Copa del Mundo 2023: octavos de final al rojo vivo
El Mundial deja atrás los cálculos de grupos y entra en territorio de eliminación directa. Entre el 4 y el 7 de julio, ocho cruces marcarán quién está para pelear el título y quién se queda a medio camino. No hay red. Un error te manda a casa, un detalle te mete en cuartos.
Estos son los duelos que prometen marcar el rumbo de los octavos de final.
Canadá vs Marruecos
4 de julio, sábado, Houston Stadium – 17:00 GMT
Canadá vuelve a cruzarse con un viejo fantasma: Yassine Bounou. Durante años, su mejor opción para enfrentarlo quizá fue convencerlo de jugar para ellos. Benito Floro lo intentó cuando el portero, nacido en Marruecos pero criado sus tres primeros años en Montreal, aún estaba por decidir selección. Bounou dijo no. Y desde entonces, cada vez que se han mirado a los ojos, el guardameta ha inclinado la balanza.
En Catar, Canadá se estrelló contra él: 2-1 y eliminación en fase de grupos. Hoy el contexto es otro. El equipo norteamericano llega con la confianza de haber logrado sus dos primeras victorias mundialistas. Ya no es el invitado exótico; es un rival con colmillo y piernas para correr 90 minutos.
El plan es claro: Tajon Buchanan castigando por la derecha, y Alphonso Davies liberado, más arriba, dejando atrás el rol de lateral izquierdo para convertirse en puñal constante. El regreso de Davies tras su lesión de isquiotibiales, reapareciendo en el partido de grupos ante Sudáfrica después de su aventura en semifinales de Champions con Bayern Munich, le da a Canadá una dimensión distinta.
Jesse Marsch, técnico nacido en Estados Unidos, ha tenido que rearmar el centro del campo. La fractura de pierna de Ismael Koné ante Qatar abrió espacio para Nathan-Dylan Saliba, que entra a un sector clave en un partido que se decidirá por detalles.
Marruecos, en cambio, no ha encontrado la chispa ofensiva que lo llevó a brillar en el ciclo anterior. El “reload” no termina de carburar arriba, pero los Leones del Atlas saben que tienen un seguro de vida bajo palos. Bounou aguanta, el bloque se protege y el guion es sencillo: sobrevivir 120 minutos si hace falta y llevar todo a la ruleta de los penaltis.
En el horizonte, un premio mayúsculo: el ganador apunta a un cruce con Francia en cuartos. No es solo un partido. Es una puerta a la élite del torneo.
Francia vs Paraguay
4 de julio, sábado, Philadelphia Stadium – 21:00 GMT
Paraguay llega como sorpresa, pero la historia advierte a Francia: con esta camiseta, los partidos ante la Albirroja nunca han sido un trámite.
En 1958, los europeos iban por detrás en el marcador en la segunda parte antes de desatar una tormenta de goles y terminar 7-3. En 1998, en casa, necesitaron un tanto agónico de Laurent Blanc en la prórroga para romper un muro que parecía indestructible.
Esta vez el libreto es distinto. Francia no viene a sufrir, viene a arrollar. El equipo de Didier Deschamps está pasando por encima de casi todos, a una velocidad que pocos pueden sostener. Paraguay ya demostró que sabe cerrar caminos: logró atar el ataque de Alemania. Pero contener a Kylian Mbappé es otra historia.
Les Bleus apuntan directo al corazón de la defensa. Michael Olise y Adrien Rabiot se adueñan del carril central, rompen líneas con pases y disparan desde media distancia. Por fuera, los extremos estiran el campo, y Theo Hernandez, si entra en el once o desde el banquillo, se suma a la batería de remates desde lejos.
Del otro lado, Gustavo Gómez y su zaga se preparan para una noche larga. No bastará con orden; harán falta anticipos perfectos, coberturas sin fallo y una concentración absoluta. Francia no perdona distracciones. Y en octavos, un minuto de desconexión puede costar cuatro años de trabajo.
Brasil vs Noruega
5 de julio, domingo, New York/New Jersey Stadium – 20:00 GMT
Hay pocos equipos en el planeta que puedan mirarse al espejo y decir: “Tenemos récord ganador contra Brasil”. Son solo tres: Países Bajos, Hungría y Noruega. Y entre ellos, los nórdicos tienen el orgullo más particular: nunca han perdido ante la Canarinha (dos victorias, dos empates).
La herida más profunda para Brasil viene de 1998. Fase de grupos, Mundial de Francia, un penalti tardío señalado por el árbitro estadounidense Esse Baharmast tras detectar una falta que muchos dudaron en tiempo real, pero que las repeticiones terminaron confirmando. Kjetil Rekdal marcó el 2-1. Brasil se quedó con el liderato del grupo, pero Noruega avanzó segunda, por delante de Marruecos, y se metió en octavos. Fue su última presencia en la fase final y una de las dos únicas veces que alcanzó el mata-mata.
Desde entonces, los brasileños esperan la revancha. No solo por el resultado, también por la sensación de deuda pendiente ante un rival que les discute el duelo físico, el juego aéreo y el carácter.
Brasil ha venido buscando una chispa y, cuando el ambiente empezaba a cargarse de dudas, apareció Endrick. Entró desde el banquillo ante Japón y cambió el ritmo, la energía, el tono del ataque. El joven delantero se verá empequeñecido físicamente ante la corpulencia noruega, pero puede ser precisamente la pieza que rompa el partido: movilidad, intuición y olfato dentro del área.
Noruega, fiel a su estilo, propondrá un choque duro, de duelos individuales, con balones largos y segundas jugadas. Brasil, obligado por historia y por camiseta, tendrá que demostrar que sabe ganar también este tipo de batallas. El que salga vivo se cita con México o Inglaterra. No es solo un cruce de estilos; es una prueba de carácter.
México vs Inglaterra
5 de julio, domingo, Mexico City Stadium – 00:00 GMT (lunes)
Altitud contra actitud. Así lo definió en su día Juan Carlos Osorio, exseleccionador de México. A 2.240 metros sobre el nivel del mar, Mexico City Stadium se convierte en un escenario que castiga a quien no sabe medir esfuerzos. El aire se hace pesado, las piernas arden y cada carrera se siente el doble.
Hasta ahora, México ha hecho de esa condición un arma letal: cuatro partidos, cuatro victorias, ocho goles a favor y ninguno en contra entre Guadalajara y la capital. El Tri domina desde la posesión, acelera cuando detecta grietas y aprieta hasta ahogar. La sociedad en ataque entre Raúl Jiménez y el colombiano nacionalizado Julián Quiñones está funcionando: movimientos complementarios, apoyos cortos y presencia constante en el área.
Inglaterra llega con historia a favor, pero con cuentas pendientes en este estadio. El balance general ante México es contundente: seis triunfos, dos derrotas y un empate, con el recuerdo dorado del 2-0 en Wembley en el Mundial de 1966. Sin embargo, en Mexico City la estadística se tuerce: ninguna victoria (dos derrotas, un empate) y una cicatriz inolvidable, aunque no contra el Tri, sino contra Diego Maradona y la famosa Mano de Dios que lanzó a Argentina rumbo al título.
Esta vez, los ingleses traen un arma que nunca habían tenido en este escenario: Harry Kane. Referencia absoluta, remate, descarga, liderazgo. Thomas Tuchel, consciente del impacto de la altitud, ha intentado minimizar sus efectos con una estrategia poco habitual: llegar lo más cerca posible de la hora del partido para reducir el tiempo de exposición. Un riesgo calculado.
Mientras tanto, la organización estudia incluso mover el horario para esquivar posibles tormentas. Sea a la hora que sea, el premio es enorme: el ganador se medirá a Brasil o Noruega. Un clásico mundialista en territorio hostil para los europeos, un examen de madurez para un México que sueña con romper su techo histórico.
USA vs Bélgica
6 de julio, lunes, Seattle Stadium – 00:00 GMT (martes)
Estados Unidos empieza a convencer a los escépticos. Tal vez este equipo sí está para competir en serio. El 2-0 sobre Bosnia-Herzegovina no solo les dio el pase, también significó la primera victoria en un Mundial ante un rival de UEFA desde 2002. Un dato que pesa.
El problema llega en el momento menos oportuno: Folarin Balogun, referencia ofensiva, se pierde el duelo por sanción. La profundidad en la posición de ‘9’ es limitada y Mauricio Pochettino solo tiene dos cartas claras: Ricardo Pepi y Haji Wright. No hay margen para rotaciones; el que salga tendrá que responder bajo presión máxima.
Enfrente aparece una Bélgica que demostró tener recursos para sobrevivir a situaciones límite. Ante Senegal, el equipo de Rudi Garcia remontó un 0-2 que parecía definitivo gracias a una de las decisiones tácticas más audaces del torneo: sentó a Kevin De Bruyne y a Jérémy Doku para dar entrada a Dodi Lukebakio y al mediocentro defensivo Nicolas Raskin. La apuesta sonó a herejía, pero terminó desbloqueando el ataque, aunque el primer gol no llegara hasta el minuto 86.
Ese giro de guion recordó que Bélgica, país del tamaño del estado de Massachusetts, lleva años acostumbrada a rendir por encima de su escala. Y frente a USA, la historia reciente le sonríe: seis victorias consecutivas desde aquel primer cruce mundialista en 1930.
Para Estados Unidos, el reto es doble: romper una racha que se ha convertido en obsesión y demostrar que su crecimiento no es solo un discurso de puertas adentro. Para Bélgica, confirmar que aún le queda gasolina en el tanque de una generación que se niega a despedirse en silencio. El ganador se verá las caras con Portugal o España. Casi nada.
Portugal vs España
6 de julio, lunes, Dallas Stadium – 19:00 GMT
Hay partidos que se juegan con la vista puesta en la historia. Portugal vs España es uno de ellos. Dos vecinos que se conocen de memoria y que, cada vez que se cruzan en un Mundial, dejan una cicatriz o una obra de arte.
Portugal fichó a Roberto Martínez pensando precisamente en noches como esta. El técnico parecía haber encontrado la fórmula para exprimir la última versión competitiva de Cristiano Ronaldo, integrándolo en un sistema que no gira exclusivamente a su alrededor. Pero cuando el choque ante Croacia pedía decisiones difíciles, Martínez no tembló: sustituyó primero a Bruno Fernandes y a Vitinha, y después también a Ronaldo. El equipo respondió con un gol tardío que selló el pase. Mensaje claro: aquí manda el plan, no el nombre.
Al otro lado, España llega con un ataque que empieza a fluir. Dani Olmo se ha convertido en el motor del mediocampo, manejando ritmos y rompiendo líneas. Lamine Yamal, todavía adolescente, se va asentando, encontrando espacios, atreviéndose en el uno contra uno. Y Mikel Oyarzabal pone la guinda: definición fría, movimientos inteligentes, olfato en el área.
El historial reciente en Mundiales añade una capa extra de tensión. En 2010, La Roja dejó a cero a Cristiano Ronaldo y a Portugal con un 1-0 camino del título. Ocho años después, el delantero devolvió el golpe con un hat-trick en el 3-3 de Rusia 2018, uno de los mejores partidos de aquella edición.
Ahora, el escenario es Dallas, el margen de error es cero y la sensación es que cualquier detalle puede inclinar la balanza: un cambio a tiempo, un disparo desde fuera del área, una jugada a balón parado. Para Portugal, es la oportunidad de demostrar que su nuevo proyecto puede ganar grandes batallas sin depender únicamente del brillo de su estrella histórica. Para España, la ocasión de confirmar que su nueva generación no solo juega bonito, también sabe sobrevivir a los colmillos de un clásico mundialista.
En octavos, no hay segundas oportunidades. Y este cruce, más que un partido, huele a declaración de intenciones para lo que queda de torneo.
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