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Old Firm: Rangers y Celtic se enfrentan en la League Cup

El primer Old Firm del curso no espera a nadie. Llega ya, con un billete a semifinales de la League Cup en juego y un Ibrox cerrado a cal y canto para cualquier voz que no vista de azul.

Dentro de siete días, los mismos protagonistas se cruzarán en la Scottish Premiership al otro lado de la ciudad. Pero el pulso de este domingo tiene otro tono: eliminación directa, una grada volcánica y dos equipos que llegan lanzados.

Celtic firma pleno en liga: seis partidos, seis victorias. Rangers, tras un arranque perezoso, ha encadenado cuatro triunfos seguidos y ha empezado a parecerse al equipo que su afición exige ver cada semana. No hay margen para resbalones, tampoco para excusas: el último título de los de Ibrox data de 2024 y en el otro lado están hambrientos por recuperar el único trofeo doméstico que se les escapó la temporada pasada.

McInnes, de la herida con Hearts al fuego de Ibrox

Derek McInnes vuelve a cruzarse con Martin O’Neill con una cicatriz reciente en la memoria. La última vez que se vieron las caras fue en el partido que decidió la Premiership la temporada pasada, cuando su Hearts cayó de forma dolorosa en el que acabaría siendo su último encuentro en el banquillo de Tynecastle.

El técnico de 55 años conoce de sobra el ruido de los partidos que queman. Se ha medido 61 veces a Celtic como entrenador y solo ha salido vencedor en 10. Sabe lo que cuesta derribar al gigante de verde y blanco.

Como jugador de Rangers, eso sí, su único Old Firm acabó en victoria. El domingo le tocará vivir el clásico desde un lugar nuevo: la zona técnica de Ibrox, con 50.000 gargantas empujando… o juzgando.

En el otro lado, O’Neill se mueve en terreno conocido. Pocas personas entienden mejor el veneno y la energía de este derbi. Sus números hablan: 16 triunfos en 28 partidos ante Rangers. No es un recién llegado al caos de Glasgow; es alguien que ha aprendido a manejarlo.

El rompecabezas ofensivo de Rangers

El primer gran dilema de McInnes está arriba. Sin su capitán Lawrence Shankland y sin Youssef Chermiti, el ataque se convierte en un tablero de ajedrez.

Ryan Naderi se ganó seguir en el once en el duelo de mitad de semana ante St Mirren después de marcar el gol decisivo contra Motherwell al sustituir al lesionado Shankland. Jugó los 90 minutos, trabajó, se ofreció… pero el tanto lo firmó otro.

Bojan Miovski, saliendo desde el banquillo, anotó el único gol del partido. Un toque, un detalle, y ahora una pregunta incómoda: ¿ha hecho lo suficiente el ex delantero de Aberdeen para reclamar un sitio en el once titular en el clásico?

También está Kevin Kelsy, que vivió su primera titularidad tras su fichaje de 9 millones de libras desde Portland Timbers en el último día de mercado. Aún no se ha estrenado como goleador con la camiseta de Rangers. El escenario es extremo: máxima presión, máxima exposición. ¿Es el Old Firm el mejor lugar para buscar su primera diana o un riesgo innecesario?

McInnes no solo elige nombres. Elige el tipo de partido que quiere plantear. Un delantero que fije centrales, otro que ataque espacios, o una mezcla que incomode a una zaga de Celtic que rara vez se siente intimidada en esta liga.

O’Neill rota, reserva… y ahora decide

Celtic, mientras tanto, llegó al choque de mitad de semana en Perth con la mirada puesta en Ibrox. O’Neill movió ficha y cambió cinco piezas en el once que ganó en casa de St Johnstone para dar aire a varios de sus hombres clave.

Uno de ellos fue Camilo Duran. Seis goles esta temporada, peso específico en el ataque y una ausencia que el propio entrenador reconoció haber notado en Perth. Todo apunta a que volverá al once inicial en Glasgow.

Su entrada abre otra carpeta: la de Kasper Hogh. El danés, recién salido de una lesión, fue el elegido para ocupar el rol de delantero centro, mientras Duran, al entrar desde el banquillo, se escoró a la derecha en el tramo final. O’Neill debe decidir ahora si desplaza a Duran al eje del ataque, si mantiene a Hogh como referencia o si se atreve a juntarlos en Ibrox.

En defensa, la gran cuestión tiene nombre propio: Cameron Carter-Vickers. El central, que había sido titular en todos los partidos de la temporada, descansó por completo ante St Johnstone. En su lugar apareció Dane Murray, que respondió con una actuación sólida. La lógica apunta al regreso del internacional estadounidense por jerarquía y experiencia, pero Murray ha puesto una nota de duda saludable en la ecuación.

Bajo palos, otro foco. El cedido por Wolves, Sam Johnstone, fue preferido al habitual Viljami Sinisalo y respondió con una parada clave con 0-0 y una portería a cero que pesa en la mente de cualquier entrenador. La atmósfera de Ibrox exige manos firmes y cabeza fría. O’Neill deberá decidir si mantiene al guardameta inglés o si devuelve el arco a su titular habitual.

Un Ibrox sin verde en la grada

El clásico se jugará en un Ibrox de 50.000 espectadores… pero solo de Rangers. Ningún aficionado de Celtic tendrá entrada para este duelo de cuartos de final de League Cup, decisión tomada por las autoridades en medio de la disputa por el reparto de entradas entre los dos gigantes de Glasgow.

Ambos clubes habían pactado en su momento una cuota del cinco por ciento para la afición visitante en todos los partidos de SPFL en ambos estadios. Ese acuerdo saltó por los aires tras los incidentes entre aficionados sobre el césped después del duelo de Scottish Cup en marzo y la posterior revisión independiente.

Celtic ya sabe lo que es visitar Govan sin su gente y ganar. La experiencia rebaja la preocupación en Parkhead, aunque nadie en el club oculta que perder el apoyo visitante en un partido así siempre deja un vacío.

Para Rangers, el escenario es una oportunidad y una responsabilidad. Ibrox será una sola voz, pero McInnes lo tiene claro: hay que encenderla, no sufrirla.

Voces de banquillo: la grada como arma, el derbi como examen

Derek McInnes no se esconde al hablar del papel del público. Para él, la ecuación es clara: el equipo debe enganchar a la grada, y la grada debe sostener al equipo.

Sabe que no podrá someter a Celtic durante 90 minutos. Habrá fases de dominio y fases de sufrimiento. Lo asume. Por eso insiste en “aprovechar esos 50.000” y convertir Ibrox en un lugar incómodo para los de O’Neill, no para los suyos. Reclama apoyo, protección para los jugadores, nada de impaciencia temprana. Y lanza un mensaje directo: si Rangers golpea primero, si transforma el buen juego en goles, la fuerza del club se verá como pocas veces.

En el otro banquillo, Martin O’Neill mezcla nervios y excitación cuando habla del partido. Lo define como “un gran encuentro” y admite que será extraño no ver ni un solo sector de la grada vestido de verde y blanco. Esos pequeños grupos de aficionados visitantes, dice, siempre daban “un mínimo consuelo” en territorio hostil.

El técnico de Celtic reveló incluso una charla con la policía, una breve reunión de 15 minutos para recordar comportamientos y límites. Lo considera un aviso oportuno. No solo por lo que pasa en la grada, también por lo que sucede en el césped y en el banquillo. Sabe que un Old Firm puede devorar a cualquiera que pierda la calma.

Recuerda también el último partido de liga en Ibrox: 2-0 abajo muy pronto, el estadio rugiendo como pocas veces y un ambiente que, según él, estuvo a la altura del clásico. Ahora, sin aficionados visitantes, O’Neill confía en que la propia magnitud del duelo genere la electricidad necesaria.

El ruido, el vacío en el sector visitante, la presión por un título, las cuentas pendientes de ambos banquillos. Todo se condensa en 90 minutos. La pregunta ya no es quién llega mejor, sino quién soportará más tiempo el peso de un Old Firm sin red de seguridad.