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Zidane asume la selección francesa: un sueño cumplido

Zinedine Zidane ya tiene en sus manos el banquillo que siempre quiso. Después de años de espera, de rumores recurrentes y de puertas de grandes clubes abiertas de par en par, el mito de Marsella por fin se sienta donde, para él, no hay nada más alto: la selección de Francia.

“Lo he dicho muchas veces: no hay nada más grande que la selección francesa. Es una alegría y, por supuesto, un gran orgullo convertirme en seleccionador de esta selección francesa”, declaró en la web oficial de la FFF.

No son palabras protocolarias. En su caso suenan a destino cumplido.

Un relevo de peso

El nombramiento llega tras el largo ciclo de Didier Deschamps, catorce años al mando que han marcado una era. Zidane no esquivó esa herencia: “Quiero agradecer al presidente Philippe Diallo, al Comité Ejecutivo y a la Federación Francesa de Fútbol por su confianza y reconocer los catorce años de servicio de Didier y su cuerpo técnico”. Un gesto hacia quien fue su capitán en 1998 y compañero de batalla en la época dorada de Les Bleus.

Pero el agradecimiento no esconde la magnitud del reto. “Es también una responsabilidad”, subrayó. Zidane sabe que no llega para reconstruir desde cero, sino para mantener a una potencia instalada en la élite. Y lo asume con la misma naturalidad con la que controlaba un balón bajo presión.

El banquillo que valía más que cualquier club

En la sala de prensa, el nuevo seleccionador fue todavía más claro. “Hay un gran equipo aquí y estoy feliz de poder construir sobre esta continuidad. Es un sueño hecho realidad”, afirmó, antes de desvelar lo que muchos intuían: la espera fue deliberada.

“Puedo decirles que recibí ofertas para dirigir clubes, pero las rechacé todas por la selección francesa. Era lo único que quería hacer después de mi etapa en Real Madrid”, confesó.

Pocas frases definen mejor el peso simbólico del cargo para Zidane. Podía haber elegido casi cualquier banquillo del mundo. Eligió esperar a Francia.

Una vida entera con la camiseta bleu

Su discurso se apoyó en la biografía. No habló solo como entrenador, sino como alguien que ha recorrido cada escalón del sistema francés. “Conocí la selección francesa cuando era un niño, y pasé por todas las etapas hasta llegar al equipo absoluto”, recordó. Para él, el arco se cierra ahora en el punto más alto: “Hoy, convertirme en su seleccionador representa la cumbre”.

No es una frase lanzada al aire. Zidane ha ganado todo como jugador y como técnico de club. Sin embargo, sitúa este cargo por encima de Champions, ligas y noches históricas en Real Madrid. “Daré todo para mantener a Francia en la cima”, prometió. No habló de revoluciones, ni de grandes proclamas tácticas. Habló de ambición.

El mensaje está claro: el ídolo vuelve al escudo que lo convirtió en leyenda. Y lo hace con la mirada fija en un solo objetivo: que la selección francesa siga habitando el lugar que él considera natural, la cumbre del fútbol mundial.

Zidane asume la selección francesa: un sueño cumplido