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Celtic y Rangers: Historias Contrastantes en Escocia

La noche en Escocia dejó dos historias muy distintas. En Perth, Celtic acabó derribando el muro de St Johnstone. En Glasgow, Rangers se enredó en sus propios nervios frente a un St Mirren que rozó el golpe perfecto.

Baur rompe el candado en Perth

Durante muchos minutos, el duelo entre St Johnstone y Celtic fue un ejercicio de paciencia. El equipo local resistía, cerraba líneas y sobrevivía a los intentos a media distancia, como el disparo de Callum McGregor desde la frontal que se perdió manso en las manos de Toby Steward tras un desvío.

El partido pedía un detalle en el área. Y llegó.

Celtic empezó a cargar el área con decisión. Como explicó el exguardameta Pat Bonner, la clave estuvo en “tener cuerpos en el área”. Esta vez, el cuadro visitante sí llenó la zona de remate. Haissem Hassan ganó línea de fondo y puso un balón raso y tenso al corazón del área. Kasper Høgh se lanzó para intentar tocarla, pero fue Mika Baur quien apareció en el momento justo.

Solo necesitó un buen contacto. Lo tuvo.

Baur empujó el servicio de Hassan y firmó su primer gol con Celtic, un tanto que por fin abrió un encuentro que se había vuelto espeso y que premiaba la insistencia del campeón. St Johnstone, como apuntó el exentrenador local Callum Davidson, había empezado a sufrir justo antes del golpe: necesitaba aguantar ese tramo, pero no lo consiguió. Y Celtic, más agresivo y con más presencia en el área, terminó cobrando la factura.

Ibrox se impacienta: Rangers no pasa del susto ante St Mirren

A muchos kilómetros de allí, el ambiente en Ibrox oscilaba entre el empuje y la inquietud. La afición de Rangers trató de espolear a los suyos, pero cada pérdida en la salida de balón encendía el murmullo. Y una de esas imprecisiones casi cuesta muy caro.

St Mirren olió la debilidad y se asentó con sorprendente comodidad en la segunda parte. Lo vio claro Rory Loy, exdelantero de ambos clubes, al remarcar que el conjunto visitante se mostraba “mucho más cómodo” tras el descanso, mientras los gruñidos crecían en la grada.

La ocasión que pudo cambiarlo todo llegó con una jugada de manual. Un desmarque de tercer hombre, un pase que rompe líneas y, de repente, Fraser Taylor completamente solo, encarando portería. La acción, descrita por Loy como “un movimiento fantástico” que dejó fuera de combate a toda la defensa de Rangers, pedía un final distinto.

Taylor tuvo tiempo. Quizá demasiado. Avanzó, eligió el momento, pero no el golpeo. Ivor Pandur, prácticamente clavado sobre su línea, aguantó y acabó imponiéndose en el mano a mano. St Mirren difícilmente dispondrá de una opción más clara que esa en todo el curso en Ibrox.

El fallo dejó helado al sector visitante y no calmó al público local. Rangers, ya reordenado en un 4-2-3-1 con la entrada de Kim y Curtis, seguía sin mandar. El equipo tenía la pelota, pero no el control emocional del partido. Cada ataque de St Mirren parecía llevar una amenaza mayor que cualquier intento del conjunto de casa.

La sensación final fue inequívoca: mientras Celtic encontró la forma de imponer su peso específico, Rangers sigue buscando respuestas en medio de un murmullo que no deja de crecer. Y en una liga en la que cada punto cuenta, la pregunta es evidente: ¿cuánto tiempo más puede permitirse Rangers vivir al borde del nerviosismo?