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Xabi Alonso llega a Chelsea como entrenador con una visión clara

SÍDNEY — Xabi Alonso aterriza en Chelsea como entrenador con el mismo tempo con el que dominaba los partidos desde el círculo central. Sin prisas. Sin estridencias. Con una idea muy clara: pedir paciencia justo cuando la excitación alrededor del club amenaza con desbordarse.

En el Accor Stadium, rodeado por una nube de medios internacionales, el técnico de 44 años se movió con la calma que siempre le caracterizó con el balón en los pies. Pausas largas, respuestas medidas, mirada limpia. El mismo jugador que ordenaba el juego con un toque ahora intenta hacer lo mismo con un vestuario nuevo y un proyecto en plena ebullición.

Un fútbol que ya no es el mismo

Alonso regresa a la Premier League 17 años después de marcharse de Liverpool. El escenario, admite, ha cambiado por completo.

«Ha cambiado mucho», reconoció ante la prensa. «Fue hace mucho tiempo, me fui en 2009. Hemos visto la progresión y el desarrollo de la liga, de los equipos, de los clubes, de los entrenadores también, de los jugadores».

No lo dice con nostalgia, sino con curiosidad. Aquellos fueron «buenos años», como los define él. Ahora quiere comprobar si puede disfrutar igual desde la banda. Y está convencido de que tiene material para ello.

«Creo que tenemos grandes cualidades con las que trabajar. Seguro que no está toda la plantilla, pero los que están entrenando lo están haciendo bien. Tienen buena energía».

En Sídney, su Chelsea es una mezcla de juventud, jugadores de rotación y alguna estrella suelta. Un laboratorio a cielo abierto para un entrenador que acaba de llegar y que utiliza cada sesión para tomar notas, probar piezas, medir personalidades.

«Estamos pasando tiempo con los jugadores de la academia que, siendo sincero, no conocía tan bien, y me han impresionado mucho», confesó. «La calidad, incluso siendo muy jóvenes, es altísima y son grandes proyectos para desarrollar. Estamos usando este tiempo para llegar ahí».

Morgan Rogers, el gran ausente que lo llena todo

Paradójicamente, buena parte de la atención giró en torno a un futbolista que ni siquiera está en Australia. Morgan Rogers, nuevo fichaje de récord del club, ya es el gran tema en torno al Chelsea de Alonso.

El delantero inglés se convirtió a principios de mes en el jugador británico más caro de la historia tras su traspaso a Chelsea por 117 millones de libras. Una cifra que pesa, aunque el técnico todavía no haya tenido ocasión ni de saludarle.

La primera mitad de su comparecencia giró casi por completo alrededor de Rogers: expectativas, impacto inmediato, encaje en el modelo. Alonso respondió con naturalidad, pero sin caer en la trampa de hablar más del futuro que del presente. Rogers no está en la gira, así que el foco, para él, está en los que sí han viajado.

Mientras el nuevo ídolo mediático espera en Inglaterra, el entrenador se ha llevado a Australia un grupo con hambre y minutos por ganar. Jóvenes que quieren hacerse un nombre, futbolistas de rol que buscan convencer al nuevo jefe y un puñado de referentes para marcar el tono competitivo. Con ellos arrancará la serie de amistosos frente a Western Sydney Wanderers y Tottenham Hotspur.

Paso a paso, sin mirar a mayo

La tentación de hablar de objetivos es inevitable en un club como Chelsea. Alonso la esquiva con la misma serenidad con la que se quitaba de encima la presión rival cuando era mediocentro.

«La idea no es pensar demasiado pronto en lo que va a pasar en mayo», advirtió, señalando al final de la temporada de la Premier League. «Necesitamos ir paso a paso. Queremos tener un buen inicio, pero para eso necesitamos crear buenas energías, buena química dentro del equipo, ideas claras, y eso se irá desarrollando seguro».

Su discurso no es el de un revolucionario que llega para arrasarlo todo, sino el de un arquitecto que sabe que las bases llevan tiempo. Nuevo entrenador, nuevos jugadores, nuevas ideas. El cóctel perfecto para el caos… o para el crecimiento.

«Estoy seguro de que el equipo que empezará en agosto no será el mismo que terminemos en mayo», afirmó. «Y estoy seguro de que ese equipo de mayo será mejor que el del primer día».

Ahí está el eje de su proyecto: evolución. No promesas grandilocuentes ni titulares fáciles. Trabajo, desarrollo, tiempo. Y una advertencia: no todos los procesos siguen el mismo ritmo.

«No quiero hablar demasiado pronto de cuál es nuestro objetivo», añadió. «Queremos hacer una buena temporada. Queremos merecer estar lo más alto posible, y para eso tenemos que trabajar duro. Tenemos que desarrollar este equipo con nuevos jugadores, nuevo entrenador, nuevas ideas. A veces lleva más tiempo, a veces pasa más rápido».

Sídney como laboratorio

Mientras la Premier League espera su turno, Australia se convierte en el primer campo de pruebas. Chelsea abre su participación en la Sydney Super Cup el 28 de julio ante Western Sydney Wanderers en el Accor Stadium, con inicio a las 19:45, hora local.

Allí, lejos de Stamford Bridge y del ruido diario de Londres, Alonso quiere empezar a ver si su idea se reconoce sobre el césped. No se trata solo de resultados de pretemporada, sino de algo más sutil: automatismos, asociaciones, esa «buena energía» de la que tanto habla.

«De momento, buenas sensaciones. Buena energía. Los jugadores están trabajando duro, y eso es lo que queremos», remató.

No hay promesas de títulos ni grandes declaraciones. Solo un mensaje que, en el fútbol actual, casi suena contracultural: paciencia. La pregunta es si un club como Chelsea, y una Premier que no perdona, estarán dispuestos a concedérsela.