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Hearts inicia una nueva era con Wouter Vrancken

En apenas seis semanas desde que Heart of Midlothian se quedó a un suspiro del título de la Scottish Premiership, el club ha cambiado de piel. Se fue el capitán, se marcharon varias piezas clave, llegaron siete fichajes… y ahora aterriza un nuevo entrenador para ocupar el hueco que dejó Derek McInnes. Un cierre abrupto a una temporada agónica, y el arranque de algo muy distinto en Tynecastle.

Vrancken, la cara nueva de un proyecto inquieto

Cuando el belga Wouter Vrancken, 47 años, se sentó por primera vez ante los micrófonos como nuevo técnico de Hearts, el mensaje fue claro: capítulo nuevo, mismo nivel de exigencia. No llega a un club en reconstrucción tranquila, sino a uno que ha decidido pisar el acelerador en su transformación.

La influencia de Tony Bloom y su maquinaria analítica lleva más de un año instalada en el club. Con Vrancken en el banquillo, esa apuesta se convierte prácticamente en dogma. El director deportivo Graeme Jones explicó que el exentrenador de Sint-Truiden y Genk fue “un destacado” en los modelos de datos durante la búsqueda de técnico. No era solo una corazonada: los números empujaban en la misma dirección.

Los antecedentes del belga en su país avalan esa elección. Sus equipos se acostumbraron a rendir por encima de lo esperado, a competir con presupuestos más modestos sin renunciar a la ambición. Y, sobre todo, encaja como anillo al dedo con la hoja de ruta del club: Vrancken siempre ha trabajado como head coach dentro de una estructura de reclutamiento colaborativa. Justo lo que Hearts quería consolidar tras la etapa de McInnes.

No llega a un vestuario vacío. Siete jugadores han firmado este verano antes incluso de que él cruzara la puerta.

Un técnico para la era de los datos

Vrancken no aterriza a ciegas en este ecosistema. Mantiene una buena relación con Chris O’Loughlin, director deportivo de Union Saint-Gilloise, otro club en el que Bloom tiene participación y al que se enfrentó en Bélgica. Conoce el modelo, ha competido contra él y ahora se integra en la versión escocesa.

“Siempre quise mirar detrás del telón”, admitió el belga. “Quizá esta sea la oportunidad de hacerlo. Tengo mucha confianza en la forma en que funciona el reclutamiento porque ya me enfrenté a ello en Bélgica. Y ahora, desde el otro lado, quiero formar parte”.

Su carta de presentación futbolística también encaja con el pulso de Hearts: equipos agresivos, ofensivos, con vocación de llevar el peso del partido. El calendario, sin embargo, no le concede margen. Tiene apenas cuatro semanas para preparar a su plantilla antes del debut oficial, nada menos que una previa de Champions League contra Sturm Graz. Un reto sin red.

Vrancken no se esconde: quiere implantar su estilo “lo más rápido posible” y está convencido de que su propuesta se adapta bien al fútbol escocés. “Me gusta tener el balón. Me gusta ser positivo y constructivo y también que haya mucha alegría en el juego”, explicó. Para él, el disfrute no es un adorno, sino una condición competitiva: “Si los jugadores quieren alcanzar su máximo potencial, tienen que disfrutar del juego y de lo que hacen”.

Su idea es clara: un fútbol ofensivo, con presión alta, mucha intensidad y energía. Hearts como equipo que asfixia, no que espera.

Un vestuario en movimiento constante

La otra cara de este nuevo modelo es el vértigo. Desde la llegada de Bloom, el carrusel de entradas y salidas no se ha detenido. La plantilla que rozó el título ya es historia en varios nombres clave. Se marchó el capitán Lawrence Shankland, también Beni Beningime, y Cammy Devlin aún no ha decidido si firmará un nuevo contrato.

En defensa, Michael Steinwender y Frankie Kent ya no están, y Craig Halkett se perderá el inicio de temporada. Los informes apuntan a que Claudio Braga y el extremo Alexandros Kyziridis podrían ser los próximos en salir. Un rompecabezas que se mueve casi a diario.

Vrancken, lejos de inquietarse, acepta el escenario. No descarta más incorporaciones pese a que el grupo ya es amplio, pero ve materia prima suficiente para aplicar su libreto. “Ya es una buena y gran plantilla, e hicieron un trabajo muy bueno el año pasado”, recordó. No viene a arrasar con lo anterior, sino a moldearlo.

“No creo que necesite cambiar mucho, quizá solo otros talentos en algunos jugadores que yo necesito más que el entrenador anterior, que lo hizo realmente muy bien”, matizó. Respeto absoluto al trabajo de McInnes, pero con una advertencia implícita: “Nunca eres el mismo, dos entrenadores nunca son iguales, trabajan en cosas diferentes”.

Vrancken ya ha detectado virtudes en el grupo que pueden encajar con su estilo. “Vi también con la plantilla que jugó el año pasado que hay muchas cualidades que puedo usar en mi forma de jugar”. No parte de cero, pero tampoco se conforma con lo que hay.

De la herida reciente a la nueva escalada

La gran incógnita es obvia: con tantos cambios y tan poco tiempo para ensamblar todo, ¿puede Hearts volver a pelear la cima de la tabla? El propio Vrancken no se esconde. El encargo es claro: no solo mantenerse arriba, sino empujar de nuevo por el título.

El belga sabe de lo que habla cuando se trata de perder una liga en el último suspiro. Le ocurrió en 2023 con Gent, cuando un gol tardío de Royal Antwerp en la última jornada les arrebató el campeonato. La herida en Tynecastle es reciente; la suya también. Hay un punto de empatía que va más allá del discurso.

“Lleva tiempo superarlo, seguro”, reconoció. Pero su receta es tan sencilla como exigente: centrar la energía en lo que viene, no en lo que se fue. “Apuntar a la nueva temporada y trabajar por los nuevos objetivos es la única manera de superarlo y de trabajar por ello”.

Su mirada está fija en la próxima oportunidad. “Espero que estemos del lado bueno de la historia la próxima vez”, lanzó. Para lograrlo, insiste en el mismo mantra: “Se trata de poner la energía en lo que viene y no mirar demasiado hacia atrás”.

Y ahí asoma una frase que encaja con la ambición de Hearts y con la personalidad de su nuevo técnico: “Los mejores clubes para trabajar son los que tienen ambiciones. Creo que esta es una buena ambición, un buen punto de enfoque, un buen objetivo que tener. Después tenemos que trabajar para ello y apuntar lo más alto posible, y ya veremos dónde terminamos”.

El margen de error será mínimo, el calendario no perdona y el recuerdo del título perdido todavía pesa en las gradas. Pero Hearts ya ha elegido su camino: datos, intensidad y un entrenador que no ha venido a Tynecastle a conformarse con ser la eterna casi campeona.