Por qué la WSL inglesa se ha convertido en un segundo hogar para las futbolistas australianas y su impacto en las Matildas
Hace apenas siete años, no había futbolistas australianas en la Women’s Super League (WSL) de Inglaterra. Hoy, varias de las figuras más importantes de las Matildas, como Ellie Carpenter, Steph Catley y Mary Fowler, juegan en esta liga. Australia es una de las naciones con mayor representación histórica en la WSL, sumando nombres destacados como Sam Kerr, Katrina Gorry y Mackenzie Arnold.
El crecimiento es tan notable que Jack Sharkey, líder en rendimiento físico del equipo nacional, reside en Inglaterra para facilitar la comunicación y el seguimiento de las jugadoras. Esta situación marca un cambio respecto a años anteriores cuando la mayoría de las Matildas elegían la NWSL estadounidense, debido a su calendario compatible con la A-League australiana. En el Mundial de 2019, 13 de las 23 seleccionadas jugaban en Estados Unidos.
De ida y vuelta entre continentes
Clare Wheeler, mediocampista del Everton con 46 partidos internacionales, comenzó su carrera en la A-League con solo 15 años. Al mismo tiempo, la NWSL iniciaba su actividad y muchas australianas emigraban a esa liga, repitiendo un ciclo agotador: jugar en Estados Unidos desde marzo hasta noviembre, regresar a Australia para la temporada local y luego volver a Estados Unidos sin descanso.
“No había descanso alguno, lo cual era un gran obstáculo para mí”, dijo Wheeler sobre ese itinerario. “Por eso quise dar el salto a Europa para tener una temporada completa.”
Alanna Kennedy, ahora en London City Lionesses, vivió ese ciclo durante años. La demanda física y la extensión de la temporada australiana hicieron insostenible esta dinámica, tal como explicó Kennedy: “Era necesario encontrar un descanso en algún momento”.
Catley también reconoció que esos viajes constantes afectaron el rendimiento y salud de las jugadoras, contribuyendo a lesiones frecuentes en torneos importantes.
Un nuevo hogar lejos de casa
Tras la suspensión parcial de la NWSL en 2020 por la pandemia, la WSL siguió adelante con su campaña 2020-21, atrayendo a muchas estadounidenses y australianas. Para quienes ya conocían la NWSL, la WSL ofrecía un nivel competitivo similar pero con un ambiente diferente. Catley destacó que la liga inglesa ya estaba "a la par con Estados Unidos" y desde entonces ha seguido creciendo.
Mary Fowler, quien se unió al Manchester City en 2022, valoró la profesionalidad del fútbol femenino inglés: “Los salarios son buenos, la cobertura mediática favorece a los equipos y los jugadores sienten que tienen voz.” Según ella, en otros países, incluida Australia, esa sensación no está tan presente.
Para algunas jugadoras, como Kennedy, existen razones culturales que hacen de Inglaterra un lugar cómodo: “La gente es bastante relajada, similar a Australia, y eso me hace sentir como en casa.” Además, la concentración de tantas compatriotas facilita el apoyo mutuo cuando están tan lejos de su país.
Ventajas para las Matildas
El auge de las futbolistas australianas en Europa, especialmente en la WSL, ha mejorado el nivel de la selección nacional. Antes, muchas jugadoras permanecían en la A-League, pero ahora la mayoría opta por competir en ligas europeas que ofrecen mejores entrenamientos, rivales de alto nivel y entornos profesionales.
Este cambio también redujo la fatiga y el riesgo de lesiones que generaba el antiguo calendario. Emily Husband, asistente técnica, comenta: “No queremos enviar jugadoras al extranjero solo por enviarlas, pero si eso acelera su desarrollo, es lo mejor para ellas y para el equipo nacional.”
- Juegos Olímpicos 2021: Australia alcanzó semifinales, con 18 de 22 jugadoras en Europa y 8 en Inglaterra.
- Mundial 2023: Las Matildas igualaron esa actuación, con 19 de 23 jugadoras en Europa y 11 en la WSL.
Fowler atribuye esto a la calidad del entrenamiento diario y la inteligencia táctica de los técnicos europeos, elementos que enriquecen la evolución de las jugadoras.
Desafíos físicos y logísticos
El personal de apoyo juega un papel clave en mantener a las jugadoras en óptimas condiciones pese a la distancia. La ubicación en Inglaterra permite a Sharkey y su equipo coordinarse mejor con clubes y deportistas.
“Gestionamos viajes con técnicas específicas, desde leggings compresivos personalizados hasta ajustes en exposición a luz, consumo de cafeína y melatonina para minimizar el jet lag,” explica Sharkey.
Todo esto se sostiene gracias a la financiación de Football Australia y una red sólida de ciencia deportiva que aporta innovación y guía constante.
Campamentos en Europa para reducir viajes
Para aliviar la carga de traslados, los entrenamientos internacionales de las Matildas se han mudado a Europa en ocasiones recientes. Esto permite llegar con anticipación y aprovechar más sesiones antes de los partidos, algo imposible si el campamento fuera en Australia debido a las largas horas de vuelo.
Husband señala que la presencia en Europa ofrece varias sesiones extra y mejor preparación, indispensable para el cuerpo técnico.
Impacto en la A-League y el futuro
Mientras más jugadoras migran a Europa, la A-League pierde calidad y visibilidad. Jugadoras como Holly McNamara y otras jóvenes estrellas han hecho su primera salida al extranjero en 2026, lo que fortalece la selección pero debilita la liga local.
Además, existe un conflicto salarial entre las A-Leagues masculina y femenina y sus jugadoras, una situación que preocupa a figuras como Ellie Carpenter, quien espera que haya mejoras para atraer y retener talento.
Aunque la competencia con ligas como la WSL es dura, la A-League sigue siendo fundamental para formar a las futuras Matildas. Husband destaca que la experiencia en minutos de juego es invaluable para las jóvenes.
Esperanzas de retorno
Carpenter expresó su deseo de regresar a Australia para cerrar su carrera cuando las condiciones sean adecuadas: “Espero que en cinco o ocho años podamos ver a más Matildas volviendo a jugar en casa.”
Mientras tanto, muchas siguen demostrando su calidad en Inglaterra y Europa, sirviendo de inspiración para las nuevas generaciones que quieren seguir sus pasos y fortalecer a las Matildas.
“Ver a compañeras en grandes clubes genera ambición y motivación en las jóvenes. Luego, esas mismas chicas se animan a cruzar el mundo, justo lo que necesitamos para mejorar como selección,” concluye Kennedy.
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