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España aplasta a Inglaterra 4-0 y las deja al borde de la repesca

España firmó una noche histórica en Mallorca. Un 4-0 contundente, sin discusión, que se convierte en la derrota más dura de la era Sarina Wiegman al frente de Inglaterra y que deja a las vigentes campeonas de Europa mirando de reojo a la repesca para estar en el próximo Mundial.

No fue un accidente. Fue una superioridad sostenida de principio a fin.

España pasa por encima desde el primer minuto

Desde el pitido inicial, el guion quedó claro: España con el balón, marcando el ritmo, abriendo líneas de pase por dentro y por fuera; Inglaterra, persiguiendo sombras. Sobre el papel, el ataque inglés imponía respeto. Sobre el césped, no llegó a conectar ni un solo disparo entre los tres palos en 90 minutos. Ni uno.

El tono del partido se escribió pronto. Patricia Guijarro cruzó el centro del campo con una tranquilidad insultante, levantó la cabeza y soltó un disparo desde unos 25 metros. El balón tocó en una defensora, descolocó a Hannah Hampton y terminó en la red en el minuto 19. 1-0 y un mensaje claro: España iba en serio.

El gol no despertó a Inglaterra. La descolocó aún más. España olió la fragilidad y subió una marcha. La circulación se aceleró, las combinaciones en tres cuartos se multiplicaron y las inglesas empezaron a llegar tarde a todos los duelos.

Antes del descanso, Alexia Putellas castigó de nuevo. Recibió, se perfiló y conectó un disparo ascendente que superó a Hampton y dobló la ventaja. El 2-0 reflejaba lo que se veía: una selección jugando a lo que quería y otra sin respuestas.

El descanso no cambia nada: Alexia sentencia

Ni el vestuario ni la charla de Wiegman lograron frenar la avalancha. Inglaterra salió con la intención de ajustar líneas, pero la realidad fue la misma: España mandaba, Inglaterra sufría.

Once minutos después de la reanudación, Putellas cerró cualquier debate. Un balón suelto en el área, un desorden defensivo impropio de una campeona de Europa y la capitana española apareció para empujar el 3-0. No fue un gol bonito. Fue un gol simbólico: la imagen de una Inglaterra rota atrás, sin coordinación ni contundencia.

A esas alturas, el partido tenía tintes de desigualdad absoluta. Si esto hubiera sido boxeo, el combate se habría detenido mucho antes del final. Pero no había campana que salvara a las Lionesses, obligadas a soportar una última media hora de persecución constante.

España no afloja y Pina completa la goleada

Con el marcador claramente a favor, España no se conformó. Siguió presionando arriba, mordiendo cada salida inglesa, buscando el cuarto tanto que hiciera todavía más profunda la herida.

Guijarro rozó el doblete con un remate al larguero tras un saque de esquina, otro aviso de que la selección local no pensaba levantar el pie. Inglaterra apenas conseguía cruzar la línea del centro del campo con cierto control. Cada pérdida se convertía en una ocasión potencial.

La resistencia inglesa solo aguantó hasta que apareció Claudia Pina. La suplente controló y definió con calma, con la naturalidad de quien entrena ese gesto a diario, para firmar el 4-0 y cerrar una actuación impecable de España. Un resultado que deja a las locales a un solo trámite: ganar a la modesta Islandia para sellar su billete a Brasil.

Para Inglaterra, el panorama es mucho más áspero: todo apunta a que tendrá que pasar por la repesca.

Stanway y Walsh, sin excusas y sin respuestas

En el césped, el rostro de las inglesas lo decía todo. En las entrevistas, las palabras fueron igual de contundentes.

Georgia Stanway no buscó atajos al analizar lo ocurrido. Admitió que “el mejor equipo ganó”, que Inglaterra “llegó tarde en todas las zonas”, que faltó calidad y precisión en los momentos clave. Recordó que el grupo sigue abierto, que están igualadas a puntos con España y que el próximo partido del martes es ahora una final encubierta.

Keira Walsh fue todavía más gráfica al describir la sensación de agobio: “Tenían cuerpos por todas partes”, explicó, subrayando lo difícil que resultó para Inglaterra salir incluso de su propia área. Reconoció que no tenía “soluciones ahora mismo”, con las emociones a flor de piel tras un golpe de este tamaño. La capitana se aferra a la única vía posible: ganar el siguiente partido y esperar que Islandia les haga un favor ante España.

Wiegman, ante un escenario inédito

Sarina Wiegman tampoco maquilló la realidad. Habló de “una noche muy difícil”, de una diferencia “muy grande” entre ambos equipos. Aceptó que Inglaterra no jugó a sus fortalezas y que, por contra, permitió que España explotara las suyas.

La seleccionadora neerlandesa evitó refugiarse en excusas sobre la falta de ritmo competitivo o el calendario. Recalcó que “España fue mucho mejor” y que su equipo no supo encontrar las “pockets” de espacio ni conservar la pelota cuando lograba superar la primera línea de presión. Un diagnóstico duro, pero ajustado a lo que se vio.

Wiegman admitió que no había vivido un momento así con Inglaterra en casi cinco años al mando. Ahora, su reto es inmediato: “mantenerse unidas”, recuperarse emocionalmente y ofrecer una respuesta el martes. Ya no dependen de sí mismas para estar en el Mundial sin repesca, pero sí pueden decidir cómo reaccionan a esta humillación.

España, mientras tanto, tiene el camino despejado: le basta con cumplir ante Islandia para sellar el billete a Brasil y enviar definitivamente a las campeonas de Europa a la ruta larga. La cuestión ya no es solo si Inglaterra llegará al Mundial, sino cómo le afectará este golpe en la confianza de un grupo que hasta ahora parecía casi intocable.