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España destroza a Inglaterra en la clasificación para el Mundial

Inglaterra solo necesitaba no perder. Un empate en Mallorca bastaba para sellar el billete directo al Mundial femenino de 2027. Salió con un 4-0 en contra, la derrota más dura en 17 años, y la sensación de haberse asomado de golpe al abismo.

La noche que debía consolidar el proyecto de Sarina Wiegman se convirtió en una exhibición de España y en un baño de realidad para las Lionesses. El marcador no admite matices, pero el desarrollo fue todavía más cruel: Inglaterra nunca estuvo cerca.

Un golpe que duele… y mucho

Wiegman no escondió el dolor. Habló de “frustración”, de un partido “decepcionante”, de una diferencia “muy grande” con España. Sobre todo, admitió algo que se vio desde el primer minuto: su equipo fue incapaz de encontrar otra marcha.

Inglaterra llegó a Mallorca con un margen de tres puntos al frente del Grupo A3 y con la clasificación directa al alcance de la mano. Sale obligada casi con toda seguridad a pasar por dos rondas de play-offs en otoño, a expensas de un tropiezo español en Islandia que hoy suena más a deseo que a escenario real.

El plan era sencillo: puntuar ante las campeonas del mundo y rematar la faena en casa contra Ucrania el martes. La realidad es otra. La victoria ante Ucrania (20:00 BST) solo tendrá valor si España se deja puntos en Reikiavik. El destino del grupo ya no está en botas inglesas.

España pasa por encima

El contexto invitaba a la cautela. Visitar a la campeona del mundo, en casa, con un bloque que llega en plena euforia tras el éxito del Barcelona en la Champions femenina, es probablemente el examen más duro que existe hoy en el fútbol de selecciones. Pero lo que se vio fue algo más que una derrota lógica: fue una superioridad abrumadora.

España mandó desde el arranque. Patri Guijarro abrió la brecha con una acción que retrató el tono de la noche: túnel a Georgia Stanway y disparo que, desviado, dejó sin opciones a Hannah Hampton. Era el 1-0 y ya se intuía que Inglaterra sufría para respirar.

La zaga inglesa, sin la capitana Leah Williamson, se vio desbordada. Keira Walsh, con el brazalete, reconoció después que “simplemente no estuvieron a la altura”. No lo parecían. Cada pérdida se convertía en una ola roja. Cada intento de salida, en un ejercicio de supervivencia.

El segundo llegó con la firma de una leyenda. Alexia Putellas atacó el espacio, recibió filtrado, encaró y batió a Hampton antes del descanso. España encontraba pasillos por dentro y por fuera; Inglaterra no encontraba ni una línea de pase.

Tras el descanso, nada cambió. Inglaterra siguió imprecisa, sin ideas, sin un solo tiro a puerta en toda la noche. El tercer gol fue casi una metáfora: Lucy Bronze salvó sobre la línea, pero la primera en reaccionar fue, de nuevo, Putellas, que empujó el rechace para el 3-0. Instinto, jerarquía, hambre.

Y cuando Putellas se marchó, el nivel no bajó. Entró Aitana Bonmatí, tres veces Balón de Oro, para subrayar la diferencia de recursos. Aitana asistió a Claudia Pina, otra suplente de lujo, para el cuarto. La jugada fue limpia, precisa, casi cruel por la facilidad con la que desnudó a una Inglaterra ya entregada.

Inglaterra, sin energía ni respuestas

Las voces inglesas más autorizadas no buscaron excusas. Fran Kirby habló de un equipo “abatido” que “aprende a base de golpes como este”. Karen Carney fue aún más tajante: “Noche para olvidar, fuimos segundos en todo. España fue muy superior en cada zona del campo”.

La falta de energía fue evidente. La temporada de la WSL terminó el 16 de mayo y muchas jugadoras llegaron con menos ritmo competitivo que sus rivales, varias de ellas recién coronadas en Europa con el Barcelona. El contraste físico y mental se notó en cada duelo dividido.

Las decisiones también quedarán bajo la lupa. Wiegman apostó por Ella Toone por delante de Lucia Kendall, pese a que la centrocampista del Manchester United acaba de regresar de cuatro meses de baja. El medio campo nunca logró imponerse, ni con balón ni sin él. La posesión se esfumaba en segundos, la presión llegaba siempre tarde.

El resultado: un equipo “lento, impreciso y sin soluciones”, en palabras implícitas de sus propias protagonistas. Walsh habló de la sensación de que España tenía “cuerpos por todas partes” y de la imposibilidad de salir del área propia. Inglaterra quedó encerrada, reducida a esperar un pitido final que no llegaba nunca.

Un aviso a un año del Mundial

El contexto global agrava el golpe. Falta un año para que arranque el Mundial en Brasil y esta goleada abre interrogantes serios sobre el techo real de las Lionesses frente a la élite absoluta. La campaña de clasificación había sido sólida, con este 4-0 como única mancha. Pero qué mancha.

Wiegman, fiel a su estilo, habló de revisar, recuperar y “seguir juntas” antes de Ucrania. Sabe que el escenario cambia por completo si la clasificación no llega de forma automática. El tiempo de preparación, la planificación, la gestión de cargas… todo se altera si hay que pasar por un play-off.

En el vestuario, el mensaje es claro: queda una “pequeña oportunidad”, como recordó Walsh, y pasa por ganar el martes y rezar por un favor de Islandia. España, con este 4-0 y el cara a cara a su favor, solo necesita igualar el resultado inglés para cerrar el grupo desde lo más alto.

La realidad es que la diferencia de nivel vista en Mallorca no se arregla con una carambola en otro campo. España jugó “a su mejor nivel”, como reconocen desde Inglaterra, y las Lionesses “no se presentaron realmente”. Esa combinación, ante una campeona del mundo desatada, no perdona.

Ahora la pregunta es otra: ¿habrá sido este el golpe que despierte a Inglaterra a tiempo para Brasil, o el inicio de un año caminando a contracorriente?