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Argentina vuelve a la final con Messi y Lautaro: ¿Podrán vencer a España?

Argentina lo hizo otra vez. Otra remontada, otra noche al borde del precipicio, otra vez agarrada al genio eterno de Lionel Messi y a la voracidad de Lautaro Martínez. Inglaterra cayó 2-1, como ya cayó en la historia, y la Albiceleste se plantó en la final del domingo ante España con un guion que roza lo increíble.

El partido parecía escaparse tras el gol de Gordon. Inglaterra mandaba, Argentina dudaba. El reloj devoraba minutos y el campeón del mundo caminaba por la cornisa. Hasta que apareció, cómo no, Messi.

Primero, para encender la rebelión. Una asistencia suya abrió la puerta al empate de Fernández en el minuto 85, cuando el aire ya pesaba y las piernas temblaban. El golpe cambió todo. Inglaterra se encogió, Argentina olió sangre.

Y entonces llegó El Toro.

Otra vez Messi filtró el pase, otra vez la defensa inglesa quedó expuesta y Lautaro Martínez, el hombre que vive en el área, definió el 2-1 con la frialdad de los grandes y la rabia de quien carga un país en los hombros. Después, lágrimas. El delantero del Inter se quebró, consciente de lo que significaba su gol: Argentina en la final, otra vez contra Europa, otra vez con la historia llamando a la puerta.

No es un episodio aislado. La selección de Lionel Scaloni encadena remontadas, respuestas al límite, partidos que se le escapan y que termina domando a pura personalidad. Ante Inglaterra, el patrón se repitió: sufrimiento largo, reacción tardía, pegada demoledora.

El Contexto

El contexto añade peso. El domingo, en East Rutherford, Argentina se jugará el derecho a seguir siendo referencia absoluta del fútbol mundial frente a la campeona de Europa. España llega con un sistema afinado, las “lecciones” de De La Fuente bien aprendidas y la sensación de equipo que no tiembla. No se intimida, no se descompone, no se sale del guion. Eso dicen desde su entorno: un engranaje ganador, sin estridencias, pero con una idea clara y una ejecución implacable.

Argentina, en cambio, vive del talento, del carácter y de la conexión casi mística entre Messi y Lautaro. El primero, eterno, sigue decidiendo partidos con toques mínimos pero letales. El segundo, en el pico de su madurez, transforma cada balón en el área en una amenaza real. Frente a Inglaterra, dos asistencias del capitán y el gol decisivo del nueve del Inter bastaron para voltear un marcador que olía a tragedia.

Cuarenta años después de la “mano de Dios”, Inglaterra vuelve a quedar marcada por un argentino. Esta vez no fue la mano de Maradona, fue la cabeza –y el olfato– de El Toro. Otra vez un símbolo albiceleste inclina una eliminatoria y deja a los ingleses mirando al vacío.

Mientras tanto, el ecosistema europeo se agita alrededor de esta final. En Francia, el ruido no cesa: se espera a Zidane como salvador de una nueva era. En Italia, se mira con atención a la Albiceleste, donde Dibu Martínez sigue siendo la primera opción para la portería de la selección de Spalletti, aunque su muro en Aston Villa obliga a contemplar alternativas como Vicario. El mercado gira, los banquillos se mueven, pero el foco, ahora mismo, está en el duelo que viene.

España no se encoge. Argentina no sabe rendirse. Messi y Lautaro llegan en modo leyenda. El escenario, East Rutherford, prepara el telón.

La pregunta ya no es si esta generación albiceleste tiene más que ofrecer. La verdadera incógnita es si alguien será capaz de bajarla del trono antes de que se apague, de una vez por todas, la luz de su número 10.

Argentina vuelve a la final con Messi y Lautaro: ¿Podrán vencer a España?