Steven Moreira y el All-Star de la MLS: un evento de honor
Cuando Steven Moreira aterrizó en la MLS en 2021, se marcó un objetivo muy concreto: ser All-Star. No una vez. Serlo. Punto. Hoy ya lo ha conseguido dos veces.
«Quería ver cómo era», contaba el defensor de Columbus Crew a GOAL.
Creció enamorado de la NBA, de ese circo perfecto de luces, estrellas y espectáculo. Desde Francia, sus antiguos compañeros le escribían incrédulos cuando vieron su nombre entre los elegidos: «¡Es una locura!». A ellos les fascina el concepto. A él también.
Y no está solo. Incluso figuras que lo han ganado prácticamente todo siguen sintiendo ese cosquilleo cuando llega una llamada así. Thomas Müller lo ha levantado todo. Son Heung-Min también tiene la vitrina llena. Sin embargo, esta semana los dos están en Charlotte, vestidos de gala, representando a sus ligas, a sus clubes… y a sí mismos. Disfrutan de un reconocimiento que, visto desde fuera, podría parecer menor. Para ellos, no lo es.
«Que te llamen para el All-Star Game… todos quieren estar en estos eventos», explica Son.
«Es una gran experiencia estar aquí con grandes jugadores, grandes nombres, y lo estoy disfrutando».
Para futbolistas como el surcoreano, el All-Star es una pausa en mitad de la tormenta. Un respiro con balón. Un rato para compartir vestuario con tipos como Müller, Tim Ream o Ashley Westwood, rivales de siempre convertidos por unos días en compañeros de equipo. Hay placer en jugar con quienes te han hecho la vida imposible durante años. Y hay curiosidad por descubrir a la persona que se esconde detrás del competidor feroz.
Para los jóvenes, el significado es distinto. Para promesas como Zavier Gozo, Julian Hall o Lucas Herrington, el All-Star es algo mucho más simple y, a la vez, enorme: la oportunidad de jugar con sus ídolos.
«Suena raro, pero me recuerda a cuando yo tenía 17 o 18 años», reconoce Son.
«Probablemente estén un poco nerviosos, pero es una experiencia increíble. Tienen la oportunidad de aprender, de hablar con nosotros, de jugar con nosotros. Es un gran honor».
Luego añade algo que repite con convicción: la edad, para él, es solo un número. «Merecen estar aquí. Nosotros, como atletas, estamos felices de tenerlos. Y yo, personalmente, estoy muy contento de jugar con los chicos jóvenes. También aprendo algo de estos niños y de la nueva generación».
Mientras Son se mueve entre generaciones, entre fotos con adolescentes y charlas con veteranos, en otra parte de la ciudad se cuece algo mucho menos vistoso y mucho más trascendente.
El All-Star que no se ve
El All-Star Game es una de esas pocas fechas del calendario en las que la MLS puede juntar, casi sin esfuerzo, a un puñado de multimillonarios en la misma ciudad. Propietarios, ejecutivos, gente que decide. Mientras el foco público apunta al césped, las decisiones que marcarán el futuro de la liga se discuten en salas de hotel y salones de conferencias.
Según adelantó The Athletic, la Board of Governors de la MLS se reúne esta semana en Charlotte. Sobre la mesa, una propuesta del comité deportivo y de competición para reformar de arriba abajo las normas de construcción de plantillas. No es un detalle menor. Es el tipo de movimiento que puede redefinir la liga durante años.
Por eso, las jugadas verdaderamente importantes del All-Star no siempre se ven en televisión. Se firman en carpetas, se negocian en pasillos, se perfilan entre café y café. El partido es la excusa perfecta para que todos estén en el mismo lugar.
También lo es para los patrocinadores. Cada socio comercial de la MLS encuentra su hueco en esta semana: activaciones, eventos, reuniones. El All-Star es un producto vendible, sí, pero también un gran punto de encuentro para quienes ya invierten y para quienes podrían hacerlo.
El resultado es evidente: el partido, el espectáculo que la mayoría enciende en la pantalla, es solo una parte de algo mucho más grande.
Un paréntesis en un calendario imposible
Para los jugadores, el All-Star también tiene algo de paréntesis… y de carga extra. Venimos de un verano de Mundial, con estrellas de la MLS compitiendo al máximo nivel, volviendo a sus clubes y encadenando jornadas sin descanso.
El sábado pasado, Columbus Crew y FC Cincinnati terminaron su clásico con una tangana en el túnel. Esta semana, Moreira y Max Arfsten comparten camiseta con Evander. Este sábado, Dean Smith, técnico de Charlotte FC y entrenador del equipo All-Star, volverá al banquillo de su club para medirse a Chicago Fire, apenas unos días después de dirigir a Philip Zinckernagel. Los partidos que cuentan de verdad están en la liga. Y no paran.
El contexto mundialista ha comprimido todavía más el calendario. Viajes, cambios de huso horario, entrenamientos, compromisos mediáticos. Todo junto. Todo ya. Y, en medio, el All-Star.
Luego está el gran ausente. Lionel Messi no ha regresado aún de sus compromisos de Mundial. Rodrigo De Paul tampoco. Sebastian Berhalter y Hugo Cuypers ya ni siquiera pertenecen a la MLS. La ausencia del argentino, sobre todo, le resta brillo a un evento que muchos jugadores viven como un honor… y otros, en privado, como una molestia añadida.
Son no lo esconde: «Si soy sincero, el calendario ha sido un poco loco, con demasiados partidos, y meter este juego ahí ha sido un poco una locura». Pero enseguida matiza: la experiencia, insiste, es enorme para todos. Para él y para Müller, que ya no son unos niños. «Es especial. No importa la edad que tengas. Estamos emocionados y felices de estar aquí, y queremos hacer este partido lo más especial posible».
De Europa a Liga MX: un cambio con intención
Para darle más sentido competitivo al evento, la MLS ha cambiado el formato. Atrás quedan los duelos ante gigantes europeos en plena pretemporada. Ahora, los All-Stars se miden a una selección de lo mejor de la Liga MX.
Ashley Westwood, capitán de Charlotte FC y viejo conocido de la Premier, lo explica sin rodeos: «Cuando vienen los equipos ingleses, están en mitad de su pretemporada y no se lo toman en serio. Es solo un entrenamiento para ellos. Jugar contra Liga MX lo hace más competitivo. Representamos a la MLS, representamos a Estados Unidos, y queremos ganar».
La idea es clara: subirse al tren de la rivalidad futbolística entre Estados Unidos, Canadá y México. Alimentarla. Convertirla en motor del espectáculo. Al mismo tiempo, reforzar la alianza entre ambas ligas, que llevan años buscando crecer de la mano y ganar peso en el mapa global.
Tim Ream, capitán de la USMNT, lo resume con precisión: «La rivalidad empieza arriba y baja por todos los niveles». De la cúpula de la liga a los clubes. De los clubes a los jugadores. De los jugadores a las familias. A todo. «Es una rivalidad enorme, y aunque sea un All-Star Game, un lado quiere estar por encima del otro. Siempre ha sido así y siempre lo será».
Ese espíritu competitivo se nota incluso en quienes no tienen una conexión directa con la historia del duelo. Para llegar hasta aquí, todos han tenido que ser competitivos hasta la obsesión. Se ve en los entrenamientos, en el Skills Challenge, en cada gesto. Cada uno quiere demostrar que pertenece a este escaparate. Eso sí, sin olvidar que se trata de una exhibición.
Son lo deja claro: «Como atleta, no quieres perder. Pero lo más importante es que los dos equipos nos mantengamos sanos y no nos lesionemos. Queremos que sea lo más divertido y entretenido posible. No queremos lesionarnos, pero también queremos ganar».
Lluvia, retrasos y sonrisas
El Skills Challenge tuvo que enfrentarse a su propio rival: el clima. La lluvia cayó con fuerza y obligó a retrasar el espectáculo. Pero la noche no se rindió. Tras la pausa, volvieron los jugadores. Volvieron las mascotas. Volvieron las cámaras y las celebridades a pie de campo. Volvieron los juegos.
Y, sobre todo, volvieron las risas.
Para los futbolistas, esos momentos son el verdadero tesoro de la semana. «Simplemente puedes disfrutar», dice Moreira. «Respirar, reírte. Es un momento muy especial, porque normalmente estamos tan concentrados que no tienes tiempo para relajarte y disfrutar. Ahora sí. Disfrutas el momento con todos. Es perfecto».
La MLS espera que no solo disfruten ellos. El All-Star está diseñado como un gran escaparate. Un escenario en el que nombres como Müller y Son llaman la atención del aficionado casual, y en el que, quizá, ese mismo espectador descubre a Evander por primera vez. O se fija en Gozo o Hall. O un niño consigue una foto con un jugador al que jamás habría visto de cerca. Y se hace hincha para siempre.
Westwood lo ve como parte de algo más grande: «Es un gran evento tener todos estos nombres jugando para la MLS, pero creo que la liga, en general, ya está haciendo eso. Está atrayendo atención después del Mundial. Está haciendo un gran trabajo. Solo hay que ver cuánta gente ha venido estos días. Es fenomenal. Está siendo reconocida en todo el mundo. Tenemos talento de primer nivel aquí. Obviamente, [Robert] Lewandowski acaba de llegar también. Los jugadores quieren venir, y eso demuestra cuánto ha crecido la liga».
Un escaparate que mira hacia 2027
Quizá Lewandowski esté en el All-Star del próximo año. Quizá Messi también. Cambiarán muchas cosas de aquí a entonces. La MLS ya ha anunciado un sprint de temporada en 2027 antes de ajustar su calendario al europeo. El tablero se mueve.
¿Importa tanto este partido? Probablemente no tanto como a la liga le gustaría. El resultado se olvidará rápido. Pero la semana, el ecosistema que se construye a su alrededor, sí importa. Es honor para los futbolistas, escaparate para aficionados y patrocinadores, y una rara ocasión para que los grandes decisores se sienten cara a cara.
Mientras los debates sobre el formato y la relevancia del All-Star sigan vivos, habrá opiniones para todos los gustos. Lo que parece claro es que, mientras los jugadores quieran estar, los aficionados encuentren algo que ver y la MLS use estos días para empujarse hacia adelante, el All-Star seguirá teniendo un lugar propio en el deporte estadounidense y en la cultura futbolística del país.
Moreira lo resume con una mezcla de orgullo y responsabilidad: «Muchos jugadores de la liga quieren estar aquí, así que tienes que disfrutar, representarlos y disfrutar el momento. Ves a estos otros chicos, puedes pasar tiempo con ellos fuera del campo. Es bonito».
Y remata con una frase que encaja con la ambición silenciosa de la MLS: «Con todo el marketing y todo lo que se hace, siento que la liga merece mucho, muchísimo más. Todos aquí están dando lo mejor para ponerla en lo más alto del mundo».
El All-Star es solo una noche. La batalla por ese lugar en la élite, en cambio, dura todo el año.
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