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Las puertas cerradas a Mourinho en Manchester United

En Manchester United todavía hay quienes definen aquel 2013 con dos palabras: “Sliding doors”. Un giro brusco, una puerta que se abrió para José Mourinho… y se cerró de golpe.

La confirmación de una historia que llevaba años circulando llega ahora en una serie documental sobre la carrera del técnico portugués, disponible en Netflix desde el 11 de agosto. Ahí se ordenan las piezas de un relato que, dentro de Old Trafford, siempre se vivió como un punto de inflexión.

Durante semanas, United trabajó en silencio para convertir a Mourinho en heredero directo de Sir Alex Ferguson. Hubo reuniones en Madrid. Hubo reuniones en Londres. Hubo confidencias privadas. En una de ellas, Ferguson dejó helado a Mourinho, a quien admiraba y con quien mantenía una relación de respeto mutuo, al confesarle que se retiraría al final de la temporada 2012-13.

A partir de ahí, todo se aceleró.

Las conversaciones pasaron enseguida a las condiciones del contrato. Se avanzó. Se alcanzó un acuerdo. Estaba hecho. Hasta que dejó de estarlo.

Ferguson lo cuenta con crudeza: “Una noche me llamó llorando y me dijo: ‘Alex, no puedo. He dado mi palabra al Chelsea y no la voy a romper’”.

Mourinho habló de motivos familiares. Dentro de United, todavía hoy hay quien mira esa explicación con recelo. Es cierto que el técnico tenía casa en Londres y había prometido volver cuando fue despedido por primera vez de Chelsea en 2007. También mantenía una relación positiva con Roman Abramovich, un factor que pesó en la balanza. Pero en Mánchester, por un breve instante, estuvieron convencidos de que el portugués sería el hombre que pilotaría la transición.

Y eso lo cambia todo.

El verano que lo alteró todo

Ferguson se iba. David Gill, director ejecutivo respetado y pieza clave en la estructura del club, también. Dos salidas capitales en el mismo verano. En ese contexto, en los despachos de Old Trafford se veía a Mourinho como el técnico con las espaldas suficientemente anchas para absorber el impacto y, al mismo tiempo, impulsar una transformación interna.

El club necesitaba algo más que un sucesor. Necesitaba un nuevo modelo.

Ferguson había sido un caso único: control absoluto de casi todo lo que afectaba al área deportiva. Fichajes, vestuario, metodología, cultura. Con su adiós, United tenía que rediseñar su estructura mientras seguía compitiendo al máximo nivel. Y la sensación era clara: Mourinho encajaba en ese escenario de poder fuerte y decisiones rápidas.

Pero con Mourinho fuera de la ecuación y Pep Guardiola comprometido con Bayern Munich, United giró hacia David Moyes. El técnico de Everton compartía varias virtudes con Ferguson: rigor, disciplina, capacidad de trabajo. Lo que no compartía era la experiencia en la élite más alta, esa zona donde cada detalle se mide en títulos.

El club lo presentó como “The Chosen One”. No lo fue.

El desplome posterior, hasta el séptimo puesto, todavía se digiere como una caída tan abrupta como difícil de explicar, incluso para los propios jugadores.

Cuando Mourinho llegó… demasiado tarde

Mourinho acabaría sentado en el banquillo de Old Trafford en 2016, sustituyendo a Louis van Gaal, despedido 48 horas después de ganar la FA Cup ante Crystal Palace. El portugués, sin embargo, ya no era el mismo. Y el vestuario de United tampoco.

De los 18 futbolistas que disputaron 10 o más partidos de Premier League en la campaña 2012-13, la última de Ferguson y la del título, solo seis repitieron esa condición en la primera temporada de Mourinho: David de Gea, Phil Jones, Wayne Rooney, Chris Smalling, Michael Carrick y Antonio Valencia. El resto era un equipo distinto, con otro peso específico, otra jerarquía y otra energía competitiva.

Mourinho también llegaba con cicatrices. Había conquistado de nuevo la Premier League en su segundo ciclo en Stamford Bridge, pero salió por la puerta de atrás en diciembre de 2015, con el equipo en el puesto 16, a un punto del descenso. Un final enrarecido que marcó su segunda etapa en Chelsea.

Su paso por United, visto desde la distancia, admite dos lecturas. Para algunos, fue un éxito importante. Para otros, una promesa incumplida que dejó el club sumido en el caos.

Los hechos: en su primera temporada ganó la Europa League y la EFL Cup, y clasificó dos veces al equipo para la Champions League. Definió el segundo puesto en la Premier, a 19 puntos del Manchester City campeón, como uno de los “mejores logros” de su carrera. Los 81 puntos de aquel curso siguen siendo, con diferencia, el mejor registro liguero del United en la era post-Ferguson.

Pero el precio fue alto. Hubo choques con jugadores clave, como Paul Pogba, el fichaje récord del club. Hubo críticas públicas a la directiva por no respaldar su deseo de vender a Anthony Martial. Hubo tensión, ruido y desgaste.

La sensación que hoy se impone en muchos círculos cercanos al club es otra: Mourinho habría tenido un impacto mucho mayor si hubiera llegado directamente tras Ferguson.

El “y si…” que persigue a Old Trafford

La lógica interna de ese argumento es poderosa. Para empezar, por carácter. El portugués habría afrontado el reto de suceder a Ferguson convencido de que podía superarlo, o al menos de que podía mantener el listón competitivo muy arriba. Esa confianza agresiva, casi desafiante, habría marcado el tono de la nueva etapa.

Donde Moyes dudó en el mercado, cuesta imaginar a Mourinho titubeando. Dentro del club se insiste en que el fichaje de Thiago Alcántara, acordado con el Barcelona, se habría cerrado sin contemplaciones. No habría habido margen para vacilaciones ni para negociaciones fallidas.

El caso de Marouane Fellaini es paradigmático. United acabó pagando 27,5 millones de libras al Everton en el último día de mercado, después de dejar pasar una cláusula de rescisión más baja. Una operación que simbolizó la improvisación de aquel verano. Fuentes internas son tajantes: con Mourinho, Fellaini simplemente no habría sido fichado.

El portugués incluso llegó a entregar al club su opinión detallada sobre varios jugadores, entre ellos el centrocampista italiano Daniele de Rossi. No se trataba solo de nombres. Se trataba de una idea clara de plantilla, de jerarquías, de estilo competitivo.

La creencia general es que habría exprimido más a los veteranos que heredaba. Se acepta ya como dogma que nadie podría haber sacado más rendimiento a la última plantilla campeona de Ferguson que el propio escocés. Aquel grupo, se admite, sobrepasó sus límites. Pero el desplome posterior fue tan brusco que cuesta no preguntarse qué habría pasado con un entrenador del colmillo de Mourinho empujando a esos mismos jugadores.

En el documental, Ferguson relata con claridad y sin adornos la llamada de Mourinho, las lágrimas, la renuncia. No hay dramatización: hay decepción.

Para Manchester United, fue un golpe enorme. Una puerta que se cerró en cuestión de días. Y la incómoda sensación, más de una década después, de que el club todavía no ha encontrado la salida de aquel pasillo.

Las puertas cerradas a Mourinho en Manchester United