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Rashford no se queda en el Barça: la elección de Anthony Gordon

La decisión del Barcelona de no quedarse en propiedad con Marcus Rashford no fue un castigo a su temporada ni un choque con Hansi Flick. Fue, sobre todo, una cuestión de encaje táctico y de perfil. Así lo ha explicado el periodista Fabrizio Romano, que ha detallado los motivos del club azulgrana.

Rashford completó la 2025/26 cedido por Manchester United y sus números hablan por él: 14 goles y 15 asistencias, 29 participaciones directas en tantos entre todas las competiciones. No fue indiscutible en el once, pero sí decisivo en momentos clave mientras el Barça levantaba LaLiga y la Supercopa de España.

No parecía el currículum de un jugador prescindible.

Relación sólida con Flick, sin conflicto

Según Romano, no existió ningún problema entre Rashford y Hansi Flick. Al contrario. El técnico alemán valoró su actitud, respetó su jerarquía como internacional inglés y construyó una buena relación con él durante la temporada. En el cuerpo técnico se consideraba que su comportamiento y su rendimiento eran positivos.

Precisamente por eso la decisión del club llama la atención: el delantero había respondido con cifras y títulos. Pero Flick miraba más allá del gol.

El entrenador quería algo diferente para su ataque. No tanto más producción, sino otro tipo de pieza para completar el engranaje ofensivo y defensivo del equipo.

Lo que pedía Flick: polivalencia y trabajo sin balón

La clave estaba en dos palabras: versatilidad e intensidad defensiva.

Flick buscaba un atacante capaz de moverse por toda la línea de ataque, cambiar de banda, ocupar distintos espacios y, al mismo tiempo, sostener la presión y el esfuerzo cuando el Barça no tuviera la pelota. Un futbolista que sumara tanto en campo rival como en la primera línea de presión.

En ese escenario, el perfil de Rashford encajaba solo parcialmente. Era útil, productivo, pero no ideal para el molde que el alemán tenía en mente.

Por qué Anthony Gordon encajaba mejor

El cuerpo técnico del Barcelona consideró que Anthony Gordon respondía mejor a esas exigencias. El extremo inglés puede jugar por cualquiera de las dos bandas, atacar hacia dentro o hacia fuera y, sobre todo, ofrece un volumen de trabajo alto cuando el equipo defiende.

Su capacidad para cubrir múltiples posiciones en ataque, unida a la intensidad que muestra sin balón, terminó de inclinar la balanza. No se trataba de encontrar a alguien que calcara los 29 goles generados por Rashford, sino de sumar un perfil que armonizara con la idea global de Flick.

La elección, en definitiva, no fue un “no” a Rashford. Fue un “sí” a un plan. Y ese plan, para el banquillo del Barça, se llama Anthony Gordon.