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Empate entre Atletico Paranaense y Atletico-MG en Curitiba

En la noche cerrada de Curitiba, la Arena da Baixada fue el escenario de un duelo de alta tabla que terminó sin vencedor ni vencido: Atletico Paranaense 2–2 Atletico-MG, por la jornada “Regular Season - 29” de la Serie A brasileña. Un empate que, más que congelar la clasificación, la matiza: los locales se mantienen en la pelea directa por la Copa Libertadores desde el 4.º puesto con 50 puntos y una diferencia de goles total de +11 (45 a favor y 34 en contra), mientras que el conjunto mineiro consolida su candidatura a la Copa Sudamericana desde la 7.ª plaza con 44 puntos y una diferencia de goles total de +5 (39 a favor y 34 en contra).

El contexto previo ya dibujaba un choque de estilos. Atletico Paranaense llegaba con un ADN ofensivo muy marcado: en total esta campaña promedia 1.6 goles a favor por partido, que en casa se disparan a 1.8, sobre la base de un sólido 3-4-2-1 trabajado por Odair Hellmann. Enfrente, Atletico-MG, más camaleónico, alternando sistemas durante la temporada pero apostando aquí por un 4-2-3-1 clásico bajo la batuta de E. Domínguez, con un promedio total de 1.3 goles a favor y un rendimiento ofensivo claramente superior en casa que en sus viajes (1.7 frente a 1.0).

La lista de ausencias ayudó a moldear el relato táctico. Atletico Paranaense no pudo contar con F. Aguirre (sanción por amarillas), G. Benavidez (lesión muscular) ni Dantas (inactivo), tres nombres que afectan directamente la rotación defensiva y de carriles. Del lado de Atletico-MG, el parte era todavía más pesado: M. Cassierra (lesión), el guardameta Everson (lesión en el pie), A. Franco, A. Minda y A. Preciado (descanso), además de Gustavo Scarpa (inactivo) y Ruan Tressoldi (lesión muscular). Domínguez se vio obligado a reconfigurar su columna vertebral, especialmente en el eje defensivo y en la generación de juego entre líneas.

Sobre el césped, Hellmann fue fiel a la identidad que ha sostenido la campaña: 3-4-2-1 con Mycael bajo palos y una línea de tres compuesta por L. Esquivel, C. Terán y Arthur Dias. Por bandas, Gilberto y S. Mendoza daban amplitud desde la línea de cuatro del medio, con Luiz Gustavo y Jádson como doble pivote. Más arriba, Joao Cruz y K. Vargas actuaban como mediapuntas por detrás del gran referente ofensivo de la temporada: K. Viveros.

La elección no es casual. Viveros es uno de los grandes “hunters” del campeonato: 19 goles totales y 3 asistencias, con 65 remates y 46 a puerta. Es un delantero que vive en el filo de la última línea, agresivo en duelos (310 disputados, 118 ganados) y que además provoca 88 faltas, un imán de contactos que alimenta el balón parado. Frente a una defensa de cuatro de Atletico-MG, con Vitão y Lyanco en el eje y Renan Lodi por izquierda, el plan era claro: fijar centrales, atacar intervalos y castigar el espacio a espaldas de los laterales.

Atletico-MG respondió con un 4-2-3-1 de corte más asociativo. Gabriel Delfim ocupó la portería, protegido por Natanael, Vitão, Lyanco y Renan Lodi. En la sala de máquinas, Maycon y Mamady Cisse como doble pivote para dar equilibrio, con una línea de tres muy móvil formada por T. Cuello, Fred y Bernard, dejando a Reinier como referencia nominal pero con mucha libertad para caer a bandas y arrastrar marcas.

El choque de estructuras fue evidente desde el inicio. El 3-4-2-1 de Paranaense generó superioridades por dentro, obligando a Maycon y Cisse a cubrir mucho ancho. Joao Cruz, uno de los mejores asistentes de la liga con 5 pases de gol totales y 28 pases clave, se movió constantemente entre líneas, tratando de explotar los intervalos entre pivotes y centrales. Su socio ideal en salida fue L. Esquivel, lateral reconvertido a central zurdo en la línea de tres, dueño de 5 asistencias totales y 33 pases clave, que rompía líneas con conducción y precisión (83% de acierto en pases, 15 regates exitosos de 20 intentos).

En fase defensiva, el plan de Hellmann se apoyó en la fiabilidad de Arthur Dias. El joven central, con 7 amarillas totales en la temporada, es un defensor agresivo pero eficaz: 16 disparos bloqueados y 33 intercepciones totales, clave para sostener la línea alta y corregir a la espalda de los carrileros. Su tendencia al contacto físico, eso sí, mantiene siempre latente el riesgo disciplinario, en un equipo que ya presenta una distribución de amarillas muy cargada en el tramo 46-60’ (28.07%) y 76-90’ (21.05%).

Del otro lado, la presencia de Renan Lodi marcó el tono del carril izquierdo de Atletico-MG. Con 3 asistencias totales, 27 pases clave y una alta participación ofensiva (24 remates, 10 a puerta), el lateral es un verdadero lanzador desde banda. Pero también arrastra una tarjeta roja total en la temporada, reflejo de su intensidad. Su duelo con S. Mendoza y las diagonales de K. Vargas fue uno de los focos tácticos más ricos del encuentro.

En términos de patrón de juego, el empate a dos encaja con las trayectorias globales. En total esta campaña, Atletico Paranaense vive en partidos con tendencia a marcar pronto: el 26.67% de sus goles llegan entre el 0-15’ y un 24.44% entre el 46-60’, pero también sufre un 23.53% de los tantos encajados entre el 76-90’. Es un equipo que arranca fuerte, se recompone tras el descanso y se expone en el tramo final. Atletico-MG, con medias de 1.0 gol a favor y 1.2 en contra en sus viajes, acostumbra a partidos más cerrados fuera de casa, pero su capacidad de alternar sistemas —ha usado siete dibujos diferentes esta temporada— le permite adaptarse a contextos de ida y vuelta como el vivido en Curitiba.

La disciplina también pesó en la narrativa. Atletico-MG reparte sus amarillas totales con picos entre el 46-60’ (22.00%), 61-75’ (20.00%) y 76-90’ (22.00%), reflejando un equipo que tiende a sufrir y cortar transiciones cuando el partido se abre. La acumulación de expulsiones totales (rojas entre 16-30’, 61-75’ y 76-90’) subraya esa línea fina entre la agresividad y el descontrol, un factor que Domínguez deberá seguir gestionando en el tramo final de la liga.

En clave de proyección, el punto sabe distinto para cada lado. Atletico Paranaense, con 9 victorias en 15 partidos en casa y solo 1 derrota, mantiene su fortaleza en la Arena da Baixada, pero deja escapar la oportunidad de acercarse aún más a la cima. Sus 8 porterías a cero totales y una media de 1.2 goles encajados por partido sostienen el discurso de un equipo equilibrado, aunque el dato de 6 partidos sin marcar en total recuerda que, cuando Viveros no encuentra el gol, el plan ofensivo se resiente.

Para Atletico-MG, sumar en uno de los campos más difíciles del país refuerza la sensación de equipo competitivo pese a las bajas. Con 7 porterías a cero totales, pero 8 partidos sin marcar a domicilio, el reto sigue siendo encontrar continuidad ofensiva lejos de casa. La eficacia desde el punto de penalti —2 transformados de 2 en total— contrasta con la realidad de su volumen ofensivo en sus viajes, aún por debajo de la élite del campeonato.

Al final, el 2–2 en Curitiba fue el retrato fiel de lo que son hoy ambos proyectos: Atletico Paranaense, un aspirante a Libertadores sostenido por la pegada de Viveros y la proyección de piezas como Esquivel y Joao Cruz; Atletico-MG, un bloque versátil, con talento en los costados y un margen evidente de crecimiento en ataque fuera de casa. Un empate que no cierra historias: las prolonga hacia un desenlace de temporada donde cada detalle táctico —desde la gestión de los minutos finales hasta la disciplina— puede inclinar la balanza continental.