España se impone 4-0 a Arabia Saudí en el Mundial: Yamal y Oyarzabal brillan
Había ruido. Mucho. El 0-0 ante Cabo Verde había dejado dudas, miradas torcidas y un murmullo incómodo alrededor de una selección que se supone candidata. En Atlanta, España respondió como responden los equipos serios en los grandes torneos: con un golpe sobre la mesa. 4-0 a Arabia Saudí, partido resuelto antes de la primera pausa de hidratación y una sensación nítida: La Roja ya está en el Mundial.
El guion tuvo dos protagonistas claros: Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal. Uno, el chico que hace dos años veía el Mundial desde el pupitre del colegio. El otro, el delantero que siempre aparece, incluso cuando arrastra molestias. Entre ambos desmontaron a Arabia Saudí en 25 minutos de fútbol afilado, vertical y despiadado.
Lamine Yamal, chispa y primer rugido mundialista
Luis de la Fuente lo devolvió al once tras su aparición eléctrica ante Cabo Verde y el impacto fue inmediato. Desde el primer balón, Lamine jugó como lo que ya es: referencia ofensiva. Regate, centro, disparo. Todo a máxima velocidad. Todo hacia delante.
El premio llegó pronto. Minuto 11. España encadena 39 pases, mueve a Arabia de lado a lado y el balón acaba, cómo no, en el costado derecho. Centro tenso de Oyarzabal, balón que se envenena en el segundo palo y Lamine, casi sin ángulo, mete la punta de la bota para firmar su primer gol en un Mundial en su primera titularidad. No fue una obra de arte de videoteca, fue un gol de área pequeña. Y eso, para España, vale oro: su talento ya no es solo estética, también números.
En la grada, su madre y su familia. En el césped, un chico que hace nada seguía las finales por televisión y hoy actúa como líder de selección. Yamal jugó media parte, la que hacía falta. Apretó, desbordó, marcó, contagió intensidad y se marchó al descanso con la misión cumplida y el torneo todavía por delante.
Oyarzabal, doblete, barra libre… y un larguero que negó el hat-trick
Si Lamine encendió la mecha, Oyarzabal fue el martillo. El 2-0 llegó en el 21’, en una jugada sucia, de área, de insistencia. Balón suelto en el segundo palo y el atacante de la Real Sociedad mete la pierna justo donde duele. Poca estética, máxima eficacia. Arabia Saudí ya estaba tambaleándose.
No tuvo tiempo ni de reaccionar. Dos minutos después, minuto 23, otra vez Oyarzabal. Esta vez con más intención, más limpieza en el gesto. Control y definición rápida, cruzada, imposible para Mohammed Al Owais. 3-0 y partido prácticamente cerrado antes de que los jugadores se acercaran a la banda a beber agua.
Pudo ser una noche histórica para él. En el 36’, un error grosero de Al Owais le regaló el balón. Oyarzabal no se lo pensó, golpeó de primeras y el estadio contuvo el aliento. El balón se estrelló en la parte superior del larguero. El hat-trick se escapó por centímetros.
De la Fuente no quiso tentar a la suerte ni a las molestias que arrastraba el delantero. Al descanso, cambio. Oyarzabal y Lamine al banquillo, ovación y gestión perfecta de esfuerzos con Uruguay ya asomando en el horizonte. El seleccionador, que celebró sus 65 años el domingo, se regaló una primera parte de manual.
Menos ritmo, mismo dominio… y un autogol que agranda una estadística negra
Con el 3-0, España levantó ligeramente el pie del acelerador tras el descanso, pero no perdió el control. El balón siguió siendo suyo, el partido también. Arabia Saudí apenas encontró aire. No hubo el mismo vértigo, sí la misma autoridad.
El 4-0 llegó en una acción que resume el momento de los defensas en este Mundial. Saque de esquina, peinada en el primer palo y remate de Marc Cucurella que obliga a una gran parada de Al Owais. El portero reacciona, pero el rebote pega en Hassan Al Tambakti y se cuela en su propia portería. Autogol y otra muesca en una estadística cruel: ya son ocho en este torneo, a un ritmo de casi uno cada cuatro partidos, el registro más alto de la historia de los Mundiales salvo el de 2018, con la fase de grupos aún a medio camino.
España siguió mandando sin forzar la máquina. Tocó, maduró las jugadas y apenas concedió. La sensación de fragilidad que dejó el empate ante Cabo Verde se diluyó entre pases y recuperaciones rápidas. Esta vez sí, La Roja jugó en campo rival, con la verticalidad y la intensidad que el propio De la Fuente había reclamado tras el debut.
El quinto que no fue y un mensaje para el grupo
En el añadido, la goleada pudo ser aún más contundente. Minuto 90+2. Centro de Fabián Ruiz desde la izquierda y aparición de Ferran Torres para empujar el 5-0. España celebró, el banquillo sonrió… hasta que entró en escena el VAR.
La revisión se alargó. Minuto 90+5, decisión final: fuera de juego y gol anulado. Nada que cambiara el fondo de la historia, pero sí un pequeño recordatorio de que en este Mundial nada se da por hecho ni siquiera con el tiempo cumplido.
El 4-0 deja a España en lo alto del Grupo H, a la espera del duelo entre Uruguay y Cabo Verde. Arabia Saudí cae al último puesto. El golpe anímico, esta vez, cambia de lado.
De la Fuente encuentra el tono que pedía
El seleccionador lo había dicho claro tras el tropiezo inaugural: hacía falta más verticalidad, más intensidad, más tiros, más colmillo. Ante Arabia Saudí, su equipo respondió desde el primer minuto. España asfixió la salida rival, encerró a los asiáticos en su área y disparó sin contemplaciones. La primera parte fue, en sus propias palabras, excepcional; la segunda, “buena”, suficiente para mantener el control y reservar piernas.
Lamine, explicó, ya está “en perfectas condiciones” para disputar partidos completos, pero también es “bueno sacarle así, con hambre de más”. Sobre Oyarzabal, dejó caer que arrastraba un pequeño problema físico, de esos que no se cuentan, pero volvió a subrayar lo mismo: siempre rinde.
Ahora el paisaje es distinto. La goleada no otorga puntos extra, pero sí algo igual de valioso en un torneo corto: confianza, jerarquía y la sensación de que el plan existe y funciona cuando las piezas encajan.
Uruguay será otra cosa. Más duelos, más colmillo, más sufrimiento. Pero España aterrizará en ese partido con algo que no tuvo en la primera jornada: la certeza de que, con Lamine Yamal encendiendo la luz y Oyarzabal oliendo sangre en el área, su Mundial ya ha empezado de verdad.
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