Logotipo completo Juego Final

Everton y su desafío en las bandas: ¿quién se unirá a Moyes?

Everton, ante un verano de alas rotas: ¿quién volará por las bandas de Moyes?

Durante buena parte de la temporada pasada, el dibujo de David Moyes tenía dos certezas en los costados: Dwight McNeil partiendo desde la derecha e Iliman Ndiaye atacando desde la izquierda. Eran los puntos fijos de un equipo que se reconocía en sus extremos.

Ese paisaje está a punto de desaparecer.

McNeil, a un paso de Crystal Palace, y con Al Hilal empujando fuerte por Ndiaye, obligan a Everton a imaginarse un estreno liguero con dos caras nuevas en las bandas. No es un simple reto táctico. Es un cambio de identidad.

La incógnita Grealish

En ese escenario aparece un nombre que todavía resuena en Goodison Park: Jack Grealish.

El inglés dejó muy buenas sensaciones en sus 22 partidos de cesión desde Manchester City la pasada campaña. Brilló especialmente en el primer tramo del curso, cuando su pausa, su conducción y su capacidad para atraer rivales le dieron a Everton un aire distinto entre líneas y en el uno contra uno. Parecía el fichaje perfecto para darle colmillo y pausa al mismo tiempo al ataque de Moyes.

Hasta que en enero llegó la lesión en el pie y cortó en seco su temporada.

Un posible regreso está sobre la mesa, pero nada es seguro. Sin garantías, Moyes no puede construir su plan alrededor de él. Y eso obliga a mirar hacia dentro.

Dibling, un fichaje caro que aún no despega

Tyler Dibling es el gran interrogante interno. Everton pagó 40 millones al Southampton el verano pasado para traerlo como proyecto de estrella, pero su primer año en Merseyside fue casi un paréntesis.

Solo cuatro titularidades en Premier League, mucha travesía en el banquillo y la sensación de haber quedado tapado en cuanto llegó Grealish. Un jugador fichado para ser protagonista terminó en la sombra.

Ahora, con las bandas abiertas por las posibles salidas de McNeil y Ndiaye, Dibling se encuentra ante una segunda oportunidad que no suele conceder el fútbol de élite: justificar su precio y su apuesta. O se asienta como titular… o corre el riesgo de quedar etiquetado como un lujo prescindible.

Tyrique George, el obrero que se ganó a Moyes

Más silencioso, pero quizá más preparado para el impacto inmediato, aparece Tyrique George.

Everton lo incorporó desde Chelsea por 24 millones tras una cesión convincente en Merseyside la pasada campaña. Solo jugó 11 partidos, con una única titularidad, pero dejó una impresión clara: entiende lo que pide Moyes.

Su entrenador lo definió como “excellent boy with an excellent work-rate”. Más allá de la frase, el mensaje es nítido: es un extremo de confianza, disciplinado, dispuesto a trabajar sin balón y a repetir esfuerzos una y otra vez por la banda. Ese perfil, en un equipo de Moyes, vale oro.

Si las salidas se confirman y no llega un refuerzo de campanillas, George tiene la puerta abierta para colarse en el once del primer día. No es el nombre más ruidoso, pero sí uno de los que mejor encajan en la pizarra del técnico escocés.

Merlin Rohl, la carta versátil

En la baraja también está Merlin Rohl, que ya ha ocupado posiciones abiertas en algunos partidos.

No es un extremo puro, ni un especialista de línea de cal, pero su versatilidad le da a Moyes una alternativa distinta: un falso extremo que puede meterse por dentro, asociarse y ayudar en la salida de balón. En una plantilla en reconstrucción por fuera, ese tipo de recurso puede ser decisivo en determinados partidos o como ajuste durante los encuentros.

McNeil, Palace y un intercambio que lo cambia todo

Mientras Moyes revisa su libreta interna, el caso Dwight McNeil ha dado un giro que puede alterar el paisaje de las bandas no solo por su salida, sino por lo que podría llegar a cambio.

El extremo de 26 años estuvo muy cerca de irse a Selhurst Park a principios de febrero. Crystal Palace había acordado una operación de cesión con obligación de compra, que se habría convertido en un traspaso definitivo de 20 millones este verano. McNeil pasó reconocimiento médico, tenía la maleta hecha… y el traspaso se cayó en el último suspiro por problemas con la documentación.

El golpe fue tan fuerte que incluso su pareja, Megan Sharpley, lo hizo público en redes sociales, con un mensaje crudo sobre el impacto emocional de una operación que se derrumba en el último minuto. Habló de promesas rotas, de una montaña rusa emocional y de lo que supone jugar con la salud mental de futbolistas jóvenes, más allá del dinero que ganan.

Aquella historia parecía cerrada. Pero el fútbol rara vez cierra del todo una puerta.

El acuerdo se ha reactivado, esta vez con un giro clave: Brennan Johnson entra en el intercambio. La operación, si se concreta en los términos planteados, no solo supondría la marcha de McNeil, sino la llegada de un atacante con velocidad, desborde y gol, capaz de actuar por fuera y por dentro.

Para Everton, eso cambia el tono de la conversación. Ya no se trata solo de perder a un titular consolidado, sino de redibujar la línea de ataque con un perfil distinto, más vertical, más directo.

Un verano decisivo en los costados

Entre la posible vuelta de Grealish, la necesidad de que Dibling justifique su inversión, la fiabilidad silenciosa de George, la polivalencia de Rohl y el posible trueque McNeil–Johnson, las bandas de Everton se han convertido en el gran laboratorio táctico de Moyes.

El entrenador escocés, que siempre ha construido equipos reconocibles desde la solidez y el trabajo, afronta ahora un reto diferente: rehacer casi por completo sus alas en un solo verano.

La pregunta ya no es solo quién ocupará las bandas en la primera jornada. La verdadera cuestión es otra: de la mano de qué extremos va a escribir Everton su próxima versión competitiva.