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Chelsea pierde a Lacroix: lesión grave lo aparta hasta el próximo año

El golpe llegó en una noche que ya dolía. Eliminación en la Carabao Cup ante Liverpool y, de propina, la caída de uno de los hombres más fiables de Xabi Alonso. Maxence Lacroix no volverá a jugar en lo que queda de año natural. Y en Stamford Bridge lo saben: es un problema mayúsculo.

La acción que lo cambió todo

Minutos antes del descanso, con el partido aún abierto, Lacroix salió disparado para perseguir una carrera de Cody Gakpo. Un sprint más, otro esfuerzo al límite. Esta vez, el músculo dijo basta.

El central francés se frenó en seco, mano al isquiotibial, gesto inequívoco. Ni miró al banquillo: sabía que no podía seguir. El cuerpo técnico reaccionó de inmediato, pero la verdadera mala noticia llegó después.

Según talkSPORT, las pruebas han confirmado una rotura de grado tres en el isquiotibial. Lesión seria, de las que no se negocian con hielo y vendajes. El tiempo estimado de baja se mueve entre las ocho y las doce semanas. Traducido al calendario: Lacroix no reaparecerá, salvo milagro, hasta el Año Nuevo.

De la calma de Alonso a la cruda realidad

En la rueda de prensa del viernes, Xabi Alonso intentó templar el ambiente. El técnico español habló de unas “pocas semanas” de ausencia y lo descartó, de entrada, para los próximos compromisos ligueros ante Manchester United y Sunderland.

“Max se lesionó y esperamos que no esté listo antes del parón internacional. Estará fuera unas semanas”, explicó ante los medios.

El diagnóstico definitivo ha derribado ese primer optimismo. La confirmación de la rotura de grado tres ha ampliado los plazos y ha dejado pequeño el escenario que manejaba el entrenador tras el choque de Carabao Cup. Lo que parecía un contratiempo serio se ha convertido en un problema estructural para los próximos meses.

De intocable a ausencia imposible de disimular

La baja de Lacroix no es una más en la lista médica. Es el hombre que Alonso no tocaba nunca. Desde su llegada veraniega desde Crystal Palace, el francés se había ganado el cartel de indiscutible a golpe de minutos y fiabilidad.

Antes del drama en los penaltis frente a Liverpool, Lacroix era el jugador con más tiempo en el campo de toda la plantilla. Había completado los 90 minutos en siete de los ocho primeros partidos de Premier League y había sido titular en todos los encuentros de Carabao Cup. Siempre ahí. Siempre disponible.

Ese patrón se rompe de golpe. Chelsea pierde a su defensa más utilizado justo cuando la temporada empieza a apretar de verdad.

Un enfermería que no deja de llenarse

El problema no llega solo. La defensa de Chelsea ya caminaba sobre el alambre. Reece James sigue inmerso en su proceso de recuperación tras una pequeña cirugía de rodilla. Joao Pedro también está fuera de combate durante varias semanas por una lesión en el muslo.

Cada día que pasa, la sala médica de Stamford Bridge se parece menos a un área de apoyo puntual y más a un mapa de bajas sensibles. Alonso, que había construido buena parte de su idea a partir de la solidez atrás, tendrá que improvisar sobre la marcha.

Menos rotaciones, más riesgo, más desgaste para quienes sí están sanos. Y un margen de error mínimo.

Invierno sin red de seguridad

El calendario no espera a nadie. Ni siquiera a un equipo que acaba de perder a su líder defensivo. Las cuentas internas en el club hablan de unos diez partidos sin Lacroix entre todas las competiciones. Diez partidos en los que Chelsea deberá aprender a vivir sin su referencia atrás.

El primer examen llega de inmediato: Manchester United asoma como una prueba de fuego para una zaga remodelada a contrarreloj. Sin tiempo para ensayar demasiado, sin red de seguridad.

Y lo que viene después endurece el panorama. Diciembre se presenta como un campo minado: duelos de alto voltaje ante Liverpool y Manchester City en pleno maratón festivo. Partidos que suelen marcar estados de ánimo, dinámicas… y posiciones en la tabla.

Chelsea afrontará ese tramo sin su ancla defensiva. Sin el hombre que más minutos acumulaba. Sin el central que había convertido el once inicial en su hábitat natural.

La pregunta ya no es solo quién ocupará su sitio, sino cómo responderá un equipo obligado a reinventarse en el momento más cruel del curso.