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Cristiano Ronaldo y su sexto Mundial: Portugal sueña con el adiós en la cima

Cristiano Ronaldo se prepara para algo que nadie había hecho antes: liderar a Portugal en su sexto Mundial, con 41 años, rumbo a 2026. La gesta ya es histórica. Pero alrededor de la selección se respira otra cosa, más densa: la sensación de que esta vez sí puede ser el último baile.

Quien lo conoce desde dentro lo admite sin rodeos. Godinho, histórico dirigente de la Federação Portuguesa de Futebol y exdirector de la selección, lo ve venir y lo dice con la crudeza de quien ha pasado medio siglo en el fútbol: el final se acerca, y el sueño es que llegue con la copa más grande entre las manos.

“Esperemos que esté en condiciones de retirarse —no sé cuándo, el cuerpo no es eterno— con un título de esta magnitud”, explicó en una entrevista a Lusa.

No lo adorna. No lo endulza. Y enseguida avisa: el camino no será amable ni para Portugal ni para las demás potencias europeas.

Un Mundial brutal para Europa

El Mundial de 2026, repartido entre Estados Unidos, Canadá y México, se percibe ya como uno de los torneos más duros de la historia. No solo por el nivel competitivo. Por los viajes. Por los cambios de clima. Por el desgaste de jugadores que llegarán tras temporadas interminables en clubes de élite.

“El Mundial será difícil… por la fatiga con la que llegarán”, advirtió Godinho. El cambio de continente, subrayó, es una desventaja clara para los europeos, acostumbrados en los últimos grandes torneos a desplazamientos mucho más cortos y condiciones más familiares.

Las palabras van encadenando un mapa de obstáculos: futbolistas que compiten todo el año al máximo nivel, piernas pesadas, vuelos largos, husos horarios, calor o humedad según la sede. Todo suma en contra.

“Las largas jornadas, los cambios de horario y el clima influyen en el rendimiento. Hace falta una preparación cuidadosa. Es mucho más difícil jugar en Estados Unidos que en Alemania”, remató.

No es un lamento, es una advertencia. Si Portugal quiere ofrecerle a Ronaldo la última gran batalla, tendrá que ganar primero contra el calendario, el avión y el reloj biológico.

El chico de 18 años que llegó al vestuario de los gigantes

Pocas voces pueden hablar de Cristiano con tanta autoridad como Godinho. Estuvo dentro de la FPF durante 50 años. Vio llegar al chaval flaco de 18 años en 2003, convocado para jugar contra Kazajistán, y lo vio compartir vestuario con leyendas que entonces mandaban: Luis Figo, Rui Costa, Fernando Couto.

Aquel ecosistema, recuerda, fue el molde de la mentalidad que luego asombraría al mundo. Un vestuario lleno de jerarquía, títulos y carácter, que marcó al joven Ronaldo desde el primer día.

“No fue difícil trabajar con Cristiano”, recordó Godinho. Lo describe como un joven “extraordinario”, rápido para entender dónde estaba y qué se le exigía. Le ayudó el entorno, pero también su actitud: supo escuchar, incluso cuando los veteranos recurrían a charlas duras, de las que se dan a puerta cerrada y no salen del vestuario. Ese fuego interno, alimentado por los mayores, acabaría definiendo dos décadas en la élite.

Un grupo trampa y un debut clave

El camino de Portugal en 2026 arrancará en el Grupo K. Primer examen: República Democrática del Congo, el 17 de junio en Houston. Partido inaugural, clima exigente, viaje largo. Y un mensaje claro desde dentro: ganar ayuda, pero no define.

“El primer partido es siempre muy importante”, admitió Godinho. La experiencia, sin embargo, le empuja a enfriar cualquier triunfalismo. Recuerda la Eurocopa 2016, conquistada por Portugal tras un inicio titubeante, como prueba de que un comienzo irregular no mata un sueño si el grupo mantiene la cabeza fría.

Tras Congo, llegarán Uzbekistán y Colombia. Un grupo menos glamuroso que otros, pero con suficientes trampas como para castigar cualquier exceso de confianza o cualquier mala gestión del cansancio. Ahí entra otro de los puntos que subraya Godinho: el equilibrio mental.

“Todo depende del estado de ánimo, de la fatiga y de la mentalidad”, insistió. Confía en el talento y en la capacidad organizativa del equipo para llegar lejos, pero se niega a vender humo: “Decir que vamos a ganar es prematuro”.

No es falta de ambición. Es el realismo de quien ha visto cómo se construyen —y se derrumban— las grandes campañas.

El sueño final

En el fondo de todo, late una imagen: Cristiano Ronaldo levantando el trofeo que falta. Ha ganado casi todo. Ha batido casi todos los récords. Pero el Mundial sigue siendo la cima intacta, la que siempre se le escapa en el último tramo.

La selección portuguesa se encamina hacia 2026 con esa doble carga: la oportunidad histórica y el peso emocional de un adiós que se intuye cercano. El cuerpo no es eterno, como recuerda Godinho, pero la ambición de Ronaldo tampoco se ha apagado.

La pregunta ya no es solo hasta dónde puede llegar Portugal. Es otra, más cruda y más poderosa: ¿será Norteamérica el escenario en el que Cristiano escriba la última línea de su historia… o el lugar donde el fútbol le recuerde que incluso las leyendas también tienen un último partido?