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Hibs y Aberdeen: Cambios y Dudas en Easter Road

Una semana dura en Easter Road. El vestuario de Hibs aún digiere el golpe: la directiva decidió que David Gray, popular y con un inicio de liga razonable, ya no era el hombre indicado tras solo seis jornadas. Un corte brusco. Y un vacío inmediato.

En medio de ese ruido, Scott Potter, en su segunda etapa como técnico en Easter Road, intentó recomponer el ánimo. Habló de levantarse del golpe, de agarrarse a lo positivo, de cambiar el aire. Sobre el césped, al principio, nada de eso se vio.

Hibs salió encogido. Plano, nervioso, impreciso. Salvo algún destello de Callum Wright, el equipo regaló balones una y otra vez ante un Aberdeen que disfrutó cada ocasión de contragolpear. El plan de los visitantes era sencillo: esperar el error y correr. Lo encontraron demasiado a menudo.

El guion cambió tras el descanso. Hibs regresó del vestuario con otro tono: más directo, más intenso, más agresivo. Empezó a ganar duelos, a jugar más cerca del área rival, a morder en la presión. Esta vez sí, el empuje tuvo premio. El empate no fue un accidente, sino la consecuencia lógica de una segunda parte mucho más valiente.

Pero el rugido del segundo tiempo no tapa las dudas de fondo. Se abre ahora un parón de tres semanas por selecciones y las mismas preguntas siguen flotando sobre Leith.

  • ¿Por qué Hibs rara vez firma 90 minutos completos al mismo nivel?
  • ¿Por qué entra tan frío a los partidos?
  • ¿Alcanza la calidad real de la plantilla para las aspiraciones del club?

Ese será el rompecabezas del próximo entrenador. El nombre del sustituto de Gray pasa a ser el gran tema en el horizonte mientras el fútbol de clubes se detiene.

Aberdeen se recompone con otro libreto

En el otro banquillo, la historia es distinta. Al inicio de la campaña, el propio Stephen Robinson llegó a soltar una frase que hizo ruido: “la táctica es para los comentaristas”, mientras Aberdeen sufría con un 4-3-3 que no terminaba de cuajar. El equipo no presionaba bien, defendía mal y se partía con facilidad.

Desde entonces, el norirlandés dio marcha atrás y volvió a lo que mejor conoce: tres centrales y dos delanteros, el sistema que le dio continuidad y resultados en St Mirren. El cambio se nota a simple vista. Aberdeen ahora se ve más compacto, aprieta arriba con más orden y amenaza con mucha más claridad cuando sale al espacio, aprovechando la velocidad de sus hombres de ataque.

Dos nombres han cambiado la cara del equipo en las últimas jornadas: Mats Knoester y Afeez Aremu. El central se ha consolidado como el mejor defensor del club, dominante en los duelos y sereno en la salida. A su lado, Aremu cubre metros sin descanso, roba balones, limpia jugadas y conecta con sencillez para que el equipo pueda lanzar sus ataques. Trabajo silencioso, impacto evidente.

Todo eso hacía aún más frustrante el desenlace para Aberdeen. Porque, pese al empuje de Hibs tras el descanso, el partido estaba encaminado. Kevin Nisbet, en racha, volvió a aparecer con un gesto de clase: control exquisito, giro rápido y definición precisa para adelantar a los suyos. Tercer encuentro consecutivo viendo puerta. Su confianza crece, sus cifras también. La duda ahora es quién se sumará a su cuenta goleadora a lo largo de la temporada.

Entonces llegó el error que lo estropeó todo. Una entrada innecesaria de Milne en un momento en el que Aberdeen tenía el partido donde quería. Una decisión imprudente que abrió la puerta al empate y dejó a Robinson con la sensación de haber regalado dos puntos que parecían en el bolsillo.

Aun así, el contexto importa. Tras un arranque de curso tormentoso, el técnico puede irse al parón con la certeza de que el equipo ya tiene una base reconocible: estructura clara, roles definidos y un plan que vuelve a funcionar. Hibs, en cambio, entra en estas tres semanas con una incómoda mezcla de esperanza y preocupación.

El impulso del segundo tiempo existe. La pregunta es si el próximo entrenador sabrá convertirlo, por fin, en una identidad que dure más de 45 minutos.