarkowski y Jarrad Branthwaite firmaron una portería a cero. Por detrás, como alternativas defensivas, solo Michael Keane y Nathan Patterson.
Y, sin embargo, el lateral derecho titular fue para un recién llegado: Merlin Röhl, un futbolista versátil al que ya comparan con el físico y la presencia de Leon Goretzka. Un mensaje claro. Moyes tiene nuevas ideas para ese costado.
Los clubes de la Premier no han tardado en reaccionar. Con el cierre del mercado a la vuelta de la esquina, varios equipos han empezado a moverse. Hay informes de interés desde Sunderland, Leeds y su antiguo club Crystal Palace, además de propuestas que llegan desde Italia y Francia. O’Brien, con 25 años y entrando en el tramo clave de su carrera, escucha.
Un hueco difícil de tapar
Para Everton, dejar salir a O’Brien ahora significaría quedarse aún más corto en una posición ya delicada. Coleman, que ha vuelto a entrenarse con su antiguo club de GAA, Killybegs, todavía no ha decidido si seguirá como profesional tras dejar Merseyside el año pasado. El vacío no es solo futbolístico: es emocional, estructural, casi identitario.
Dentro del club, muchos consideran al lateral como uno de los mejores fichajes de la historia de la Premier League en relación calidad-precio: costó menos de 100.000 libras procedente de Sligo Rovers y acabó disputando 434 partidos oficiales. Un atraco al mercado.
Everton le ofreció un puesto en el cuerpo técnico. Coleman dijo que no. A sus 37 años, su última aparición con la selección irlandesa, en junio, demuestra que aún siente que puede competir en la élite. Su próximo paso sigue siendo una incógnita.
Algunos imaginaban un puente natural: Coleman como mentor y guía de O’Brien en el carril derecho, transmitiendo oficio y jerarquía. Pero el movimiento del Corkman apunta a otra cosa. Parece una decisión personal, firme: quiere pelear como central, aunque eso implique cambiar de club.
Una herencia irlandesa en mínimos
La posible marcha de O’Brien dejaría a Everton con un solo internacional irlandés en plantilla: Mark Travers, portero suplente. El guardameta, que prolonga una larga tradición de jugadores irlandeses en el club —Kevin Kilbane, Lee Carsley, Kevin Sheedy, James McCarthy y el propio Coleman, todos por encima del centenar de partidos—, apenas tuvo protagonismo la pasada campaña.
Cero apariciones en Premier League, cero en FA Cup. Solo dos partidos en Carabao Cup, siempre a la sombra de Jordan Pickford. Todo indica que le espera otro año viendo el fútbol desde el banquillo.
El tiempo juega en contra de Everton. El mercado se cierra el martes a las 23:00. Las plantillas empiezan a asentarse y el margen de maniobra se estrecha.
El CEO del club, Angus Kinnear, ya había reconocido que el lateral derecho era una prioridad pendiente desde la temporada pasada. “Estoy seguro de que traeremos un lateral derecho”, declaró a BBC Radio Merseyside. “Es una posición que necesitábamos. Creo que Jake ha hecho un trabajo excelente ahí. Era algo que intentamos hacer el verano pasado y no sentimos que pudiéramos conseguir la calidad adecuada. Un lateral derecho era la máxima prioridad en la ventana, nos habría gustado cerrarlo antes. Entiendo la frustración de los aficionados; entiendo que lo vean como algo crítico. Estamos trabajando duro para traer uno y estoy seguro de que lo haremos. Estoy seguro de que será una mejora y completará bien la plantilla”.
Ese plan abría, en teoría, un escenario ideal para O’Brien: competir de tú a tú por un puesto de central, sin tener que reinventarse en la banda. Pero el irlandés parece haber llegado a otro punto: el de elegir dónde quiere jugar los mejores años de su carrera.
Everton, mientras tanto, encara unos últimos días de mercado en los que no solo debe encontrar al heredero de Coleman, sino también decidir si deja escapar a un central que no quiere seguir siendo lateral. En Goodison Park, el reloj ya corre. Y cada minuto acerca a O’Brien un poco más a la salida.
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