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Pedro Neto: El nuevo carrilero decisivo de Chelsea

Diez años después de Victor Moses, Chelsea vuelve a encontrar oro en la misma veta táctica: convertir a un extremo en un carrilero decisivo. Esta vez el protagonista es Pedro Neto, y el experimento ya tiene pinta de acierto mayor.

El portugués firmó un doblete desde el carril derecho en el 2-0 ante Everton en el Hill Dickinson Stadium y dejó una sensación clara: no es un apaño de emergencia, es una pieza central del plan de Xabi Alonso.

De transferible a intocable

La historia, sin embargo, pudo ser muy distinta. En verano, en los despachos de Stamford Bridge nadie hablaba de Neto como un futbolista intocable. Al contrario: el club escuchaba ofertas, aunque las filtraba con un precio disuasorio, en torno a las 100 millones de libras. Alto, pero no imposible en este mercado.

El contexto no ayudaba. Neto había terminado la temporada anterior frustrado. Enzo Maresca, el entrenador con el que mantenía una relación estrecha, se marchó el día de Año Nuevo. Su relevo, Liam Rosenior, apenas aguantó cuatro meses en el cargo y Chelsea acabó décimo, lejos de cualquier ambición real.

Mientras tanto, el club redibujaba su proyecto. Cole Palmer, Joao Pedro, Reece James, Moises Caicedo… varios pesos pesados renovaban contrato, convencidos por una hoja de ruta que combinaba talento joven con experiencia. La llegada de Xabi Alonso terminó de inclinar la balanza en el vestuario. No estaba tan claro, en cambio, que Neto quisiera reconvertirse en carrilero. Las dudas sobre su futuro se mantuvieron vivas hasta el cierre del mercado.

Y, de pronto, el giro. El mes pasado, Neto estampó su firma en un nuevo contrato hasta 2032. No como complemento, sino como uno de los futbolistas clave del proyecto Alonso. Desde entonces, igual que varios compañeros, se ha alineado públicamente con la idea del técnico.

Un extremo que siempre tuvo más

Quizá Alonso vio antes que nadie lo que el propio Neto no terminaba de aceptar. Fichado en 2024 desde Wolves por 54 millones de libras, su etiqueta era la de atacante desequilibrante, no la de goleador. Sus números lo confirmaban: 14 goles y 27 asistencias en 135 partidos con el club de Midlands.

En Stamford Bridge, antes de la llegada del técnico vasco, su producción solo había mejorado de forma ligera: 19 goles y 19 asistencias en 103 encuentros. Jugador útil, sí. Determinante, no siempre.

Con Alonso, el guion cambia de tono. Esta temporada suma cuatro goles y una asistencia en nueve partidos, pese a haber salido desde el banquillo en tres de ellos. Más del doble de su ritmo anotador anterior. Y lo hace desde una posición teóricamente más exigente en lo defensivo.

Lo llamativo es que Chelsea está exprimiendo “lo mejor de los dos mundos”. Neto parte como carrilero, pero pisa el área rival como si siguiera siendo extremo. Sus toques en el área por 90 minutos han subido de 3,6 a 5,3. Regatea más y mejor: de 1,6 a 1,8 regates completados por partido, con un porcentaje de éxito que salta del 43,5% al 52,6%. También genera más fútbol: de 1,8 a 2,0 ocasiones creadas por 90, con un aumento específico en las acciones de juego abierto, de 1,5 a 1,8.

Y todo eso sin esconderse atrás. Sus entradas han pasado de 0,7 a 2,0 por partido en Premier League, y las posesiones recuperadas de 2,9 a 3,9. No es un detalle menor. Habla de un jugador que ha ampliado su radio de acción sin perder filo arriba.

Atletismo, carácter y un rol muy específico

Esa capacidad para abarcar campo no nace de la nada. Neto ha explicado en más de una ocasión que su físico se forjó en una familia de jugadores de hockey sobre patines. Cambio de dirección, equilibrio, resistencia. Rasgos que ahora se traducen en un ida y vuelta constante por la banda derecha.

Ya había dado un aviso serio en el gran día de la actual propiedad americana: la final del Club World Cup 2025, en la que Chelsea derrotó 3-0 a Paris St-Germain. Aquella noche, Neto se pegó a Achraf Hakimi hasta anularlo prácticamente, en un marcaje que retrata bien su compromiso defensivo cuando el plan lo exige.

Alonso lo resumió el sábado con una frase que define su polivalencia: “Llámalo como quieras. Extremo, carrilero, jugador ofensivo, jugador defensivo. Puede hacer muchas cosas”. El técnico no exagera. En su dibujo asimétrico, no pide lo mismo al carrilero izquierdo —habitualmente Jorrel Hato o Pep Chavarria— que al derecho. Ese desequilibrio es deliberado: libera a Neto para atacar con más frecuencia y agresividad, sabiendo que el otro costado tendrá una función más contenida.

El portugués, además, aporta algo menos medible: aire en el vestuario. Es uno de los bromistas del grupo. Lo dejó ver después del 6-3 a Leeds en Carabao Cup, partido en el que también marcó. Conor Coady, excompañero suyo en Wolves y entonces analista de Sky Sports, le lanzó una pregunta con retranca: “¿Cuándo te has preocupado tú por encajar goles?”. La respuesta llegó rápida: “Ahora soy carrilero, lad”. Risas, complicidad y, detrás de la broma, una idea que él mismo remató: en su cabeza, dice, siempre está la obligación de correr hacia atrás y ayudar a sus defensas.

El eco de Moses y el sello de Alonso

El paralelismo con Victor Moses es inevitable. Bajo las órdenes de Antonio Conte, el nigeriano se reinventó como carrilero derecho y fue clave en aquella racha de 13 victorias consecutivas camino del título de Premier League en 2017. Fue una metamorfosis profunda, casi radical.

Neto no ha tenido que cambiar tanto su naturaleza. No ha dejado de ser el jugador vertical, hábil y agresivo que llegó desde Wolves. Lo que ha hecho Alonso es desplazar su punto de partida unos metros hacia atrás para amplificar las virtudes que ya estaban ahí. Más campo por delante, más situaciones de uno contra uno, más influencia en las transiciones.

Diez años después, Chelsea vuelve a encontrar en la banda derecha un motor inesperado para sostener sus aspiraciones. La diferencia es que, esta vez, el club ha pasado de considerar a Pedro Neto transferible a atarlo hasta 2032. Y si mantiene este nivel, la pregunta no será por qué lo reconvirtieron en carrilero, sino cuánto puede llegar a condicionar el techo competitivo de este Chelsea.