Estados Unidos vs Australia: Un duelo más allá de la fase de grupos
En el mapa global del torneo, este duelo quizá no estaba subrayado con rotulador fluorescente fuera de Estados Unidos y Australia. Pero el fútbol no se juega en los calendarios, sino en la memoria reciente. Y ahí, este cruce entre la selección estadounidense y los Socceroos se ha convertido en algo mucho más grande que un simple partido de fase de grupos.
Un amistoso bronco en Colorado, una previa cargada de desprecio desde ciertos sectores mediáticos en Estados Unidos, una Australia subestimada que ha empezado el torneo con paso firme. De repente, este posible desempate del Grupo D viene con picante extra.
De “lay-up” a amenaza real
Cuando se realizó el sorteo, el exjugador de Major League Soccer Mike Grella calificó a Australia como un “lay-up” para el anfitrión. Landon Donovan, hoy analista en Fox Sports, fue todavía más allá: pronosticó a los Socceroos como colistas del grupo y tildó al seleccionador Tony Popovic de “engreído”.
El guion, sin embargo, se les ha ido cayendo de las manos. Donovan ya ha quedado en evidencia varias veces durante el torneo. Señaló a Francia como “arrogante” y se ganó la respuesta airada de figuras como Zlatan Ibrahimovic y Thierry Henry. Si hay que elegir voces autorizadas para hablar de fútbol, cuesta no mirar hacia ellos antes que hacia él.
En el vestuario de Estados Unidos, ese ruido mediático no ha calado.
“Todas esas cosas que se dicen son tonterías para mí”, zanjó Tim Weah el martes. “Cuando miras al equipo australiano, es un equipo joven que tiene mucha lucha, mucha garra y mucha hambre, igual que nosotros. Los respetamos como a cualquier otro rival. No sé qué intenta hacer la prensa, pero nosotros no estamos centrados en eso. Estamos centrados en el panorama general y en hacer lo que tenemos que hacer como equipo para estar preparados”.
La pregunta flota en el aire: ¿qué intenta hacer la prensa? Una teoría sencilla: parte de los medios en Estados Unidos, con dudas sobre las opciones reales de su selección, se aferraron a lo que veían como un partido ganable. Es más fácil burlarse de una Australia lejana, casi exótica para el gran público, que de nombres más pesados del cuadro, como la siempre intrigante Türkiye o una selección sudamericana como Paraguay, envuelta en el aura mística de su continente.
Se entiende la lógica. Pero el efecto boomerang es evidente: hoy son los Socceroos quienes amenazan seriamente el dominio estadounidense en el grupo. Y dejan a más de uno en Estados Unidos con aspecto de haber hablado demasiado pronto.
Colorado, la herida que sigue abierta
En el seno de la selección estadounidense, la memoria viaja inevitablemente a octubre, a ese amistoso en Colorado que fue cualquier cosa menos amistoso. Aquella fue la primera derrota de la era Popovic al frente de Australia, pero el marcador no cuenta toda la historia.
El partido se convirtió en una batalla física mal administrada por el árbitro. “El arbitraje fue absolutamente atroz, los dos equipos se salieron con la suya en demasiadas acciones”, recuerda quien estuvo a pie de campo. Christian Pulisic terminó lesionado tras un trato duro por parte de Jason Geria. El duelo se calentó tanto que Mauricio Pochettino, furioso al descanso, exigió a sus jugadores que dejaran de dejarse avasallar.
Sebastian Berhalter lo tiene grabado: “Viendo ese partido del año pasado, se veía que ellos estaban metidísimos. Iban fuerte a los choques, y creo que esa es una de las razones por las que Mauricio tuvo aquella arenga al descanso y dijo: ‘Estos tipos no pueden pasarnos por encima a patadas’. Creo que tenía razón”.
Estados Unidos acabó ganando 2-1, elevando el nivel de agresividad en la segunda parte y negándose a ser el equipo intimidado. Curiosamente, los dos goles llegaron cuando Pulisic ya no estaba sobre el césped.
Para Tim Weah, aquel choque dejó huella positiva. “Ese partido en Colorado fue divertido. Esa experiencia fue divertida. Fue agresivo. Creo que desde ese partido hemos cambiado mucho. Nosotros también nos hemos vuelto un poco más agresivos”.
El mensaje que baja del cuerpo técnico es claro. Pochettino lo resumió con precisión: “Creo que tenemos que jugar al límite de la línea. Sin cruzar las líneas del reglamento”. Estados Unidos se prepara para un combate físico, pero con la intención de controlar hasta dónde llega esa intensidad.
Berhalter, que debutó en un Mundial sustituyendo a Pulisic en la segunda parte ante Paraguay, puede ser pieza clave en esa batalla. “Va a ser un partido físico, pero divertido, y estamos emocionados”, afirmó. Y dejó un guiño que encaja a la perfección con el ADN de este duelo: “[Los Socceroos] van a pelear. Nos gustan los equipos que tienen esa hermandad, ¿sabes? Nos gustan los equipos en los que ves que tienen hambre, que quieren luchar”.
Estados Unidos se mira al espejo y ve algo parecido. Ahí reside el choque de fondo.
Los cachorros de Popovic y un techo lejano
Si algo dejó claro Tony Popovic tras la victoria por 2-0 ante Türkiye fue que este equipo australiano está apenas en la planta baja de lo que puede llegar a ser. El resultado, construido sobre una defensa muy sólida y contragolpes clínicos, sirvió de inyección de confianza, pero no de punto final.
“Sí, esto debería darles un impulso, por supuesto”, admitió. Pero enseguida puso el freno a la euforia. “¿Techo? Están muy lejos de él. Es un grupo joven, sin experiencia en el Mundial, con experiencia muy limitada en la selección. Su techo debería llegar dentro de cuatro u ocho años, realmente, para la mayoría de estos chicos. Sabemos que necesitamos tiempo, pero estamos encantados con el resultado”.
Los datos respaldan su discurso. El once titular que presentó Australia en Vancouver tenía una media de edad de apenas 24 años y 226 días, la más joven de su historia en un Mundial. Siete jugadores de la lista —Lucas Herrington, Patrick Beach, Mohamed Touré, Alessandro Circati, Cristian Volpato, Paul Okon-Engstler y Nestory Irankunda— tendrán 22 años o menos en el primer día del torneo. Entre las 48 selecciones participantes, solo Senegal lleva más futbolistas tan jóvenes: ocho.
Popovic no solo está compitiendo en el presente; está construyendo una generación. Y lo hace en un escenario en el que, paradójicamente, muchos fuera de Australia siguen viéndolos como comparsa.
Lumen Field, ruido, acero y un grupo que se alimenta del estruendo
El escenario de este nuevo capítulo será Seattle Stadium, Lumen Field, una joya arquitectónica y acústica que no necesita presentación para los aficionados de Seattle Seahawks y Seattle Sounders. El fondo norte se abre hacia el skyline de la ciudad, con una grada en forma de pirámide coronada por una torre de pantallas que se funde con el paisaje urbano. Es un estadio que no solo se ve: se siente.
Su fama de caldera está más que ganada. Sus aficionados han llegado a generar ondas sísmicas equivalentes a un terremoto de magnitud 2,3. No es un tópico: es ciencia.
Cristian Roldan, jugador de Seattle Sounders desde 2015, sabe mejor que nadie lo que espera al equipo nacional. “Espero completamente que este público sea extremadamente ruidoso. Y van a energizar a nuestro grupo”, aseguró. “Este es uno de los estadios más ruidosos del mundo cuando piensas en los partidos de Seahawks o de Sounders. Solo con ver el partido de Belgium contra Egypt y cómo fue el ambiente, espero totalmente que la ciudad de Seattle salga, se haga notar, y creo que los chicos van a sentir ese tipo de energía”.
Lumen Field albergará seis partidos en este Mundial, con una capacidad de 66.925 espectadores. Hoy, esa mole de acero y hormigón será el amplificador perfecto de una historia que viene cociéndose desde hace meses: una selección anfitriona que no quiere volver a ser acusada de blanda, frente a una Australia que ha hecho de la irreverencia su carta de presentación.
La previa mediática en Estados Unidos quiso pintar a los Socceroos como un trámite. El césped, como casi siempre, tiene otra opinión. Y ahora la pregunta ya no es si Australia será un “lay-up”, sino si Estados Unidos está preparado para soportar otro golpe de realidad en su propia casa.
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