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PSG y Aston Villa: Supercopa de la UEFA en Salzburgo

Apenas han pasado tres semanas desde la final del Mundial y el fútbol europeo ya pone en juego su primer trofeo. En el Salzburg Stadium, en Austria, Paris Saint-Germain y Aston Villa se citan este miércoles 12 de agosto (21:00, 19:00 GMT) por la Supercopa de la UEFA, el partido que enfrenta al último campeón de la Champions League con el de la Europa League.

El premio es inmediato: un título en pleno agosto. El contexto, mucho más grande: PSG puede convertirse en el segundo equipo en la era moderna en retener la Supercopa tras el Real Madrid de 2016 y 2017. Ya sabe cómo se gana: el curso pasado levantó el trofeo tras imponerse a Tottenham en los penaltis.

PSG: regreso a medias, estrella descansada y un viejo conocido

La pretemporada de PSG ha sido un rompecabezas de fechas de regreso. La plantilla volvió a cuentagotas, marcada por la duración de los compromisos en el Mundial. Algunos llegaron tarde; otros, directamente, no estuvieron en la cita.

Ousmane Dembélé, vigente Balón de Oro y figura de Francia con seis goles y dos asistencias en el torneo, se reincorporó el lunes, acompañado por sus compatriotas Desire Doue y Bradley Barcola. A ellos se sumó el campeón del mundo con España, el centrocampista Fabián Ruiz, clave en la semifinal precisamente ante Francia con una actuación quirúrgica en la medular.

En el otro extremo del espectro aparece Khvicha Kvaratskhelia. Georgia no se clasificó para el Mundial y el extremo zurdo lleva semanas acumulando carga de trabajo. Se le ve ligero, incisivo, y todo apunta a que partirá como titular en su banda izquierda, su hábitat natural. Por la derecha podría aparecer Maghnes Akliouche, fichaje procedente de Monaco, que llega con la etiqueta de pieza importante… y en medio de un posible efecto dominó.

La llegada de Akliouche coincide con los rumores que rodean a Bradley Barcola. El veloz extremo, autor de tres goles en el Mundial, está fuertemente vinculado a un traspaso a Liverpool, uno de los gigantes de la Premier League. Si se consuma la operación, la Supercopa puede ser su último gran servicio al club o el primer gran escenario para su sustituto.

En el banquillo, Luis Enrique maneja otra carta interesante: Lucas Digne. El lateral izquierdo vuelve a casa. Villa lo vendió a PSG el domingo por unos 10 millones de euros, devolviendo al jugador de 33 años a uno de los clubes donde empezó a hacerse un nombre. Nacido en la periferia de París, llegó en 2013 desde Lille, pasó por Roma y Barcelona y luego se consolidó en la Premier League durante ocho años entre Everton y Aston Villa, donde disputó 182 partidos y se convirtió en uno de los futbolistas más fiables para Unai Emery.

Ahora, ese mismo Digne puede debutar en su “nuevo” PSG precisamente frente al técnico que más lo exprimió en Inglaterra.

Las dudas físicas marcan la pizarra de Luis Enrique: Barcola, Dembélé, Doue, Fabián Ruiz, Achraf Hakimi, Lucas Hernandez y Warren Zaïre-Emery arrastran problemas de condición. Aun así, la alineación probable mantiene el sello ofensivo del técnico asturiano:

Safonov; Zabarnyi, Marquinhos, Willian Pacho, Nuno Mendes; Joao Neves, Vitinha, Dro Fernandez; Mbaye, Mayulu, Kvaratskhelia.

El nuevo Villa de Emery: sin cerebro, pero con colmillo

Aston Villa encara su cuarta temporada completa con Unai Emery al mando, y lo hace con un centro del campo casi reconstruido. Se fueron piezas capitales: Morgan Rogers rumbo a Chelsea, Youri Tielemans a Manchester United y, en el lateral, el propio Digne hacia París.

El equipo que levantó la Europa League tras vencer 3-0 a Freiburg en la final ya no es exactamente el mismo, aunque la idea de Emery permanece intacta: bloques compactos, agresividad sin balón y una salida limpia desde atrás. Villa vuelve a la Champions por segunda vez con el técnico vasco y quiere que la Supercopa sea un trampolín, no un simple premio de consolación.

Para sostener ese plan han llegado refuerzos. Entre ellos, el suizo Johan Manzambi, una de las figuras de su selección en el Mundial, y el brasileño Joao Gomes, fichado desde el Wolverhampton descendido. Pero el guion se ha torcido: Manzambi se pierde la cita por una lesión de rodilla, un golpe duro para un equipo que necesitaba su energía en la medular.

La enfermería de Villa está llena. Leon Bailey (problema muscular), el propio Manzambi (rodilla) y Amadou Onana (rodilla) están descartados. También preocupan los tocados: Alejandro Garnacho (facial), John McGinn (rodilla) y el trío Emiliano Konsa, Emiliano Martínez y Ollie Watkins, todos con dudas físicas.

Con ese panorama, la alineación probable de Emery apunta a:

Bizot; Cash, Lindelof, Pau Torres, Maatsen; Joao Gomes, Kamara; McGinn, Buendía, Garnacho; Abraham.

No es el once ideal, pero sí uno con colmillo, talento entre líneas y un delantero como Tammy Abraham capaz de castigar cualquier despiste.

Un precedente reciente y un pulso táctico abierto

PSG y Aston Villa apenas se conocen. Solo se han visto las caras en una eliminatoria de Champions League la pasada temporada. En la ida, los franceses golpearon con un 3-1 que dejó la serie muy encarrilada. En la vuelta, Villa respondió con orgullo y ganó 3-2, aunque el resultado no bastó para remontar.

Esos dos partidos son toda la historia entre ambos clubes. Pero ya dejaron pistas: Villa sabe cómo hacer daño a PSG, y PSG sabe que no puede relajarse un segundo ante un equipo de Emery, un técnico que vive de explotar las grietas del rival.

La Supercopa añade otro matiz. Emery llega con una losa: ha perdido las tres Supercopas de la UEFA que ha disputado. Luis Enrique, al contrario, ha ganado las dos que dirigió. Uno carga con una maldición, el otro con una costumbre. Y ambos se juegan algo más que un trofeo: autoridad para empezar el curso marcando territorio.

PSG persigue además un hito estadístico: ser apenas el cuarto club en retener la Supercopa. No es un detalle menor para una entidad obsesionada con su peso en el mapa europeo.

El dato frío frente a la incertidumbre del césped

El algoritmo también se ha pronunciado. La supercomputadora de Opta ve a PSG favorito: en 10.000 simulaciones previas al choque, el campeón de la Champions se impuso en el 45 por ciento de los escenarios en los 90 minutos. Aston Villa se quedó con un 29,6 por ciento de opciones de ganar en tiempo reglamentario. El empate, que llevaría a la prórroga y quizá a los penaltis, se situó en un 25,5 por ciento.

Sobre el papel, ligera inclinación hacia París. En la realidad, un partido marcado por las bajas, el desgaste del Mundial y las piezas nuevas que aún buscan encaje. Un escenario perfecto para que aparezca un héroe inesperado.

Un árbitro en el centro de la batalla política

El partido no solo se juega con balón. También se disputa en los despachos, en un clima de tensión creciente entre UEFA y FIFA. Y el símbolo, esta vez, es el árbitro.

Omar Artan, colegiado somalí, dirigirá la final en Salzburgo. Su nombre saltó a los titulares cuando Estados Unidos le prohibió participar en el Mundial pocos días antes del inicio, alegando “preocupaciones de seguridad” y supuestos vínculos con organizaciones terroristas, sin presentar pruebas públicas. La decisión desató polémica.

UEFA respondió con un gesto cargado de mensaje: eligió a Artan, considerado el mejor árbitro de África la pasada temporada, para pitar la Supercopa. La designación fue celebrada en buena parte de la comunidad futbolística y leída también como un movimiento político calculado por parte de la confederación europea.

Desde entonces, la relación entre UEFA y FIFA se ha deteriorado todavía más. UEFA encabeza ahora la campaña para desalojar a Gianni Infantino de la presidencia de FIFA, después de su frustrado intento de vender una participación en el negocio del Mundial. En ese contexto, cada decisión cuenta. Y cada gesto, como este nombramiento, pesa.

Un título temprano, muchas preguntas

Sobre el césped, el foco vuelve a los jugadores. Un PSG que mezcla campeones del mundo recién aterrizados con una estrella como Kvaratskhelia, llegada con las piernas frescas y la banda izquierda como autopista. Un Aston Villa que se ha reinventado en el medio, que llega tocado pero no domesticado, y que ya sabe lo que es tumbar a los parisinos, aunque no le alcanzara para eliminarles.

El primer trofeo de la temporada está en juego. El dato señala a PSG. La historia reciente invita a no descartar a Villa. La política se cuela en el silbato. Y en pleno agosto, con las piernas pesadas y las ideas aún en construcción, la pregunta es inevitable: ¿será esta noche el inicio de una nueva hegemonía parisina o el aviso de que Europa seguirá siendo territorio imprevisible?

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