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Richarlison en el punto de mira tras empate de Tottenham

Tottenham tenía la noche servida para respirar. West Ham había caído ante Arsenal, el susto del descenso se alejaba y el escenario en casa invitaba a dar un golpe casi definitivo. Pero el 1-1 contra Leeds dejó algo más que dos puntos en el camino: encendió las críticas más feroces hacia varias de sus figuras, con Richarlison en el centro de la diana.

Una ocasión de oro tirada por la borda

El contexto no podía ser más claro. Con la derrota de West Ham, una victoria ante un Leeds ya matemáticamente salvado habría estirado la ventaja de Spurs a cuatro puntos sobre la zona roja, con solo dos jornadas por jugar. Era la noche para sellar, casi de facto, la permanencia.

Durante buena parte del partido, el plan pareció funcionar. Tras un primer tiempo espeso, Mathys Tel rompió el bloqueo en el minuto 50, culminando el arranque soñado de la segunda parte. Gol, alivio, rugido en la grada. Tottenham se veía a salvo.

Pero la euforia duró poco. El propio Tel pasó de héroe a villano: una entrada con la bota demasiado alta sobre Ethan Ampadu derivó en penalti. Dominic Calvert-Lewin no perdonó desde los once metros en el 74’. De nuevo, nervios. De nuevo, dudas.

Y el castigo pudo ser mayor. Ya en el descuento, Sean Longstaff se plantó solo y soltó un zurdazo brutal que olía a 1-2 y drama total. Antonin Kinsky, enorme, voló para desviar el balón al larguero en una de las paradas del curso. El estadio respiró, pero el empate dejó un sabor amargo: Tottenham sigue al borde del abismo y puede volver a caer a puestos de descenso si West Ham gana en el campo de Newcastle el domingo.

Agbonlahor carga contra Richarlison

El resultado no solo dejó preocupación en la tabla. También destapó la frustración con el rendimiento de varios jugadores. Gabby Agbonlahor, exdelantero de Aston Villa y ahora voz habitual en talkSPORT, no se guardó nada al analizar el partido, especialmente con Richarlison, máximo goleador del equipo esta temporada.

“Richarlison… voy a lanzar una apuesta”, arrancó en el programa matinal. “Es el jugador más lento de la Premier League. Apostaría con cualquiera, Richarlison es el jugador más lento de la Premier League”.

Agbonlahor fue más allá y apuntó directamente a la actuación del brasileño ante Leeds: “La cantidad de veces que corrió al espacio y Joe Rodon, que no es un central rápido, llegaba fácil, le quitaba el balón. Horrenda actuación por su parte”.

En un Tottenham que se juega la vida, la imagen de su referencia ofensiva perdiendo duelos, llegando tarde y sin chispa resulta especialmente dañina. Para Agbonlahor, no se trata de un mal día aislado, sino de un síntoma de algo más profundo en el ataque de Spurs.

El regreso de Maddison, la única luz

En medio del gris panorama, hubo una nota positiva que el propio Agbonlahor destacó: el regreso de James Maddison. El mediapunta inglés disputó sus primeros minutos de la temporada tras superar una grave lesión de ligamento cruzado sufrida en pretemporada.

“Necesitan a Maddison. Fue bueno verle entrar”, subrayó. El recibimiento del estadio lo dejó claro: ovación, esperanza, la sensación de que vuelve el hombre llamado a liderar con el balón.

“Se notó con esa ovación que recibió: ‘vale, tengo que ser el hombre’”, añadió Agbonlahor, convencido de que, si no en el próximo partido, al menos en el último de la temporada, Maddison podría estar listo para ser titular. Tottenham lo necesita desesperadamente: creatividad, pausa y alguien que quiera la pelota cuando quema.

Tel, el que sí lo intentó

Entre las críticas, una excepción: Mathys Tel. Más allá de su error en el penalti, Agbonlahor elogió el carácter del joven francés.

“Gran gol de Tel. Fue el único que intentó pedir la pelota, hacer cosas, encarar”, destacó. Su tanto y su actitud contrastaron con la apatía de otros atacantes.

No fue el caso de Randal Kolo Muani, otro de los señalados. Agbonlahor recordó sus pobres números: “Tiene un gol… un gol y una asistencia en 27 apariciones. Es un internacional francés que probablemente irá al Mundial”. Un registro que, a estas alturas, resulta indefendible para un fichaje de ese calibre.

Gallagher, irreconocible

El análisis del exdelantero también alcanzó a Conor Gallagher, otro de los refuerzos que no está cumpliendo las expectativas.

“Ese no es el Conor Gallagher que Spurs pensó que fichaba”, sentenció. “No es el que vimos en Crystal Palace y Chelsea. Jugador totalmente diferente, defensivamente muy pobre también”.

Las palabras retratan la sensación general: Tottenham ha invertido en nombres que, sobre el césped, no se parecen en nada a las versiones que justificaron su llegada. Y cuando el equipo se juega el cuello, esa diferencia se nota aún más.

Un Tottenham plano ante un Leeds a medio gas

Lo más preocupante, para Agbonlahor, fue la imagen colectiva. “Fue doloroso de ver”, resumió. Leeds, según su lectura, ni siquiera necesitó exprimirse al máximo.

“Por momentos, Leeds estaba en primera marcha. Apretaron un poco en los últimos 20 minutos y debieron ganar”, afirmó. La frase duele, pero encaja con lo visto: un Tottenham sin ritmo, sin agresividad, superado cuando el rival decidió subir una marcha.

Solo la parada milagrosa de Kinsky evitó que la noche terminara en desastre total. “Gran parada de Kinsky, por cierto. Wow”, remató el exdelantero, reconociendo la intervención que sostuvo el punto.

Stamford Bridge, el próximo examen… y viejos fantasmas

Ahora, Spurs dispone de una semana para preparar su visita a Stamford Bridge. No es un destino cualquiera. Hace diez años, ese mismo escenario vio cómo se derrumbaba su sueño de pelear por el título. Desde entonces, el feudo de Chelsea se ha convertido en un lugar hostil.

Han pasado ocho años desde la última victoria de Tottenham allí. Solo una victoria en los últimos 13 enfrentamientos entre ambos clubes en todas las competiciones. Un registro que pesa, y más cuando el equipo llega con la soga del descenso todavía cerca del cuello.

Entre las dudas sobre Richarlison, la necesidad urgente de que Maddison coja galones y el bajo rendimiento de varios fichajes, Tottenham viaja a Londres oeste con una pregunta incómoda sobrevolando el vestuario: ¿tiene este grupo el carácter para salvar la temporada cuando el margen de error ya es prácticamente nulo?