Logotipo completo Juego Final

Unai Emery y su obsesión por la Supercopa

Unai Emery domina la Europa League como nadie. Cinco títulos, el último en mayo con Aston Villa, levantando el trofeo en Estambul tras derrotar a Freiburg y poniendo fin a 30 años de sequía del club. Ese es su territorio. Su zona de confort.

La Supercopa, en cambio, se le resiste.

El miércoles, en el Red Bull Arena de Salzburgo, el técnico vasco afronta su cuarta oportunidad de conquistar un título que se le ha escapado entre los dedos demasiadas veces. Enfrente, nada menos que el campeón de la Champions League, Paris Saint-Germain. Un duelo con sabor a revancha personal, pero también a examen colectivo para un Aston Villa en plena transformación.

Un perfeccionista frente a su única espina

Emery no oculta su obsesión por los detalles ni su ambición casi maniática. La pasada temporada, cuando Villa peleaba por los puestos altos de la Premier League, fue claro: quería acabar tercero, algo que todavía no había logrado con el club. Terminó cuarto. Un éxito rotundo para la entidad, pero un pequeño aguijón para él.

Con la Supercopa ocurre algo parecido. No es un fracaso, pero le duele.

El historial pesa. Derrotas ante Real Madrid y Barcelona con Sevilla. Aquel 5-4 en la prórroga en 2015 frente a un Barça guiado por Lionel Messi, un año después de que Cristiano Ronaldo firmara un doblete para darle el trofeo al Madrid. Más tarde, ya con Villarreal, cayó en los penaltis ante Chelsea en Dublín en 2021. Y cuando Sevilla perdió la Supercopa de 2016 ante el Madrid, Emery ya había hecho las maletas rumbo a PSG.

Ahora, el escenario le ofrece un giro de guion perfecto: una final contra su antiguo club, con 6.000 aficionados de Aston Villa desplazados a Austria y la opción de romper por fin la maldición.

El propio técnico lo resumió con sencillez. Recordó, entre risas, cómo John McGinn le mencionó la derrota ante Chelsea la semana anterior. Y lo dejó claro: es una oportunidad, un trofeo, un momento especial. Algo que da sentido a la profesión.

¿Amistoso de lujo o título que pesa?

La Supercopa siempre arrastra el mismo debate. ¿Es un partido oficial con valor real o una especie de amistoso glamuroso con copa incluida? El paralelismo con el Community Shield entre Arsenal y Manchester City del domingo es inevitable.

Pero en el palmarés de los entrenadores pesa. Carlo Ancelotti suma cinco Supercopas, dos con AC Milan y tres con Real Madrid. Pep Guardiola le sigue con cuatro: dos con Barcelona, una con Bayern Munich y otra con Manchester City. Una de esas coronas de Ancelotti llegó precisamente ante el Sevilla de Emery en 2014.

Para Emery, inscribir su nombre en esa lista no es un detalle menor. Es cerrar un círculo.

En el otro lado, PSG no llega con aire de trámite. Vitinha, cuatro veces campeón de la Ligue 1, rechazó cualquier idea de que el equipo trate el partido con ligereza, aunque reconoció que la pretemporada ha sido “un poco corta”. El mensaje del portugués fue directo: siguen hambrientos de victorias y trofeos, conscientes de lo difícil que es mantenerse en la cima.

Marquinhos fue en la misma línea. El capitán subrayó que, aunque el club acumule títulos recientes, nada es fácil y los obstáculos siguen ahí. La ambición, insistió, no se negocia. Cada jugador ha trabajado para llegar en las mejores condiciones.

Incluso un detalle aparentemente menor, como el enfado de PSG por el tamaño del vestuario en el Red Bull Arena —que obligó a la UEFA a habilitar un espacio adicional—, refleja el contexto: no vienen a una pachanga de verano. Vienen a ganar.

El eco de una eliminatoria inolvidable

El duelo tiene memoria reciente. Villa y PSG ya se miraron a los ojos en los cuartos de final de la Champions 2024-25. Sobre el papel, un choque desigual. Sobre el césped, una batalla que dejó huella.

PSG se impuso 3-1 en el Parc des Princes y llegó a ponerse 5-1 en el global en Birmingham. Parecía todo sentenciado. Pero el equipo de Emery, empujado por Villa Park, rozó la gesta: remontó de un 2-0 en contra a un 3-2 en la noche, para caer finalmente 5-4 en el cómputo total. No hubo milagro, sí una declaración de intenciones.

Aquel partido fue una de las pruebas más claras de que Aston Villa había dejado de ser un invitado simpático en Europa para convertirse en un rival incómodo para cualquiera. Y en París no lo han olvidado.

Vitinha lo admitió sin rodeos: fue una prueba durísima, sobre todo en la segunda parte. Saben lo que les espera. Saben que el partido no se gana solo con el escudo.

Un Aston Villa muy distinto… pero con la misma columna vertebral

El Villa que se presente en Austria tendrá un rostro renovado. Apenas han pasado 484 días desde aquella noche europea ante PSG y la foto de equipo ha cambiado de forma drástica.

Morgan Rogers, Lucas Digne y Youri Tielemans ya no están: el club los ha vendido. Amadou Onana no volverá hasta el próximo año por lesión. Boubacar Kamara entra en la convocatoria, pero regresa con cautela tras una grave lesión de rodilla sufrida en enero.

A todo esto se suma la ausencia de tres pilares absolutos: Emi Martínez, Ezri Konsa y Ollie Watkins no han viajado tras disputar el Mundial, con Emery concediéndoles un mes de descanso. El resultado es un equipo con cicatrices recientes y una estructura en reconstrucción.

Los números son contundentes: apenas cuatro de los titulares que se midieron a PSG hace 18 meses podrían repetir en Salzburgo. Cinco de los suplentes de aquella noche ya ni siquiera pertenecen al club. Para un proyecto tan reconocible y estable como el de Emery en Villa, el cambio es profundo.

John McGinn, capitán y testigo directo de la evolución del club, lo resumió con perspectiva. Ocho años en el vestuario le permiten dimensionar la transformación. Ahora, dijo, cuando el club ficha al mejor talento joven inglés y sus jugadores rinden al máximo nivel, es normal que lleguen ofertas y movimientos.

El escocés, sin embargo, insiste en el ancla del proyecto: una estructura clara, estándares firmes, reglas que han llevado al éxito. Habla de un “nuevo Aston Villa” con ilusión, pero sin renunciar al núcleo que les ha traído hasta aquí: mismo entrenador, mismos métodos, misma hambre.

Hace no tanto, muchos pensaban que el equipo ya había tocado techo. Villa se encargó de desmentirlo.

La Supercopa, ante PSG, dirá si ese techo sigue subiendo o si Emery necesita otra noche más para, por fin, reclamar el único trofeo europeo que aún le mira desde lejos.