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Inglaterra se preocupa por Rice antes del duelo contra Noruega

La cuenta atrás hacia el sábado se ha torcido en el campamento de Inglaterra. El ambiente, que debería oler a confianza de cuartos de final de Mundial, huele a preocupación. Declan Rice ha encendido todas las alarmas.

El centrocampista de 27 años se ha perdido su segunda sesión consecutiva de entrenamiento antes del duelo contra Noruega, un partido que ya era enorme y que ahora se siente aún más pesado. Un virus estomacal le ha dejado fuera de combate y, según la BBC, la situación se complica porque se suma a un problema neural previo en el isquiotibial y la zona lumbar.

Para un seleccionador que construye buena parte de su estructura alrededor de Rice, cada hora sin él es un nudo más en el estómago.

Aislar el problema, proteger el vestuario

El cuerpo médico de los Three Lions se ha movido rápido. El plan es claro: aislar el foco, cortar cualquier posibilidad de brote masivo y mantener al resto de la plantilla lejos del contagio. El miedo no es solo perder a Rice, sino ver cómo el virus se pasea por el vestuario en la semana más delicada del torneo.

Tuchel, mientras tanto, mira el parte médico con gesto serio. No solo está Rice entre algodones. Marc Guehi arrastra una lesión en los isquiotibiales y su estado también exige vigilancia constante. Dos piezas clave tocadas cuando llega Erling Haaland. El momento no puede ser peor.

Noruega también tose… pero se planta

El virus no entiende de escudos ni de camisetas. La concentración de Noruega en Estados Unidos también ha sentido su paso, aunque con un impacto, de momento, mucho menor.

Martin Odegaard lo reconoció sin dramatismos: algunos compañeros se han sentido mal por los cambios bruscos de temperatura y el aire acondicionado. Nada fuera de lo normal, según el capitán. “Hemos tenido a algunas personas un poco enfermas, pero nada importante y deberíamos estar bien para el sábado”, explicó el mediocampista de Arsenal.

Justo cuando el relato del “virus en ambos bandos” empezaba a crecer, Stale Solbakken salió al corte. El seleccionador noruego no quiso alimentar ni un milímetro de histeria. Para él, lo que hay en su plantilla está lejos de cualquier crisis.

Solbakken fue tajante: la supuesta enfermedad en el grupo es, en esencia, un rumor. Aclaró que el único Odegaard enfermo es el tío de Martin, fisioterapeuta del equipo, no el capitán. Y remató con un mensaje que sonó casi a declaración de intenciones: todos los jugadores están bien, listos para la batalla. Solo uno o dos miembros del cuerpo técnico han pasado por un proceso vírico. Nada más.

Noruega quiere que se hable de fútbol, no de termómetros.

Siete partidos sin perder… y la sombra de Haaland

Mientras los médicos calculan riesgos y tiempos de recuperación, la realidad competitiva no espera. El duelo en el Miami Stadium se presenta como un examen feroz a la racha inglesa: siete encuentros sin conocer la derrota en este Mundial.

Hay un pequeño respiro para Tuchel. Reece James ha regresado a los entrenamientos con el grupo y se perfila como parche de urgencia para una zaga tocada por la sanción de Jarell Quansah, expulsado en el último encuentro. Un regreso que no solo suma piernas, también liderazgo defensivo.

La defensa inglesa, sin embargo, no tendrá margen para despistes. Al otro lado aparece Haaland, desatado en el torneo con siete goles y con el tipo de agresividad que castiga cualquier duda, cualquier mala cobertura, cualquier segundo de indecisión. Con Rice entre interrogantes y Guehi renqueante, el equilibrio entre líneas puede convertirse en el verdadero partido dentro del partido.

Entre virus, lesiones y rachas, el sábado en Miami no solo decidirá un semifinalista. Dirá también qué selección ha aprendido a convivir mejor con el caos cuando el Mundial aprieta de verdad.