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Serhiy Rebrov pide perdón por vídeo viral jugando al pádel

El nombre de Serhiy Rebrov volvió al centro del debate en Ucrania, y no por una decisión táctica ni por un fichaje sonado. Un vídeo suyo jugando al pádel en Marbella, como pareja de dobles de Vasily Berezutsky, exinternacional ruso, se hizo viral en las redes sociales ucranianas y desató una oleada de críticas. La respuesta del exseleccionador no se hizo esperar: un mensaje de disculpa público y directo.

No se sabe con exactitud cuándo se grabaron las imágenes, pero el contexto actual basta para entender la reacción. Ver al que fue seleccionador de Ucrania compartiendo pista con un símbolo del fútbol ruso, en plena guerra, encendió a muchos aficionados. El reproche fue inmediato, masivo, implacable.

Rebrov decidió dar la cara en Instagram. Explicó que conocía la postura antibélica de Berezutsky, que el exdefensa hizo pública el 24 de febrero de 2022 con un mensaje claro: “No to war”. Pero el técnico ucraniano aseguró que desconocía que su antiguo rival hubiera regresado recientemente a Rusia para trabajar como entrenador. “No sigo el fútbol en el estado terrorista”, afirmó, marcando distancia política y moral.

El entrenador fue al grano: “Como figura pública, quiero pedir perdón a los ucranianos a los que ofendí al hacer esto, pero pido que nadie dude de mi postura proucraniana”. No buscó matices ni excusas deportivas. Asumió el golpe y trató de frenar el daño a su imagen en un país donde cada gesto se mide al milímetro.

La trayectoria reciente de Rebrov ayuda a entender el ruido que rodea cada uno de sus movimientos. Tomó las riendas de la selección de Ucrania en 2023, con la misión de mantener al equipo en la élite en un periodo marcado por la guerra y la dispersión de sus futbolistas. No logró el gran objetivo: Ucrania se quedó fuera del Mundial, y el técnico presentó su dimisión en la primavera de 2026. Hoy ocupa el cargo de vicepresidente de la Asociación Ucraniana de Fútbol, un puesto de poder y exposición permanente.

Al otro lado de la pista de pádel estaba Vasily Berezutsky, un nombre pesado en la historia reciente del fútbol ruso. Ícono de CSKA Moscow y pieza habitual de la selección rusa durante la década de 2010, fue uno de los pocos deportistas de su país que se atrevió a pronunciarse públicamente contra la invasión desde el primer día, cuando aún formaba parte del cuerpo técnico de CSKA, dirigido entonces por su hermano Alexei.

Tras la destitución de Alexei Berezutsky en el verano de 2022, Vasily se marchó a España. Parecía un corte limpio con el entorno del fútbol ruso. Pero el giro llegó en diciembre de 2025, cuando aceptó el puesto de entrenador principal del Ural, club de la Primera Liga rusa. Su etapa fue corta: dejó el cargo al final de la temporada, después de fallar en el intento de ascender al equipo a la Russian Premier League.

Ese regreso al banquillo en Rusia es el punto que ha incendiado a la opinión pública ucraniana. Para muchos aficionados, compartir pista con un técnico que trabaja —o ha trabajado recientemente— en el sistema futbolístico ruso resulta inaceptable, incluso aunque ese técnico haya dicho “no a la guerra” desde el primer día.

El episodio deja a Rebrov en una posición delicada: figura clave del fútbol ucraniano, voz institucional y, al mismo tiempo, protagonista de un gesto que una parte del país no le perdona. Él ya ha trazado su línea roja, insistiendo en su compromiso con Ucrania. La duda es otra: ¿le bastará ese mensaje para recuperar la confianza de una afición que no concede margen de error?