Thiago Pitarch: El futuro del centro del campo del Madrid
El verano del Real Madrid giró en torno a una duda incómoda: ¿hacía falta otro centrocampista? En los despachos lo tuvieron claro durante semanas. Tanto, que el club llegó a tantear seriamente la incorporación de Rodri. La operación se cayó y la entidad decidió cerrarse por dentro: tirar con lo que había, con Bernardo Silva reconvertido casi a interior, mucho más cerca del mediocentro que del mediapunta que deslumbró en el City.
La temporada oficial ya ha arrancado y, según desvela el diario AS, los viejos problemas han reaparecido sin disfraz. El ejemplo más crudo, el duelo ante el Inter. Madrid casi nunca mandó en el partido. No dominó el ritmo, no controló la posesión, no supo adormecer el choque cuando más lo necesitaba. Valverde lo reconoció después: Mourinho les pidió pausa, calma, circulación. No llegó ninguna de las tres.
Un problema que viene de atrás
Esta crisis de gobierno en la medular no es nueva. Viene del curso pasado. Entonces, Arbeloa encontró un parche tan inesperado como efectivo: Thiago Pitarch. Aún jugador del Castilla, se ganó el salto y se agarró al primer equipo con una determinación que sorprendió en Valdebebas.
Pitarch sumó más de 800 minutos, se metió en el once en los dos partidos contra el City en los octavos de la Champions y también en la ida de cuartos frente al Bayern. No fue relleno. Fue solución en noches grandes.
Este verano, su papel se volvió borroso. Sobre la mesa apareció la opción de salir. Parecía lógica: exceso de competencia, ficha de canterano, necesidad de minutos. Pero una lesión al inicio de la pretemporada frenó cualquier movimiento. Sin ritmo, sin escaparate, sin mercado. Se quedó.
Se quedó, pero en tierra de nadie: inscrito con el filial por falta de plazas, aunque con estatus de primer equipo y un nuevo contrato que lo certifica. El mensaje del club es claro. Pertenece a la élite del vestuario. Ahora le falta lo más difícil: jugar.
Quinto en una fila de cinco
El espacio en el once es un bien escaso. Mourinho ha abrazado un 4-2-3-1 muy definido que encierra a Pitarch en la zona más exigente del campo: el doble pivote. Ahí se mide con Valverde, Tchouaméni, Camavinga y Bernardo Silva. Cuatro nombres de peso. Sobre el papel, Thiago parte como quinto en una lista de cinco.
Su baza es otra. La calidad que enseñó el curso pasado y una personalidad que no se arruga. El peso de la camiseta no le aplastó en Champions. Al contrario: se movió con naturalidad en escenarios que suelen desnudar a los jóvenes.
Mourinho, sin embargo, apenas ha podido contar con él en las últimas semanas por culpa de esa lesión. Eso no significa que lo haya borrado. Todo lo contrario. El técnico tiene muy presente lo que Pitarch dio y lo que puede volver a dar. Lo dejó claro con una frase que retumba en Valdebebas: «No es un jugador para estar en la categoría del Castilla, sino un jugador de primer equipo y me gusta mucho. Tiene cualidades que me gustan mucho y, cuando esté al cien por cien, formará parte del grupo y entonces habrá minutos esperándole, porque tiene una calidad muy alta».
El mensaje es directo. No hay promesas vacías, hay una condición: estar preparado.
El reto físico que marca Mourinho
Mourinho quiere a Pitarch en otra dimensión física. Más duro, más resistente, más agresivo sin balón. Lo ve preparado con la pelota, pero exige otro nivel en el choque, en la presión, en la disputa. Se lo ha dicho a la cara, sin paños calientes: «Lo único que le digo es que sus músculos de las piernas son como los míos y que necesita meter ahí dos kilos más a base de trabajo».
La frase, mitad broma, mitad desafío, marca el camino. Thiago sabe qué tiene que hacer para dejar de ser el quinto en la rotación y convertirse en algo más que un recurso de emergencia.
El Madrid sigue buscando soluciones a un centro del campo que no termina de mandar en los partidos grandes. La directiva ya gastó el verano haciéndose la misma pregunta. Ahora la respuesta puede estar en casa, en un canterano con contrato de primer equipo, el aval público de Mourinho y una misión muy simple y brutal a la vez: ganar músculo, ganar duelos, ganar un sitio.
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