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Enzo Maresca al frente del Manchester City: ¿continuidad o ruptura?

Enzo Maresca, al mando del gigante: ¿continuidad o ruptura en el nuevo Manchester City?

El dado ya está lanzado en el Etihad. Pep Guardiola se ha marchado y, por primera vez en más de una década, Manchester City mira al banquillo y no ve al arquitecto del proyecto que lo llevó a dominar Inglaterra y Europa. En su lugar aparece una cara conocida: Enzo Maresca, tercera etapa en el club, primera como jefe absoluto de la orquesta.

No llega como un extraño. Fue técnico de la academia en 2020-21 y asistente de Guardiola en la temporada del triplete de Premier League, Champions League y FA Cup en 2022-23. Conoce los pasillos, conoce la exigencia, conoce el estándar. Lo que no conoce aún es lo que supone sostenerlo él solo, con su nombre en la puerta del despacho y su cara en cada portada.

Un inicio amable… que no perdona tropiezos

El calendario le ha tendido la mano. Bournemouth, Crystal Palace y Coventry City en las tres primeras jornadas. Un aterrizaje suave para un técnico nuevo, un margen para fijar automatismos, un respiro para los internacionales que han exprimido hasta el último minuto del Mundial.

Rodri es el caso más extremo. Jugó prácticamente todo con una España campeona y es el que más riesgo tiene de pagar el esfuerzo con fatiga o lesión. Esas tres primeras citas, por nivel de rival, permiten imaginar un regreso escalonado del mediocentro sin que el equipo pierda su condición de favorito.

Pero la cara B es evidente: precisamente porque son partidos “ganables sobre el papel”, Maresca no puede permitirse regalar ni un punto. El margen de error es mínimo. Después asoman en el horizonte Manchester United y Liverpool en dos de los tres encuentros de septiembre. Ahí no solo se juegan puntos: se mide autoridad, se calibra el impacto del nuevo ciclo, se observa cómo responde el campeón sin Guardiola.

El propio Maresca definió su llegada como una “situación de ensueño”. Hereda una plantilla hecha y derecha, profunda, diseñada por Guardiola para competir por todos los títulos. “Me da la consistencia que necesito para hacer mi trabajo de forma efectiva”, explicó. Precisamente por eso, el listón no baja. Las demandas serán las mismas que con el técnico anterior, sin que nadie le garantice el blindaje emocional y deportivo que el club concedió al español.

Guardiola siempre pareció mandar en sus propios términos. Maresca tiene una relación sólida con el presidente Khaldoon Al Mubarak, pero esa complicidad no equivale a inmunidad.

Mismo idioma, otro acento

Sobre el césped, el nuevo City no será un corte y pega, pero tampoco una revolución. Maresca bebe de la misma fuente: posesión, control territorial, presión alta y agresiva. Quiere el balón y quiere mandarlo todo con él.

La diferencia está en los matices. El italiano tiende a abrir más el campo. Sus extremos juegan altos y muy abiertos, estiran la estructura, fijan laterales y centrales. Es una variación importante respecto al City reciente, donde los extremos se han acostumbrado a moverse por dentro, a ocupar carriles interiores, a generar superioridades en el centro alrededor de Rodri.

Con Guardiola, ver a un central convertirse en mediocentro o a un interior aparecer como falso lateral era casi rutina. Posiciones líquidas, constantes permutas. Maresca se inclina hacia un 4-2-3-1 más reconocible, con roles más definidos. Menos metamorfosis, más líneas claras.

Esa estructura exige una pieza clave: un mediapunta que enlace, que reciba entre líneas, que gire y conecte con el nueve y los extremos. En el Chelsea de Maresca, ese papel lo asumió Cole Palmer. En el City, las miradas se van a Phil Foden y a Rayan Cherki, dos perfiles capaces de interpretar ese rol, cada uno a su manera. Si el italiano decide replicar su libreto, el dorsal 10 será un termómetro del nuevo City.

Un vestuario más joven, con un vacío en la voz

El trabajo de Hugo Viana en los últimos mercados ha cambiado la fisonomía del vestuario. La media de edad ha caído de 29 años a poco más de 25. Una renovación calculada, pensada para alargar el ciclo competitivo. Pero cada operación tiene su coste: la marcha de Bernardo Silva, John Stones y, antes, Kevin De Bruyne, ha dejado un hueco en el liderazgo del grupo.

Rodri y Ruben Dias asumen ahora un peso mayor, tanto en el campo como en el vestuario. La temporada pasada ya se vio un Erling Haaland más presente en la jerarquía interna, más vocal, más central. Marc Guehi y Josko Gvardiol aportan experiencia y estabilidad, igual que Mateo Kovacic. La columna vertebral sigue siendo poderosa, pero las voces que marcaban el tono han cambiado.

El mercado, de momento, ha sido caro pero coherente. Elliot Anderson, fichado por una cantidad muy alta desde Nottingham Forest, llega para darle músculo y futuro al centro del campo. Jeremy Monga, reclutado desde Leicester, es otra apuesta de proyección.

En la lista de deseos todavía figuran un lateral derecho y un extremo. El club también vigila a Ayyoub Bouaddi, adolescente de Lille que brilló con Marruecos en el Mundial y que también seduce a Arsenal. La sensación es que la reconstrucción no ha terminado.

En sentido contrario, la puerta de salida puede moverse si llegan ofertas acordes a las valoraciones del club. Entre los posibles nombres: Savinho, Omar Marmoush, Nico Gonzalez, Jack Grealish, Tijjani Reijnders y Rico Lewis. Con el Mundial ya cerrado, se espera que el ritmo de las operaciones se dispare.

El gran reto: mantener una cultura ganadora sin el hombre que la encarnaba

Por primera vez desde la llegada del capital de Abu Dabi, el plan maestro no está tan claro. Durante una década, todo se orientó a un objetivo: construir un ecosistema perfecto para atraer a Guardiola a la Premier League. Ese proyecto se completó, se exprimió y terminó. La pregunta es obvia: ¿y ahora qué?

El City ha creado una cultura en la que ganar trofeos no es una aspiración, es una obligación. Cualquier cosa por debajo de eso solo se tolerará de forma muy puntual. La grada del Etihad llega al estadio esperando espectáculo, sí, pero sobre todo victorias. Maresca ya vivió en Chelsea lo que supone intentar cuadrar ese círculo: jugar bien y ganar. Allí no lo logró con la consistencia que se le exigía.

Tiene, eso sí, un contexto peculiar a su favor. No es el único novato en la élite inglesa. Andoni Iraola en Liverpool, Xabi Alonso en Chelsea y, en menor medida, Michael Carrick en Manchester United, abren un escenario inédito: varios gigantes con proyectos técnicos nuevos al mismo tiempo. El orden natural de la Premier se reescribe sobre la marcha.

En el Etihad lo leen como una oportunidad. Un terreno fértil para que quien acierte antes marque la pauta. Un “ahora o nunca” para los que se atrevan a imponer su sello en medio del ruido.

La sombra de los 115 cargos

Por encima de todo planea un asunto que no se juega en el césped: los 115 cargos de la Premier League que siguen sobrevolando al club. Maresca no solo tendrá que gestionar rotaciones, picos de forma o derrotas dolorosas; también deberá enfrentarse a ruedas de prensa incómodas, preguntas insistentes, titulares que no hablan de táctica sino de tribunales y regulaciones.

Guardiola dominó ese frente como pocos. Acostumbrado a la presión en algunos de los mayores escaparates del fútbol europeo, supo manejar la relación con la prensa, medir sus respuestas, cortar de raíz lo que no quería alimentar. Conocía bien al grupo de periodistas que sigue al City y sabía cómo frenar cualquier línea de interrogatorio.

Maresca, en cambio, solo ha recibido fuego mediático intenso en Chelsea, y casi siempre por cuestiones estrictamente futbolísticas. Ahora entra en un terreno más resbaladizo. La forma en que gestione ese foco, ese cruce constante entre lo deportivo y lo institucional, puede marcar su primer año. Siempre con una condición: que exista un veredicto dentro de ese periodo.

Entre el peso de un legado histórico, un vestuario en transición y un contexto legal en ebullición, el italiano se asoma a una temporada que no admite medias tintas. O consolida al City como la referencia de la era post-Guardiola, o abre la puerta a que otro tome el testigo. En una Premier en plena reconfiguración, ¿quién se atreverá a dejarle espacio?