Dewsbury-Hall desafía el pesimismo: ‘Nuestro once es de Europa’
El cierre de mercado suele venderse como una fiesta. Para Kiernan Dewsbury-Hall, aquel último día en Everton fue más una montaña rusa sin cinturón de seguridad. La ilusión inicial se transformó en desconcierto y terminó en frustración. No por lo mismo que atormentó a la grada, que salió del mercado preguntándose hacia dónde va el club bajo el mando de The Friedkin Group, sino por la sensación de que el ruido exterior estaba pasando por encima de lo que ya hay dentro del vestuario.
Porque la foto final fue dura: David Moyes acabó el plazo con menos jugadores de los que tenía al principio, un solo delantero centro y sin recambio natural para ninguno de los dos laterales. Y, como guinda, el internacional estadounidense Folarin Balogun dio marcha atrás en un traspaso de 40 millones de libras minutos después de que se enviara la famosa deal sheet.
Con ese contexto, la primera pregunta se cae sola: ¿cómo está realmente el vestuario?
“Muy bien, siendo sincero”, responde Dewsbury-Hall. “Definitivamente no es el mismo ambiente que he visto desde fuera. Hay una mentalidad muy clara este año: ‘Se lo vamos a demostrar a todos’”.
El rendimiento del equipo en este arranque de temporada le da respaldo a sus palabras.
“Las reacciones me molestaron”
El centrocampista no esconde su enfado con parte del discurso que ha rodeado al club desde ese cierre de mercado.
“He visto todas las reacciones, todos los colapsos, y siendo totalmente honesto, me molestó un poco”, admite, directo. “Entiendo de dónde viene la gente; todos quieren fichar a todos y tener la plantilla perfecta. Pero aquí dentro seguimos siendo 19 tíos que esperamos llevar al club a cosas buenas este año. Y eso se estaba ignorando”.
Dewsbury-Hall va más allá: “He visto gente diciendo: ‘Tendremos suerte si nos salvamos este año’. ¿Qué mensaje le manda eso a los que ya estamos aquí? No culpo a nadie. Lo entendemos. No salió bien. Pero seamos positivos: vale, ya está, se acabó, vamos para adelante. Eso es lo que intentamos transmitir en el vestuario. Claro que nos habría gustado fichar un par más, pero estamos contentos con lo que tenemos y eso nos ha dado más impulso para seguir”.
Moyes ya había mostrado su preocupación por la señal que podía mandar al vestuario un mercado tan corto en refuerzos, justo cuando intenta empujar al equipo a un nuevo nivel. ¿Ha hecho daño? Dewsbury-Hall lo corta de raíz.
“No realmente, no”, insiste. “Sé que tenemos una plantilla más pequeña, pero contamos con jugadores muy buenos. Nuestro once titular es top, un once de Europa”.
No se queda ahí. “Entiendo que necesitas una plantilla completa, pero tenemos 17, 18 jugadores a un nivel realmente, realmente alto. Hace un par de años no estaba a ese nivel. De hecho, sé que no lo estaba. Hay cosas que se te escapan de las manos en el fútbol y eso es lo que nos pasó. Pero enseguida pensamos: ‘Un momento, mira el vestuario: jugador top, jugador top, jugador top’. Si hacemos las cosas bien, aún podemos ser exitosos”.
De Stamford Bridge a Goodison: años de prime y liderazgo
Dewsbury-Hall se ha vuelto pieza central en esa ambición. Desde que llegó por 28 millones de libras procedente de Chelsea el verano pasado, su fútbol se ha disparado. Más minutos, más peso, más responsabilidad. Y, sobre todo, la sensación de haber tomado la decisión correcta al salir de Stamford Bridge.
“Estoy en los años prime de mi carrera”, explica. “No podía permitirme seguir más años estancado”.
Con 28 años, su influencia ya no se limita al césped. Este verano, tras la salida de Séamus Coleman, fue elegido para formar parte de un nuevo grupo de liderazgo creado para rellenar el enorme vacío que dejó el histórico capitán de Everton.
“Como Séamus ha dejado un hueco tan grande, necesitamos un grupo de jugadores con experiencia que tire del carro juntos, que mantenga los estándares altos y empuje al equipo”, detalla. “Somos los más experimentados: [Jordan] Pickford, Tarky [James Tarkowski, el nuevo capitán], Jimmy [James] Garner, yo. Los que llevamos años jugando en la Premier League o sentimos que estamos asentados en el club”.
Ser elegido tras solo una temporada dice mucho de cómo le ven sus compañeros. “Es bonito, pero es el impacto que quería tener. Me alegra que los chicos me vean como alguien que puede ser importante en el vestuario”.
El caso Armstrong y la voz de la grada
Ese sentido de responsabilidad también se ve en su relación con Harrison Armstrong, el centrocampista de 19 años que estuvo a un paso de irse a Nottingham Forest antes del cierre de mercado. El movimiento se frenó en seco tras la airada reacción de los aficionados de Everton desplazados a Bournemouth, una protesta que provocó un giro de 180 grados en la cúpula del club.
“Desde luego dejaron claras sus sensaciones y, obviamente, funcionó”, reconoce Dewsbury-Hall. “Mucho mérito para ellos, estuvieron increíbles ese día. Y sé de primera mano que eso hizo sentir muy bien a Harrison y le ayudó. Es un chico muy confiado y muy respetado en el vestuario para la edad que tiene”.
Entre ambos hay química… y bromas. “Si puedo ayudarle en algo, lo haré. En el tiro seguro, porque a veces su disparo no es el mejor, y se lo he dicho muchas veces. Pero tiene prácticamente todo lo demás. Siempre dice que tiene mejor golpeo que yo, así que le digo que mire el gol al Crystal Palace de la primera jornada o el de Wolves del año pasado. Tenemos buen ‘banter’”.
Europa, copas y la llamada de Inglaterra
El objetivo de Dewsbury-Hall no se esconde. Ni en lo colectivo ni en lo individual. El centrocampista lo tiene muy claro: clasificación europea, una buena carrera en las copas, mejorar su juego en global y, por fin, una primera llamada con Inglaterra.
Su nivel no ha pasado desapercibido para Thomas Tuchel, que anunciará su próxima convocatoria el viernes que viene. Dewsbury-Hall sabe que está cerca.
“Sé que estoy más cerca que nunca”, admite. “Te llega un mensaje dos semanas antes de que salga la lista. Me llegó uno para la prelista del Mundial y he recibido otro para estos próximos partidos. Es agradable. Significa que lo estás haciendo bien”.
El mensaje, explica, no es precisamente breve. “Es muy largo. Te dice que es un requisito legal para nosotros [la federación] avisarte con antelación de que estás en la lista de candidatos y que tienes que estar disponible en esas fechas. Es una buena sensación, porque piensas: ‘Vale, estoy cerca’, pero sabes que tienes que apretar hasta el último minuto. Depende de mí. Soy yo quien tiene que forzar su mano para que me elija. No me lo van a regalar”.
Tampoco le van a regalar nada a Everton. Plantilla corta, dudas externas, un mercado que dejó más preguntas que respuestas. Pero dentro del vestuario, Dewsbury-Hall mira alrededor, ve “jugador top, jugador top, jugador top” y se aferra a una convicción simple y desafiante: si este grupo hace lo correcto, ¿quién se atreve a descartarlos de la lucha por Europa?
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