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Álvarez y Simeone: La tensa reunión en Cerro del Espino

La jornada en Cerro del Espino empezó mucho antes de lo habitual para uno de sus protagonistas. Antes de que el resto de la plantilla pisara el césped, Julián Álvarez, “La Araña”, ya estaba allí. No para entrenar. Para hablar.

Diego Simeone también había llegado antes de tiempo, con la agenda cargada: saludos a los que regresaban, como Alex Baena o Marcos Llorente, y puesta en marcha de una pretemporada marcada por las dudas en ataque. Pero la conversación que importaba era otra. La que tenía que mantener con su delantero estrella, decidido a forzar su salida de Atlético de Madrid.

El encuentro, según coinciden varios medios como Mundo Deportivo, fue cordial, pero directo. Sin rodeos. Pocas horas después de que el argentino rompiera su silencio durante el Mundial de este verano y dejara claro su deseo: marcharse.

“Creo que lo mejor para todos es un traspaso. Quiero cumplir mi sueño”, había admitido Álvarez, explicando que ya había hablado con las personas clave del club. No era un calentón. Era una postura firme.

Simeone, en cambio, no se ha movido ni un milímetro.

Simeone se alinea con el club

El técnico ya había marcado el terreno durante la gira de pretemporada en Seúl, antes del amistoso ante Manchester City. Allí, respaldó sin fisuras la línea dura del consejero delegado, Miguel Ángel Gil Marín, sobre cualquier posible salida del campeón del mundo en 2022.

“La situación es muy clara, la entidad tomó una decisión que Miguel Ángel explicó muy bien”, recordó el entrenador en Corea del Sur. Ese mismo mensaje volvió a sonar en su charla privada con Álvarez: esto no es una cuestión del vestuario, es una decisión corporativa.

El jugador quiere irse. El club no quiere vender. Y, sobre todo, no quiere vender en cualquier dirección.

Con interés serio de Arsenal y PSG, y con la preferencia del propio Álvarez por Barcelona, Atlético ha levantado un muro: no habrá traspaso a un rival directo en España. Línea roja absoluta.

Un “no se vende” blindado

Mientras el delantero presiona desde el lado deportivo, la batalla también se libra en los despachos. Sus agentes están en Madrid, buscando una salida que encaje con el deseo del jugador. Pero se han topado con un club atrincherado.

La directiva rojiblanca ha “cerrado filas” y se niega a negociar. No hay voluntad de abrir la puerta, ni siquiera para escuchar cifras. Para Atlético, Álvarez no es un activo transferible, sino una pieza central del proyecto inmediato.

El contexto refuerza esa postura. El argentino llegó el verano de 2024 procedente de Manchester City por 81,8 millones de libras y tiene contrato hasta 2030. Una inversión enorme, a largo plazo, que aún no ha dado títulos: la pasada temporada se quedó como subcampeón de la Copa del Rey. Pero sí ha ofrecido rendimiento.

Los números hablan: 49 partidos en todas las competiciones, 20 goles, 9 asistencias. Un delantero ya asentado, alrededor del cual se estaba construyendo el ataque para el próximo curso.

Lesiones, presión y un calendario que aprieta

Como si hiciera falta más tensión, el escenario deportivo se ha complicado. Alexander Sorloth ha entrado recientemente en la enfermería y se suma a los quebraderos de cabeza de Simeone en la zona ofensiva.

Menos delanteros sanos. Más dependencia de Álvarez. El resultado es obvio: la lesión del noruego no solo trastoca los planes tácticos, también endurece todavía más la postura del club. Atlético no se puede permitir perder más pólvora justo antes de que arranque LaLiga.

Cada día que pasa acerca el debut liguero ante Málaga, el 19 de agosto, y el argentino sigue siendo, a todos los efectos, jugador del Atlético de Madrid. Entrena, se prepara, cumple. Pero su entorno continúa trabajando en la sombra para encontrar una solución que le permita salir sin dinamitar la relación con el club.

De momento, la respuesta desde los despachos es siempre la misma: “no está en venta”.

La reunión matinal en Cerro del Espino no resolvió el pulso. Solo dejó algo claro: las posiciones están completamente definidas. Un delantero que quiere irse para perseguir su sueño. Un club que se niega a soltar a su referencia ofensiva en plena cuenta atrás hacia el inicio de la temporada.

La cuestión ya no es si hay interés o si existen ofertas. La pregunta es otra: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar cada lado antes de que ruede el primer balón en LaLiga?