Logotipo completo Juego Final

Cristiano Ronaldo y el ruido mediático en el fútbol

Cristiano Ronaldo volvió a ser protagonista sin marcar un gol, sin un regate memorable y sin una chilena a la escuadra. Esta vez, el ruido llegó desde los titulares, no desde el césped. Según se vendió, un compañero de Portugal lo había “destrozado” con comentarios “brutales”. Otra tormenta en torno al capitán. Otra “polémica” de manual.

La realidad, como casi siempre, era bastante menos incendiaria.

Joao Neves, joven centrocampista de la selección portuguesa, habló de Cristiano con el respeto que se le presupone a cualquiera que haya crecido viéndolo dominar el fútbol mundial: recordó “lo que ha hecho por nosotros, por nuestra selección y por el mundo del fútbol”. Y luego dejó una frase que los generadores de titulares convirtieron en dinamita: dijo que, ahora mismo, “es un jugador más, aquí para ayudar, como todos”.

Nada de ataques personales. Ningún ajuste de cuentas. Solo la idea, casi obvia, de que dentro del vestuario todos deben estar al mismo nivel jerárquico cuando se trata de competir. De ahí a “blast” y “brutal” hay un océano, pero ese océano se llena rápido cuando hace falta tráfico.

El “storm” en redes, por supuesto, llegó puntualmente. Legiones de aficionados ofendidos, lecturas en clave de falta de respeto y un nuevo capítulo en la eterna liturgia de defender o cuestionar a Cristiano. El guion de siempre, impulsado por una frase que, leída sin adjetivos añadidos, apenas pasa de normalidad competitiva.

Inglaterra, Tuchel y la obsesión por el lateral “natural”

Mientras tanto, en Inglaterra se discute otra cosa: el enésimo debate sobre la lista de convocados y la defensa. En una columna, se llegó a fantasear con una zaga ideal para la selección: Jurrien Timber, William Saliba, Gabriel y Riccardo Calafiori. Cuatro nombres de élite, cuatro defensas del Arsenal o con pasado reciente en la Serie A, cuatro pilares de clubes punteros.

Y cero laterales “naturales”.

Eso no impidió que se presentara esa línea como la llave del Mundial para Inglaterra, siempre que se sumara a un centro del campo y un ataque considerados ya de nivel campeón. Fútbol de consola, combinado con una realidad mucho más prosaica: el debate sobre el “lateral puro” en la lista actual.

La lesión de Tino Livramento se utilizó como punto de partida para hablar de “desastre” en la posición. Se criticó que Thomas Tuchel optara por Trevoh Chalobah, central, en lugar de un recambio “como por como” en el lateral. Todo para concluir que Inglaterra no tiene un lateral “totalmente en forma, en racha y natural”.

Tres condicionantes en una sola frase para esquivar un detalle incómodo: los dos laterales que jugaron y ganaron contra Croacia. La salud de Reece James puede generar dudas, sí, pero de ahí a hablar de “situación caótica” por el jugador número 25 de la lista hay un salto considerable.

El caso de Nico O’Reilly sirve como ejemplo perfecto. Se le etiqueta como centrocampista “reconvertido” y casi se sugiere que está siendo encajado a la fuerza en la defensa. Sin embargo, es el lateral izquierdo titular del Manchester City. Pep Guardiola lo ve ahí, lo forma ahí y lo explota ahí. Cuesta imaginar un aval más sólido para el puesto.

Y en medio de todo eso, otro nombre: Luke Shaw. Se calificó de “ridículo” que no entrara en la convocatoria tras una buena temporada en el Manchester United, para acto seguido reconocer que su ausencia “no fue una sorpresa” porque no viste la camiseta de la selección desde la final de la Euro 2024. Difícil sostener al mismo tiempo que algo es absurdo y perfectamente previsible.

Cole Palmer, vuelos baratos y doble rasero

No todo el fútbol se juega en el césped. También se libra una batalla en los aeropuertos. Cole Palmer fue descrito como “estrella humilde” por volar con Jet2. Un gesto cercano, casi entrañable, para el relato.

El contraste aparece cuando se recuerda el tratamiento que recibió Raheem Sterling por algo muy parecido: se le tildó de “tacaño” y de haberse “rebajado” al volar con EASYJET, subrayando en mayúsculas la aerolínea de bajo coste y recordando su sueldo semanal. Misma escena, distinto protagonista, tono radicalmente opuesto.

La diferencia no está en el asiento del avión.

Mark Chapman y el “pecado” de no rematar con un chiste

En la BBC también se fabrican pequeñas historias. Según se contó, Mark Chapman habría roto una “regla no escrita” de Match of the Day tras el empate entre Czechia y Sudáfrica. Nada que ver con palabrotas en directo ni con una salida de tono.

Su “delito” fue cerrar el programa con una frase seca: “A veces un partido no merece un cierre realmente ingenioso. Adiós”.

A partir de ahí, se habló de una supuesta norma interna que exigiría siempre un cierre brillante, un guiño, una última broma. Como si la buena realización fuera un código sagrado más que un objetivo básico. Lo irónico es que el propio comentario de Chapman, negando la necesidad de un remate ingenioso, funciona precisamente como un remate ingenioso. Un círculo perfecto.

Emma Hayes, una pizarra pequeña y una polémica grande

Emma Hayes, nueva figura central del análisis táctico en televisión, tampoco se libra del ruido. Se aseguró que fue “obligada” a hacer su análisis en una pequeña pizarra negra, en un set que “parecía una cocinita”, y que eso desató la indignación en redes.

La palabra “obligada” sugiere casi una escena de castigo, como si una de las entrenadoras más respetadas del mundo hubiera sido rebajada por diseño. La pizarra “minúscula” se convirtió en símbolo de falta de respeto.

En realidad, lo que queda al final es la imagen: una técnica de élite, acostumbrada a gestionar vestuarios gigantes, explicando fútbol en un espacio reducido. Una anécdota elevada a agravio. Otra muestra de cómo el envoltorio mediático puede eclipsar lo verdaderamente importante: lo que se dice sobre el juego.

Entre titulares inflamados, debates artificiales sobre laterales “naturales” y tormentas de redes sociales, el fútbol sigue su curso. En el campo, once contra once. Fuera, una industria decidida a convertir cualquier matiz en un conflicto. Y ahí, en medio de ese ruido, jugadores como Joao Neves siguen recordando que, al menos dentro del vestuario, hasta Cristiano Ronaldo tiene que ser “uno más”. La pregunta es si el ecosistema mediático está dispuesto a aceptarlo.