Logotipo completo Juego Final

Gianni Infantino y la crisis de liderazgo en FIFA: el plan abortado

Gianni Infantino arrancó la semana exhibiendo el músculo de un presidente que presume 15.000 millones de dólares de ingresos por el último Mundial masculino. La terminó reculando de forma abrupta, aislado y con su liderazgo bajo sospecha después de un motín sin precedentes dentro del fútbol mundial.

La FIFA anunció en la noche del viernes que no seguirá adelante con el proyecto de vender una participación minoritaria de su brazo comercial y de eventos a inversores privados, un plan que había provocado una ola de rechazo desde Europa, Norteamérica y Asia.

“Tras escuchar atentamente todas las opiniones, ha quedado claro que el proyecto ha creado divisiones de tal naturaleza que, independientemente del nivel de apoyo, ya no responde al objetivo inicial”, admitió Infantino en un comunicado. “Nuestro propósito siempre ha sido —y siempre será— unir y mejorar. Como resultado, esta propuesta no seguirá adelante”.

El proyecto que encendió todas las alarmas

El organismo había presentado el martes una nueva entidad, FIFA Forward Enterprises (FFE), que pasaría a gestionar sus principales competiciones, incluidos los Mundiales y los Mundiales de Clubes. La idea: vender un 21 por ciento de esa sociedad a capital externo.

La operación aspiraba a recaudar 4.200 millones de dólares, dinero que, según la propia FIFA, se liberaría de inmediato para sus 211 asociaciones miembro a través de un nuevo canal de financiación bautizado como FIFA Fast-Forward Programme (FFFP). Con ello, el organismo calculaba que su inversión total en desarrollo superaría los 10.000 millones de dólares en los próximos cuatro años.

El plan incluía un sistema de incentivos contundente. Incluso si una federación votaba en contra de la creación de FFE pero la propuesta salía adelante, recibiría 20 millones de dólares en el ciclo 2027-30, 22 millones en 2031-34 y 24 millones en 2035-38, sin importar si finalmente se vendía o no un porcentaje de FFE a inversores privados. Quien apoyara el proyecto duplicaría ese primer tramo: 40 millones en 2027-30. A partir de ahí, las cantidades serían idénticas.

En teoría, una lluvia de dinero sin precedentes. En la práctica, la chispa que encendió una rebelión política.

UEFA, Concacaf y AFC marcan la línea roja

La respuesta de las grandes confederaciones llegó con una dureza poco habitual. UEFA fue la primera en fijar una posición de ruptura: sus 55 asociaciones amenazaron con boicotear todas las competiciones FIFA, incluidos los Mundiales, si el proyecto seguía sobre la mesa.

Concacaf y la confederación asiática (AFC) se alinearon después con la postura europea. Entre las tres, representan a 137 de las 211 asociaciones miembro de FIFA. Una mayoría potencial capaz de tumbar cualquier reforma.

La FIFA trató de aguantar el pulso. En la mañana del viernes en Europa, emitió un comunicado en el que insistía en que “nadie está vendiendo el fútbol” y aseguraba que, aunque “reconoce y respeta” las críticas públicas, seguiría adelante con la propuesta, reafirmando su compromiso con una “consulta abierta y democrática”.

El mensaje sonaba a desafío. Duró unas horas.

La AFC respondió poco después con otro comunicado en el que se declaraba en solidaridad con UEFA y Concacaf. No había matices. Había bloque.

CONMEBOL, por su parte, optó por un tono más contenido. No rechazó de forma frontal el plan, pero recordó que las decisiones financieras y comerciales “deben servir siempre a los intereses del fútbol y nunca imponerse sobre su esencia”. Una advertencia sutil, pero significativa, desde Sudamérica.

La rebelión interna que desnudó al presidente

El golpe más duro para Infantino no llegó desde fuera, sino desde dentro de su propia estructura. Primero dimitió su asesor Carlos Cordeiro, que dinamitó el proyecto en un texto demoledor: lo calificó de “mal negocio para las asociaciones miembro de FIFA, mal negocio para el fútbol y mal negocio para el futuro a largo plazo del juego”.

Después habló Kevin Lamour, director de operaciones de FIFA, en declaraciones a Associated Press. Afirmó que el personal había sido “engañado” por Infantino y confesó que dormiría mejor tras hacer públicas sus críticas, aunque eso le costara el puesto.

“Es el proyecto de una sola persona”, sentenció Lamour. “No solo este proyecto no debe seguir adelante… ha llegado el momento de que los líderes políticos del fútbol se hagan las preguntas correctas y tomen las decisiones adecuadas”.

Con su cúpula fracturada y las confederaciones mayores alineadas en contra, el margen de maniobra de Infantino se evaporó. Joshua Kushner, a través de su firma de capital riesgo Thrive, no se había retirado del acuerdo hasta la noche del viernes, pero la cuestión ya era irrelevante: sin apoyo político, no había negocio posible.

La FIFA necesitaba el respaldo de la mayoría de sus 211 asociaciones y la aprobación de su Consejo, formado por 37 miembros, entre ellos Infantino y ocho vicepresidentes. Tras la cascada de comunicados, esa mayoría dejó de ser un escenario realista.

Horas después del mensaje de CONMEBOL, llegó el giro definitivo: un nuevo comunicado de FIFA tiraba todo por la borda. El plan quedaba oficialmente muerto.

Un liderazgo cuestionado a menos de tres años de las elecciones

La semana no solo se llevó por delante un proyecto estratégico. Golpeó directamente la autoridad del presidente. Reuniones internas de UEFA y Concacaf, celebradas el jueves, pusieron sobre la mesa por primera vez de forma abierta el futuro liderazgo de Infantino, según informó The Athletic.

Hasta hace muy poco, el suizo se encaminaba a las elecciones de marzo de 2027 sin oposición a la vista. Varias federaciones ya habían presentado cartas formales de apoyo a su reelección. Ese escenario ha cambiado.

“Mi impresión clara ahora mismo es que ha perdido una gran parte de la confianza”, afirmó Lise Klaveness, presidenta de la Federación Noruega, en declaraciones al medio VG. “No votamos por él la última vez y hemos sido escépticos con esto. Hay muchas cosas buenas en FIFA, pero si te relajas con los principios de gobernanza y las reglas, pierdes la confianza muy rápido”.

Infantino llegó al cargo en febrero de 2016, heredando una FIFA marcada por los escándalos de la era Sepp Blatter y prometiendo transparencia y reformas. Siete años y medio después, se enfrenta a la imagen de un presidente que impulsó en solitario un proyecto de privatización parcial del negocio y que tuvo que retirarlo a toda prisa ante la amenaza de boicot y la deserción de sus propios hombres.

Lo que empezó como una batalla de ideas sobre el futuro comercial del fútbol se transformó en una batalla por la supervivencia política. Infantino ha elegido preservar su cargo. La pregunta es a qué precio.

Las nominaciones para la presidencia de 2027 deben presentarse antes de noviembre. Esta vez, nadie da por hecho que su nombre vaya a estar solo en la papeleta. Se avecina una campaña como no se veía en la FIFA desde hace mucho tiempo.

Gianni Infantino y la crisis de liderazgo en FIFA: el plan abortado