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Del Camp Nou al Parque de los Príncipes: la nueva vida de la estrella española

Salir de Cataluña en pleno mercado de verano no solo significó cambiar de camiseta. Para el delantero de 26 años fue, sobre todo, un terremoto fuera del césped. Sobre el campo, la adaptación ha sido inmediata. Fuera, no tanto. Nueva rutina, nuevo idioma, nuevo país. Otro mundo.

En París encontró un salvavidas conocido. En el banquillo, Luis Enrique, al que el internacional español ve casi como una figura paterna en el fútbol. En el vestuario, compatriotas como Fabian Ruiz y otro ex de la cantera del Barcelona, Dro Fernandez. Caras familiares en el campeón de Europa por partida doble. Un entorno que le ha permitido aterrizar sin mirar atrás.

El fichaje se cerró a una velocidad que incluso a él le pilló a contrapié. Un día estaba en LaLiga, al siguiente hacía maletas. Así describió la crudeza del negocio moderno: “Es difícil: un día estás aquí y al siguiente estás haciendo las maletas”. No hubo tiempo para despedidas largas ni para procesar demasiado. Solo reacción y cambio.

Aun así, se reservó espacio para el humor al hablar de lo que dejaba en España. Bromeó con que “al único” que no podía llevarse era a Pedri. Una frase ligera en medio de un verano vertiginoso.

En el césped, ninguna señal de duda. Siete goles en sus seis primeros partidos con el PSG. Un arranque demoledor que lo ha convertido de inmediato en pieza clave del plan de Luis Enrique. Desmarques agresivos, definición fría, impacto constante. El técnico no ha tardado en darle galones.

Su momento dulce llega tras un verano histórico con la selección. Firmó el gol decisivo en el 1-0 de España ante Argentina en la final del Mundial, una diana que lo elevó al escaparate global. De la cima del mundo a la exigencia diaria de un gigante europeo, sin pausa.

Esa combinación de heroísmo con la Roja y regularidad en club le ha llevado directo a la lista de 30 candidatos al Balón de Oro. Comparte nominación con otros españoles en plena irrupción o consagración: Lamine Yamal, Pau Cubarsi, Marc Cucurella, Rodri y su compañero en París, Fabian Ruiz. Una generación que vuelve a colocar a España en el centro del debate.

Cuando le preguntan por el premio, baja el tono y se aparta del foco. No hace campaña por sí mismo ni señala favorito. Prefiere dejar el resultado en manos de los votantes: “El que tenga que ganarlo, lo ganará; no depende de mí”, subraya. Y remata con una declaración de intenciones muy clara: “Si lo gana un español, mejor”.

Mientras tanto, su reto es mucho más concreto y menos glamuroso: seguir marcando. Mantener este ritmo goleador será decisivo para conservar su sitio en el once de Luis Enrique y, de paso, fortalecer su candidatura individual. Cada gol pesa en los premios, pero pesa todavía más en las aspiraciones del PSG, que se mira en el espejo de Europa y no acepta nada que no sea pelear por todo.

Ha dejado atrás Barcelona, ha cambiado de país y de contexto. Lo único que no ha cambiado es el marcador: sigue moviéndose cada vez que él aparece en el área. La pregunta ya no es si se ha adaptado a París. La pregunta es cuánto tiempo podrá sostener esta versión imparable.