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La carrera por la Bota de Oro: Messi y Mbappé al frente

“Sometimes in football, you have to score goals.” La frase de Thierry Henry, lanzada en 2008 casi como una obviedad, suena hoy como una verdad absoluta. Quedan solo cuatro partidos para que se baje el telón del Mundial 2026 y la lucha por la Bota de Oro arde tanto como la pelea por el trofeo más grande de todos.

El título sigue siendo el norte para los cuatro semifinalistas, pero el premio al máximo goleador se ha convertido en una trama paralela, imprevisible y feroz. No siempre se cruza con la gloria colectiva: ningún campeón del mundo ha tenido al máximo artillero del torneo desde 2002, cuando Ronaldo firmó ocho goles para llevar a Brasil a su quinta estrella.

El listón histórico de Just Fontaine, esos 13 goles en 1958, continúa intocable. Ni siquiera ahora, con un Mundial ampliado: 16 selecciones más que en Qatar 2022, 40 partidos adicionales, un calendario que ha disparado las cifras anotadoras. Aun así, nadie ha rozado todavía esa cifra de otro tiempo.

Cómo se decide la Bota de Oro

Cuando los goles se amontonan, hay que hilar fino. Desde 1992, si varios futbolistas terminan igualados en tantos, manda el que más asistencias haya dado.

Ya ocurrió en 2010: David Villa, Diego Forlán y Wesley Sneijder acabaron con los mismos cinco goles que Thomas Müller. El alemán se llevó el premio porque repartió tres asistencias, más que la única que sumó cada uno de sus perseguidores.

Desde 2006 hay un filtro extra: si también empatan en asistencias, se impone quien haya marcado sus goles en menos minutos de juego. Cada pase, cada segundo en el césped, cuenta.

1. Lionel Messi (Argentina) – 8 goles

(4 asistencias – 712 minutos)

Messi entró al Mundial como máximo goleador histórico de los mundiales masculinos. Lo está defendiendo a balazos.

En el debut ante Argelia, creyó abrir el marcador muy pronto, pero el fuera de juego arruinó el festejo. No tardó en corregirlo: un zurdazo desde 20 metros, seco, imposible de discutir. Después, cazó un rebote que dejó servido Luca Zidane tras un disparo de Alexis Mac Allister. Gol de delantero oportunista, de capitán al acecho.

El tercero fue puro Messi: rosca desde la frontal, como si buscara un compañero que no existía detrás del arco. Zidane, esta vez, ni la vio pasar.

Su cuarto tanto llegó en el segundo partido, ante Austria, después de fallar un penalti. Controló el pase de Facundo Medina y definió de primera. Con ese gol, se quedó en solitario como máximo goleador histórico de los mundiales. Todavía tuvo tiempo para el quinto, otra vez contra Austria, empujando desde el área pequeña tras ver bloqueado su primer disparo.

Ni siquiera el descanso inicial en el último duelo de grupos, frente a Jordania, frenó su impulso: a los 80 minutos, un tiro libre directo agrandó su leyenda. El séptimo cayó en el triunfo de Argentina sobre Cabo Verde en octavos. El octavo, dramático: un empate agónico ante Egipto en la siguiente ronda, otro gol que sostiene una campaña que ya roza lo épico.

2. Kylian Mbappé (Francia) – 8 goles

(3 asistencias – 666 minutos)

Mbappé arrancó el Mundial como un huracán. Doble en el 3-1 sobre Senegal para encender la defensa del subcampeonato mundial. Francia encontró en él un desahogo constante, una amenaza que no concede respiro.

Frente a Irak volvió a romper el partido. Primero, un disparo lejano para abrir el marcador. Después de una larga pausa por el clima en Philadelphia, regresó del parón igual de eléctrico y firmó el 2-0.

En las eliminatorias, mantuvo el filo. Dos golazos ante Suecia en dieciseisavos, otro penalti contra Paraguay, uno más frente a Marruecos en cuartos. Cada ronda, una muesca nueva.

España lo frenó en seco en semifinales. Derrota por 2-0 y adiós al sueño de otra final. A Mbappé le queda un solo escenario para inclinar la balanza de la Bota de Oro: el partido por el tercer puesto del sábado.

3. Erling Haaland (Noruega) – 7 goles*

(0 asistencias – 537 minutos)

Erling Haaland aterrizó en su primer Mundial como un depredador en territorio nuevo. No tardó nada en dejar huella.

En su estreno, dos goles en el 4-1 a Irak. Primero, un remate marca de la casa en el área pequeña, lanzándose al suelo para conectar el centro raso de David Moller Wolfe. Después, presión alta, robo al portero y balón dentro de la portería. Fútbol directo, brutal.

Ante Senegal volvió a aparecer. Un zurdazo sereno en la segunda parte para su tercer tanto del torneo. Luego, una volea ingeniosa para el cuarto. Noruega encontró en él un salvavidas constante.

Su quinto gol fue de los que cambian destinos: el 2-1 definitivo contra Costa de Marfil en la ronda de 32, rematando a bocajarro en los minutos finales. En octavos, ante Brasil, firmó un doblete inolvidable. El segundo, especialmente sorprendente, coronó una de las grandes campanadas del torneo.

Noruega ya está fuera, así que su cifra se congela en siete. Aun así, Haaland se marcha habiendo obligado a todos a mirarlo de frente en la pelea por la Bota de Oro.

4. Jude Bellingham (Inglaterra) – 6 goles

(1 asistencia – 574 minutos)

Jude Bellingham ha dejado de ser promesa para convertirse en referencia. Desde el centro del campo, ha empujado a Inglaterra con una producción goleadora impropia de su posición.

Marcó en los dos primeros triunfos de la fase de grupos: 4-2 a Croacia y 2-0 a Panamá. Llegaron las eliminatorias y no levantó el pie. Doblete ante México en dieciseisavos, otro doblete frente a Noruega en cuartos. Se instaló de golpe en la parte alta de la tabla de goleadores.

Comparte cifra con su capitán, Harry Kane, pero le supera por un detalle que hoy vale oro: ha jugado menos minutos (574 por 627, según datos de FIFA). En un desempate, ese matiz puede ser definitivo.

5. Harry Kane (Inglaterra) – 6 goles

(1 asistencia – 627 minutos)

Harry Kane conoce el camino hacia la Bota de Oro. Ya la ganó en 2018. En 2026 ha vuelto a entrar en la conversación.

Empezó con fuerza: doblete en el 4-2 a Croacia en el debut. Después se atascó, como toda Inglaterra, en el 0-0 ante Ghana. Volvió a aparecer contra Panamá, anotando el segundo tanto inglés en el cierre de la fase de grupos.

En la ronda de 32, fue héroe absoluto frente a RD Congo. Dos goles en la segunda parte para sellar la clasificación. Más tarde, en el duelo ante México, transformó un penalti que amplió su cuenta.

Su producción le mantiene vivo en la carrera, pero el reloj y los minutos acumulados juegan en su contra si se llega a un empate estadístico.

=6. Ousmane Dembélé (Francia) – 5 goles

(2 asistencias – 492 minutos)

Hasta el segundo partido de este Mundial, Ousmane Dembélé arrastraba un dato llamativo: 19 partidos en grandes torneos, ni un solo gol. Esa estadística saltó por los aires.

Primero, su tercer tanto en el 3-0 sobre Irak. Después, una primera parte descomunal contra Noruega: hat-trick en 45 minutos. Velocidad, desborde, definición. El extremo de PSG jugó como si el área rival fuera un parque de recreo.

Su quinto gol llegó en cuartos, ante Marruecos. Una irrupción tardía pero poderosa en la lucha por la Bota de Oro, sostenida también por sus dos asistencias.

=6. Mikel Oyarzabal (España) – 5 goles

(1 asistencia – 519 minutos*)

España empezó el torneo con dudas, atascada en un empate ante Cabo Verde. Mikel Oyarzabal ayudó a despejarlas en el segundo partido.

Doblete en el 4-0 a Arabia Saudí, goles que devolvieron confianza a la selección y al delantero de Real Sociedad. En los dieciseisavos, repitió fórmula: otros dos tantos en el 3-0 frente a Austria, ya en modo líder silencioso.

El quinto llegó en el escenario más grande: semifinal ante Francia. Penalti, responsabilidad máxima, y Oyarzabal no tembló al abrir el marcador. Un gol que vale mucho más que una simple cifra en la tabla de artilleros.

=8. Vinicius Junior (Brasil) – 4 goles*

(1 asistencia – 505 minutos)

Vinicius Junior evitó un susto mayúsculo en el estreno de Brasil. Marruecos se adelantó y el atacante respondió con un latigazo cruzado, seco, para empatar y calmar a medio país.

Contra Haití, con Brasil ya dominante y dos goles de Matheus Cunha en el bolsillo, firmó su segundo tanto del torneo. Un partido cómodo, pero otro paso más en su consolidación como líder ofensivo.

Ante Escocia, aprovechó un error de Scott McKenna para sumar el tercero en tres partidos, definiendo con facilidad ante Angus Gunn. El cuarto llegó con un gesto más propio de un nueve que de un extremo: cabezazo en el segundo palo a centro de Bruno Guimarães.

Brasil ya está eliminada, así que su cuenta se cierra en cuatro. Suficiente para figurar entre los grandes nombres del torneo, pero lejos de la batalla final por la Bota de Oro.

=8. Ismaila Sarr (Senegal) – 4 goles*

(1 asistencia – 419 minutos)

Ismaila Sarr encendió a Senegal con una actuación explosiva ante Noruega en la fase de grupos. Doble en un mismo partido, dos goles muy distintos.

El primero, una definición extraña pero brillante: toque sutil mientras caía al suelo, balón por encima del portero. El segundo, un disparo más ortodoxo en una derrota por 3-2 que no empañó su actuación.

Sumó el tercero en el último duelo de grupos contra Irak y el cuarto en la ronda de 32, frente a Bélgica. El extremo de Crystal Palace se va del Mundial con cuatro tantos y la sensación de haber exprimido cada minuto.

=8. Julián Quiñones (México) – 4 goles*

(1 asistencia – 440 minutos)

Julián Quiñones inauguró el marcador del Mundial. Primer partido del torneo, primer gol: tanto en el triunfo 2-0 de México sobre Sudáfrica. Un inicio perfecto.

Después anotó en el 3-0 frente a República Checa. En dieciseisavos, volvió a abrir el camino contra Ecuador. México miró siempre hacia él cuando necesitó un gol.

Incluso ante Inglaterra, en la ronda de 32, amplió su cuenta con otro tanto. Sus números no sorprenden si se mira su temporada en la Saudi Pro League: máximo goleador con 33 goles en 31 partidos. El Mundial solo confirmó lo que ya era evidente.

El pelotón perseguidor

Por detrás, once jugadores se quedan en tres goles. Nombres importantes, destellos puntuales, pero sin el volumen necesario para asaltar el trono en la recta final. Muchos ya están eliminados; sus cifras quedan como huella, no como amenaza.

Un premio con historia propia

La Bota de Oro, nacida como “Golden Shoe” en 1982, solo oficializó algo que ya se reconocía desde los años 30: el máximo goleador de cada Mundial siempre ha tenido un lugar reservado en la memoria.

En 2022, Kylian Mbappé firmó un hat-trick en la final y llegó a ocho goles, igualando la marca de Ronaldo en 2002 para un solo torneo. No levantó la copa, pero se llevó el trofeo de máximo artillero. Cuatro años antes, Harry Kane había hecho lo propio con seis tantos, llevando a Inglaterra hasta semifinales antes de caer ante Croacia.

Ahora, el escenario se repite con otros matices. Messi, Mbappé, Haaland, Bellingham, Kane, Oyarzabal, Dembélé… nombres de época en una carrera que se decidirá al límite, entre asistencias, minutos jugados y la sangre fría en los últimos metros.

Quedan cuatro partidos. Cuatro oportunidades para que alguien escriba la última línea de esta batalla. ¿Quién se atreverá a reclamarla?

La carrera por la Bota de Oro: Messi y Mbappé al frente