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Ecuador sufre derrota en el minuto 90 y rompe racha invicta

La noche apuntaba a continuidad, a otra página más en la larga racha invicta de Ecuador. Desde septiembre de 2024 no conocía la derrota. Pero el fútbol vive de giros bruscos, y esta vez el golpe llegó en el minuto 90, con sello de Costa de Marfil.

Moises Caicedo mandó en el centro del campo, como acostumbra. Ecuador salió con personalidad, sin complejos, y pronto empezó a inclinar el partido a su favor. En la primera parte, el equipo sudamericano fue más agresivo, más vertical, más insistente.

El aviso llegó por las bandas. Primero, John Yeboah sacudió el travesaño con un disparo potente que dejó al portero marfileño clavado. No fue un susto aislado. Alan Minda repitió el guion: otra vez el larguero, otra vez el grito de gol ahogado. La jugada había nacido de una acción marca registrada de Caicedo, una entrada limpia y contundente en campo rival que robó el balón y encendió la transición. Minda lo tenía todo para abrir el marcador. Le faltaron centímetros.

Costa de Marfil no se limitó a resistir. Cuando pudo, golpeó. Su respuesta llegó ya en la segunda mitad. Elye Wahi encontró espacio, ajustó el cuerpo y sacó un remate que también besó el travesaño. El partido se convirtió en un intercambio de advertencias, cada equipo coqueteando con el gol sin terminar de concretarlo.

Con el reloj corriendo y las defensas imponiéndose, el empate sin goles parecía firmado. Ecuador bajó un punto el ritmo, Costa de Marfil esperaba su momento. Y entonces, la jugada que cambió la noche.

Wilfried Singo, lateral derecho marfileño, arrancó con fuerza por su banda. Rompió líneas, ganó metros y, cuando la zaga ecuatoriana reculaba, eligió bien: pase al corazón del área para Amad Diallo. El atacante no necesitó controlar. Definió de primera, con sutileza, guiando el balón al rincón más bajo. Un toque preciso, letal. Minuto 90.

Ese disparo no solo decidió el amistoso. También derribó la impresionante racha de 19 partidos sin perder de Ecuador. Una serie que había reforzado la confianza del grupo y que ahora se corta con un final que duele más por la forma que por el fondo.

El calendario no da tregua. El próximo fin de semana espera Curacao, herida tras encajar un 7-1 ante Alemania horas antes. Ecuador llega tocada, pero con una oportunidad inmediata: convertir la frustración de este final cruel en combustible para empezar otra racha. La cuestión es clara: ¿cómo responde un equipo que ya se había acostumbrado a no perder cuando, por fin, el fútbol le recuerda lo frágil que es todo?