Dembélé brilla en Champions y lanza un mensaje a su entrenador
Ousmane Dembélé eligió la noche perfecta para responder. Nada de discursos, nada de gestos grandilocuentes. Goles y asistencias. En su estreno en esta edición de la Champions League ante Slovan Bratislava, el francés firmó un partido que sonó a reivindicación: dos tantos, dos pases de gol y una ovación que le acompañó incluso cuando Luis Enrique decidió retirarlo en el minuto 64. El marcador final, 6-1, subrayó la exhibición.
Hasta este miércoles, su temporada había sido un vaivén. Salió lesionado en la primera parte frente a Rennes, se perdió el duelo ante Lille y apenas disputó veinte minutos contra Monaco. Un arranque a trompicones que reavivó viejas dudas sobre su continuidad, su físico, su peso real en el proyecto.
Ante Slovan Bratislava, Dembélé apagó ese ruido con una actuación eléctrica. Se movió por todo el frente de ataque, cambió de banda, apareció por dentro, atacó el área. Marcó dos veces, falló alguna ocasión clara y sirvió dos goles a Ferran Torres, que se alimentó de su inspiración. El rival no era de los más potentes del torneo, cierto, pero el extremo mostró precisamente lo que se le exigía: iniciativa, colmillo, hambre.
Final Score: Slovan Bratislava 1 - 6 Dembélé
Al micrófono de "Canal+", Dembélé dejó claro que el partido tenía un destinatario interno: su propio entrenador. «Claro que sí. Después de un inicio algo difícil en el que no jugué mucho… Solo disputé 20 o 45 minutos, no fue fácil volver. Hoy estoy contento, tengo energía suficiente para jugar 60 minutos. Teníamos que ganar porque empezamos mal la temporada y necesitábamos un inicio fuerte en la Champions League», explicó.
No se quedó ahí. «Estamos contentos y yo también lo estoy con mi rendimiento. También tenemos que escalar posiciones en la liga, hay que seguir», añadió, marcando el siguiente objetivo sin rodeos.
Físico, contrato y selección: el otro partido de Dembélé
Mientras se habla de su posible ampliación de contrato, Dembélé asegura que no se deja arrastrar por ese debate cuando pisa el césped. «Cuando estoy en el campo, no pienso en eso (la renovación). Necesitaba recuperar la forma después del Mundial y de un pequeño descanso. Siento que cada vez estoy mejor. Espero tener más minutos para recuperar el ritmo. Y lo mismo con la selección», comentó, dejando claro que su batalla pasa por el estado físico y la continuidad.
En Bratislava se vio a un futbolista más ligero, más suelto, menos pendiente del error. Atacó, arriesgó, pidió el balón una y otra vez. «Marcar, dar asistencias y ganar, todo lo que me encanta del fútbol», resumió. Y recordó de dónde venía el equipo: «Nuestro inicio fue malo, contra Lens y también en la liga sufrimos. Fue una noche maravillosa, hay que seguir así y ser más ambiciosos».
La ambición, precisamente, fue el hilo conductor de su discurso. Dembélé sabe el peso de la camiseta que viste y el listón que arrastra el club en Europa. «Hemos ganado la Champions League dos veces y todos los equipos quieren ganarnos», recordó. La frase sonó a aviso para los recién llegados: aquí no hay margen para la relajación. «Los nuevos también tienen que aprender rápido. Queremos ganar muchos partidos y títulos», sentenció.
Su actuación ante Slovan Bratislava no resuelve una temporada. Ni sella una renovación. Pero sí cambia el tono de la conversación. De la duda a la expectativa. De la impaciencia a la pregunta clave: si este es el Dembélé que se queda, ¿hasta dónde puede empujar a su equipo en esta Champions?
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